sábado, 2 de octubre de 2010

CARNAVAL GUBERNAMENTAL

Como observador crítico de la constitucionalidad en nuestro país (o sea, como responsable de mi ciudadanía), no puedo pasar por alto de ninguna manera las recientes declaraciones, para empezar, de la actual ministra de Sanidad, doña Leyre Pajín. Como puede saberse, ha expuesto su intención de convertir en ley un castigo extraordinario a quienes estén acusados de maltrato doméstico, mal llamado “de género” por el Gobierno y la prensa que secunda sus peregrinas ocurrencias transgresivas, que empiezan por el maltrato sistemático a la lengua (http://www.libertaddigital.com/sociedad/pajin-quiere-retirar-la-custodia-a-los-conyugues-sic-acusados-de-maltrato-1276408017/).

Doña Leyre pretende que, antes de una posible condena por maltrato al “cónyugue” (un nuevo invento que no es, nuevamente, sino una ignorancia transgresiva: la mala lectura y pronunciación de la palabra “cónyuge”), al acusado se le retire inmediatamente la custodia sobre sus hijos, cortando de raíz la discrecionalidad que la actual legislación concede a los jueces. Antes de que se pruebe si es culpable. O sea: una vez más pretende este Gobierno atentar contra un derecho no cualquiera, sino fundamental: la presunción de inocencia propia e imprescindible en un Estado de Derecho. Una discriminación más ante la ley, por razones de sexo, en un Gobierno que se pretende adalid de la igualdad, de los derechos, y detractor del sexismo (de nuevo: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”). Como la que ya ha inducido a cometer contra los varones acusados de maltrato conyugal, los cuales pueden pasar una noche en el calabozo sólo por haber sido denunciados, a diferencia del resto de los españoles en el caso de la mayoría de los restantes presuntos delitos.

Lo cual es ya rizar el rizo del disparate absolutista o anticonstitucionalista (de “quiebra del Estado de Derecho” ha calificado esta medida, ya aprobada en el Consejo de Ministros de 27-11-10, la Unión Estatal de Federaciones y Asociaciones por la Custodia Compartida, así como muchas asociaciones de jueces la han cuestionado radicalmente): se pretende condenar o penalizar injustamente (sin mediación de la Justicia constitucionalmente establecida) por un delito distinto de aquel al que se denuncia, o con una pena distinta a la que correspondería. Porque no se trata de dictar judicialmente orden de alejamiento de la pareja (lo que ya se practica), ni tampoco de tomar una medida cautelar o preventiva ante la gravedad del posible delito (lo que tampoco sería una innovación judicial), ya que el posible delito del caso no es maltrato a los hijos, ni en todos los casos ocurre necesariamente que el maltrato al cónyuge vaya unido a ese otro por el que se quiere castigar “preventivamente”, aunque no haya denuncia específica: “criterio” de prevención por el que bien podrían acabar metiéndonos en la cárcel a cualesquiera ciudadanos por cualquier cosa si se le ocurre a cualquiera de estas ministras o ministros.

Se trata, pues,  de mezclar churras con merinas en pura asociación feminista paranoide, sin la menor conexión lógica o jurídica, con la consecuencia de imponer arbitrariamente castigos tan ilegítimos como antilegales por mera iracundia. O sea: con la mentalidad propia del incivilizado que, sin someterse a razón ni derecho (justicia legal), quiere imponer por su cuenta (o desde un ministerio, si le dejan) “su” justicia, aunque perezca la justicia. Esta arbitrariedad es signo inequívoco de ignorar el derecho, o de no creer en él por no comprenderlo, o de incurrir en desafuero por no asumirlo. Lamentablemente, no extraña este nuevo signo que, asociado a otros, constituye un síndrome identificativo de la ideología y el partido del “diálogo” con el terrorismo y con las dictaduras y el adoctrinamiento partidista (o sea, totalitarista) en “educación” (como la condenada en reciente sentencia del Tribunal Constitucional en un texto escolar de “Educación para la ciudadanía”, aunque sería aplicable a la mayoría, como es comprobable si se cotejan los textos y la sentencia). O del GAL, por hacer un poco de “memoria histórica” de nuestra circunstancia, que es la democracia constitucional.

