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Mostrando entradas de febrero, 2010

Educación: lo actual y lo clásico

Ahora nos dicen que va a procurarse un pacto de Estado por la educación; ahora que, como en Economía, la situación no es de "desaceleración" ni de crisis, sino de auténtica ruina que padeceremos ya inexorablemente durante más de una generación. No hace mucho, cuando se estaba cociendo la vigente  LOE (Ley Orgánica de Educación), que no es sino la LOGSE recocida, envié al Parlamento y al Senado un escrito en que ofrecía mi visión razonada sobre la crisis educativa, aplicando al presente principios clásicos (de valor perenne) que no precisan innovación alguna (renovación, en todo caso) sino recuerdo, conservación y sostenimiento más acá de los vaivenes modernistas (de la moda) de la sociedad y la pedagogía. Aquí os lo transcribo a todos, ya que lo que reivindica no tiene fecha de caducidad, aunque sí requeriría el aviso de "asumir preferentemente antes de" pasado mañana; es decir: cuanto antes.

Mosterín y el aborto

En la campaña gubernamental para la nueva ley del aborto, la ministra Bibiana Aído expresó la tesis fundamental con que pretende avalar su propuesta revisionista sobre el principio mismo de la vida humana, manifestando que el feto es un ser vivo pero que no hay evidencia científica de que sea un ser humano. La verdad es que para un punto de vista "científico" al respecto no cabía esperar de esta "miembra" del Gobierno una dilucidación mínimamente competente. Tal es, en cambio, la que pretendió ofrecer en El País hace unos meses el filósofo catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia, así como Profesor Investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Jesús Mosterín (http://www.elpais.com/articulo/opinion/Obispos/aborto/castidad/elpepiopi/20090324elpepiopi_11/Tes). De él cabía esperar un esclarecimiento apropiado. Sin embargo, está claro que el prejuicio infundado que obnubila el juicio no es privativo de las gentes incultas. Aunque sí sean priva…

Diálogo crítico y ciudadanía

El término "diálogo" padece hoy, no menos que tantos otros venerables términos, un uso inflacionario que desdibuja su genuino contorno conceptual. Con ser el medio fundamental de la imprescindible comunicación humana, ni su teoría ni su práctica corrientes están a la altura de su significación, no