Pero, ¿qué decir, además, de la propuesta de D. Alfredo Pérez Rubalcaba, actual ministro de Interior, Vicepresidente primero y Portavoz del Gobierno, sobre la formación de los profesores, a quienes se le ha ocurrido obligar a una especie de residencia interna como la de los médicos (M.I.R.) antes de reconocerlos como docentes? Pues, ante todo, que pretende legislar sin consultar a los expertos (que sólo son, en este caso, los interesados: los docentes mismos) y que establece una impertinente analogía, dudosa hasta lo risible, entre la pericia clínica que trata con la vida y la pericia general que en cualquier otro caso sólo aporta la práctica (¿o acaso habría que someter a los jueces, o a los ingenieros, o a los policías, a una residencia interna y provisional –otro MIR- antes de reconocer que ya hacen lo que hacían y pagarles como corresponde, antigüedad aparte, porque se le ocurra a uno de estos ministros o ministras?) O sea, que quiere gobernar imponiendo sus “ideas” sin tener mucha ni poca idea sobre los asuntos. Pero, sobre todo, por lo que afecta al civilizado espíritu constitucional que sería su deber conocer y respetar (el de una democracia de Derecho), que cree poder legislar sobre cualquier cosa, aunque no corresponda a su función ni ministerio. Con el mismo estilo de la ministra Pajín, cuya propuesta ha justificado.


Porque, ¿qué hacen la ministra de Sanidad (aunque también de Asuntos Sociales e “Igualdad”) pontificando sobre Justicia y el ministro del Interior innovando sobre Educación? ¿Por dónde anda la división de poderes legislativo, ejecutivo y judicial actualmente en nuestro país? No tengo ni “pajinera” idea. Este estilo, este “talante” no es de recibo en un “Estado social y democrático de Derecho” (art. 1 de nuestra Constitución), sino más propio del totalitarismo absolutista. Estamos, y es derecho y deber criticarlo públicamente, ante un carnaval gubernamental. Pero no sólo porque los ministros y ministras no lo son de lo que parece o los han puesto, ni porque se ponen en un ministerio como se cambia de disfraz (ahora, la ex ministra de Sanidad trabaja en el ministerio de Exteriores como Secretaria de Estado para Iberoamérica, sin ser ni médica ni diplomática de carrera; etc., etc.), sino porque el Gobierno en bloque, aun investido en una democracia constitucional y vestido de demócrata en sus palabras, más parece operar como un enmascarado tirano absolutista y totalitario, que quiere imponer en todos los asuntos de la vida ajena ni más ni menos que lo que le da la gana.

viernes, 16 de julio de 2010

INCULTURA POLÍTICA

En el debate parlamentario sobre el estado de la Nación que hoy acaba, el Presidente del Gobierno, Rodríguez Z., cuestionó ayer la representatividad de la diputada de UPyD, Sra. Rosa Díez, cuando ésta le acusó de "corrupción institucional" (http://www.elmundo.es/elmundo/2010/07/15/espana/1279183641.html), alegando que su partido tenía sólo un escaño, lo que la descalifica para arrogarse la potestad de interpretar la voluntad popular, aun reconociéndole en ello un gesto de "valentía". La impropiedad de hablar en este caso de "valentía" en lugar de "osadía" o, con estricta propiedad, de "insolencia" no necesariamente se debe a ignorancia sino que podemos atribuirla a la licencia retórica de la ironía. Ahora bien, el alegato o argumento mismo es un signo palmario de la, más que grave, imperdonable incultura (peor aún que incompetencia) política de quien actualmente está empeñado en conducir a España a un destino político temiblemente final.

En efecto, el Presidente no debería ignorar que en la democracia representativa todos y cada uno de los diputados representan a la Nación entera, sus intereses y valores generales y colectivos, aunque hayan sido elegidos en circunscripciones naturalmente particulares (¿de qué otro modo podría ser elegidos por los ciudadanos?). Los diputados no son delegados o representantes de los intereses particulares de su circunscripción electiva. De ahí que la democracia representativa, pese a haber venido impuesta por la compleja magnitud de las sociedades modernas, no sea cualitativamente una democracia disminuida o diluida sino, al contrario, la mejor garantía, en principio, de que legisladores y gobernantes no beligeren por sus parciales intereses sino por los de toda la Nación. Por ello puede cualquier ciudadano presentarse a su elección como diputado por cualquier provincia o circunscripción diferente a la de su residencia o nacimiento sin que ello constituya un contrasentido o un fraude de ley.

De modo que aquí la razón cuantitativa es razón irrelevante para el punto en discusión. Pero, ¿qué decir, además, de otra cuestión esencialmente cualitativa como la de que el Parlamento no justifica su función por el mero cálculo de votos sino que debe atender primero a las razones de contenido o argumentos que los parlamentarios expongan en la debida deliberación que justifica el nombre mismo de Parlamento? Aquí el actual Presidente del Gobierno de España no sólo se muestra ajeno a la imprescindible CULTURA requerida para una gestión política responsable, sino al sentido común y a la RAZÓN misma, a la cual desatiende expresamente escurriendo su responsabilidad por la frívola pendiente de la fuerza del número. Peor aún, esta su sinrazón (como la sinrazón del número que posibilita la incongruencia de menospreciar a un Partido o/y diputada que cuenta con más votos, y sin embargo menos escaños, que el Partido con el que necesita aliarse para seguir en el poder “cueste lo que cueste”, el PNV) muestra como increíble e indigna de confianza su VOLUNTAD misma de servir a la Nación, y no a su interés particular o partidista, pues ¿puede acaso simplemente ignorar que la razón puede estar en uno solo o en cualquiera de los diputados que parlamentan genuinamente, aunque él cuente con el aplauso, quizá servil, de una mayoría instalada en el poder?


Mal, muy mal horizonte se divisa hoy para el destino de España cuando su Presidente se muestra ajeno al sentido del Parlamento, a la voz de la razón y a la voluntad de respeto a sus legítimos representantes. Un Presidente que no sólo contraviene soberanamente el “talante” de “diálogo” (“dime de qué presumes y te diré de qué careces”: una vez má confirmado) sino que muestra objetiva e innegablemente (una vez más, en otra cuestión tan esencial como los significados de “democracia”, “diálogo”, “nación”, etc.) tamaña incultura política. No es que le falte voluntad o raciocinio, es que no sabe siquiera de qué va el juego político, a qué estamos jugando, qué nos estamos jugando. Pero lo peor, lo más tremebundo, sería comprobar que la mayoría de la ciudadanía es incapaz de crítica porque comparte la misma incultura política y, por tanto, sobre la Constitución que nos constituye como Nación, más acá de los partidismos.

viernes, 14 de mayo de 2010

Indecencia gubernamental

El brazo sindicalista del actual Gobierno español estrena nueva función en la pantomima engañabobos para mantener sus privilegios a costa del pueblo allanado (sería ya equívoco y sarcástico hablar de "trabajadores" con cinco millones de parados): insinuación de "huelga general" para simular enfado por las medidas "antisociales" que pretenden atajar, al rancio modo canalla y oligárquico, la ruina a que nos han llevado. ¿Huelga general? ¿Para qué? ¿Para cambiar de medidas? Nos tienen cogida la medida; de eso no cabe duda. La única medida urgente, radical y efectiva, tanto práctica como decente, sería exigir la dimisión inmediata del Gobierno y la convocatoria de nuevas elecciones. Su incompetencia es tan palmaria que se conoce hasta en Australia (en cuanto al fondo). Su mentira cínica y constante, inocultable (en cuanto a la forma, que es lo más grave). Aunque lloviera la riqueza, nada se arreglaría: ya la había, y se ha tirado por la borda, y sigue tirándose (ninguna medida justa y adecuada). Sería como seguir escanciando líquido en un tonel con el fondo roto. El problema es este Gobierno, que ahora se ve forzado, desde fuera de nuestras fronteras, a practicar la política exactamente contraria a aquella que supuestamente le define y por la que pidió el voto. Porque la Unión Europea, y hasta Norteamérica, no están dispuestos a  consentir la amenaza de padecer la misma suerte que España por culpa de los mismos. Si el Gobierno actual tuviera un mínimo de vergüenza, se borraría del mapa que ha estado intentando borrar: España. Si no lo hace, es que carece de la más mínima decencia. No cabe otra "lectura" de la farsa como no sea la de la farsa misma y los que viven de ella a costa de los otros: los que trabajan, cobran poco y lo pagan todo; como en los viejos tiempos de antes del "socialismo". No cabe suponer que tenga lugar el cambio requerido, aunque no podamos dejar de esperarlo. Porque la demagogia no tiene ideología ni partido. Y el miedo a la verdad, que alimenta el prejuicio y la contumacia hasta la ruina consumada, tampoco. Mejor dicho: engañantes y engañados, el sistema de la indecente farsa, son todos siempre del PP: el Partido Propio.

martes, 11 de mayo de 2010

Absolutismo gubernamental

No hallo tiempo para escribir lo que querría o como lo querría. Pero, como reza el refrán francés (citado por Hegel en sus Principios de Filosofía del Derecho), "lo mejor es enemigo de lo bueno". O, como suele repetir mi bendita madre, "no te arrepientas de lo que hagas, sino de lo que no hagas". Así que aquí va, sencillamente, una cosilla entre otras; al menos dormiré más tranquilo, aunque lo que querría es quitarle un poco el sueño a más de uno (y no me refiero sólo al físico). ¿Se han dado uds. cuenta, o quizá padezco alucinaciones? Me refiero al "talante" y las iniciativas absolutistas del actual Gobierno de España. Alineo unos cuantos indicios, si es que no pruebas, que deberían quitarnos el sueño a todos. 

Una: la ministra de Sanidad ha dicho (se lo he escuchado por radio): "Sabiendo como sé lo malo que es el tabaco, no voy a consentir que los españoles sigan fumando". Más o menos. Con dos cosenos. Mamá Jiménez, la santísima Trinidad, a sus niños pequeños y traviesos.

Otra de la misma: se prepara nueva asignatura obligatoria en las escuelas: educación sexual. Remedo de las viejas manualidades, debe de ser. Para que sepamos qué nos traemos entre manos y otras partes del cuerpo. Para qué sirven los deditos y los ojitos, y dónde los tenemos.

Otra: la misma ministra, junto con la de igual da (sic: la de igual da que "no se sepa" científicamente si el embrión que alberga una madre es humano o vaya ud. a saber de qué especie: de todos modos, ante tamaña evidencia, conviene cambiar los principios mismos de la vida y transmutar la despenalización de un crimen por un "derecho"), ha financiado un video "didáctico" en desarrollo y aplicación de la nueva ley de "salud reproductiva y sexual", editado por la Cruz Roja, en el que se invita a los preadolescentes a practicar entre ellos (sin discriminación de sexo, por supuesto), todo tipo de prácticas sexuales, sexo anal incluido (como se sabe, ante ciertas denuncias, la Cruz Roja lo ha retirado enseguida admitiendo el "error" y pretendiendo, en misión imposible, exculpar por completo al ministerio). Véase: http://www.libertaddigital.com/sociedad/juego-subvencionado-por-sanidad-sexo-anal-y-juguetes-sexuales-para-alumnos-de-15-anos-1276386502/4.html

Otra de ministra, la de igual da (aunque da igual de qué ministra o ministro se trate, con este Gobierno): vamos a ir olvidándonos de leer cuentos como el de Blancanieves, porque son machistas y "sexistas" (por lo visto esto sí debe de saberse "científicamente"), así que ¡hala!: ya os iremos diciendo cuáles son las lecturas debidas y convenientes, españolitos, en sucesivos programas "educativos" según el superior saber y entender de este Gobierno (que parece salido de un cómic de Woody Allen, ya saben, el famoso "científico" que ha dictaminado: "Hay dos cosas importantes en esta vida; una es el sexo y la otra... no me acuerdo").

Basta con esto (y sobra, ampliamente). Me cuestiono: ¿qué entienden estas ministras, y su Presidente, por ministerios, gobierno, legislación, poder estatal? ¿Creen que pueden administrar, prohibir y mandar todo lo que se les ocurra a ellos, "científicamente", que está bien, que es lo correcto? ¿Saben lo que es absolutismo, totalitarismo, despotismo paternalista? ¿Saben lo que es libertad, diferencia, pluralidad, democracia? ¿Conocen "científicamente" la diferencia esencial entre la "democracia popular" de Stalin o Fidel Castro, o la "democracia orgánica" de Franco, y un Estado, como el nuestro, "democrático de Derecho"?

Lo grave, crucial y decisivo no es esto, de todos modos, sino esto otro que también cuestiono: ¿saben los españoles la finalidad y los límites de un Estado moderno, fundado en la inviolable libertad y autonomía de ciudadanos iguales en la dignidad y la responsabilidad de investigar y decidir ellos mismos qué es conveniente para su vida y qué hacen con ella? ¿Saben, sabemos, recordamos que el Estado que contratamos a nuestro servicio, y cuya relativa soberanía es delegada y representativa,  debe limitarse a garantizar que todos respetemos la libertad de todos, es decir, el Derecho que nos limita para que todos podamos ser todo lo libres que podemos, ni más ni menos? ¿Hemos olvidado, si alguna vez hemos aprendido, que el "bien común" que ha de procurar el Estado no es sino el mínimo común denominador del respeto recíproco, y que todo otro bien es asunto privado o abierto al público de modo libre y espontáneo, pero vetado a la Administración "pública" o el estamento político del Estado?

Tremenda perspicacia la de George Bernard Shaw: "la democracia es el sistema que garantiza que un pueblo no pueda tener un gobierno mejor del que se merece". O, mejor, necesita.

lunes, 15 de febrero de 2010

Educación: lo actual y lo clásico

Ahora nos dicen que va a procurarse un pacto de Estado por la educación; ahora que, como en Economía, la situación no es de "desaceleración" ni de crisis, sino de auténtica ruina que padeceremos ya inexorablemente durante más de una generación. No hace mucho, cuando se estaba cociendo la vigente  LOE (Ley Orgánica de Educación), que no es sino la LOGSE recocida, envié al Parlamento y al Senado un escrito en que ofrecía mi visión razonada sobre la crisis educativa, aplicando al presente principios clásicos (de valor perenne) que no precisan innovación alguna (renovación, en todo caso) sino recuerdo, conservación y sostenimiento más acá de los vaivenes modernistas (de la moda) de la sociedad y la pedagogía. Aquí os lo transcribo a todos, ya que lo que reivindica no tiene fecha de caducidad, aunque sí requeriría el aviso de "asumir preferentemente antes de" pasado mañana; es decir: cuanto antes.

Mosterín y el aborto


En la campaña gubernamental para la nueva ley del aborto, la ministra Bibiana Aído expresó la tesis fundamental con que pretende avalar su propuesta revisionista sobre el principio mismo de la vida humana, manifestando que el feto es un ser vivo pero que no hay evidencia científica de que sea un ser humano. La verdad es que para un punto de vista "científico" al respecto no cabía esperar de esta "miembra" del Gobierno una dilucidación mínimamente competente. Tal es, en cambio, la que pretendió ofrecer en El País hace unos meses el filósofo catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia, así como Profesor Investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Jesús Mosterín (http://www.elpais.com/articulo/opinion/Obispos/aborto/castidad/elpepiopi/20090324elpepiopi_11/Tes). De él cabía esperar un esclarecimiento apropiado. Sin embargo, está claro que el prejuicio infundado que obnubila el juicio no es privativo de las gentes incultas. Aunque sí sean privativos algunos medios de comunicación para quienes siguen su línea ideológica (?). Así, El País se negó diplomáticamente a publicar esta réplica que escribí pero que, gracias a Internet, no quedará reprimida. Os la ofrezco a continuación, para quien quiera pensar y ser realmente crítico sobre este punto de vital importancia (nunca mejor dicho).

miércoles, 10 de febrero de 2010

Diálogo crítico y ciudadanía

El término "diálogo" padece hoy, no menos que tantos otros venerables términos, un uso inflacionario que desdibuja su genuino contorno conceptual. Con ser el medio fundamental de la imprescindible comunicación humana, ni su teoría ni su práctica corrientes están a la altura de su significación, no obstante ser la categoría central de una filosofía contemporánea que se encuentra entre las más difundidas y estimables, la del alemán Jürgen Habermas (así puede comprobarse en su principal obra sistemática, Teoría de la acción comunicativa). Su importancia afecta a la vida tanto personal como colectiva. Bien merecía, pues, una meditación como la que leí en un contexto público en mi ciudad de Granada (http://www.laopiniondegranada.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009013100_36_102524__Ciudadanos-Club-Constitucion) y ofrezco a continuación.

La vida, ante todo

Es la última de las convicciones a que he llegado. Pero, por su importancia objetiva y su actualidad polémica, es la primera que quiero compartir y exponer al diálogo. La vida es el marco fundamental para cualquier otro valor o problema; para cualquier vivencia (nunca mejor dicho y valga la redundancia). De ahí que cuente como el primero de los Derechos Humanos y de nuestra Constitución. Claro que este derecho no puede tener otro sentido que el de conservarla en cualquier ser vivo de la especie humana que ya la tenga, así como el deber de respetarla: ni los pensamientos ni los espectros son sujetos de derechos. Mi sucinta reflexión sobre este asunto, en que he intentado reunir los principales argumentos contra el aborto, ha sido publicada por la revista madrileña Acontecimiento, órgano de expresión del Instituto E. Mounier (http://www.mounier.org/), pero como no sé aún colgar un pdf en el blog, os la transcribo aquí mismo. Creo que la trascendencia del asunto bien merece una revisión que convierta en juicio fundado los posibles prejuicios.

Comunicando

"La precisa hace milagros". A remolque de la necesidad, pese a la desgana inicial, me presento hoy en la red cibernética, el cerebro informático planetario, como en su momento me avine a cambiar la máquina de teclear por el ordenador (había que preservar los dedos, conservar los bosques de donde sale el papel y, sobre todo, no despilfarrar el oro del tiempo). Entonces fue para no reescribir mil veces mi tesis doctoral. Hoy la necesidad es otra: la de comunicar las convicciones que he ido forjando y que sigo formando todavía sobre las cosas importantes de la vida, las que compartimos como humanos y como existentes actuales en nuestra particular circunstancia: España. Bajo la convicción y experiencia fundamental de que el mejor modo de llegar a convicciones es expresarlas, comunicarlas. Para quienes estén en su búsqueda, en cualquier etapa o recodo del camino (que se va haciendo al andar, como dijera Machado, don Antonio). Pues el que da recibe y "lo que no se da se pierde" (dice Dominique Lapièrre en La ciudad de la alegría, aunque también lo sabía don Antonio: "la monedita del alma, se pierde si no se da"); y no estamos en la vida para perderla sino para ganarla. Hoy empieza mi diálogo con todos vosotros (todos vamos estando ya en la red cibernética, muchísimo más que en las Academias, las librerías o las hemerotecas: un sueño realizado para lanzar los sueños camino de la realidad). Bienhallados, amigos. En el diálogo auténtico que entreteje lo mejor de la humanidad.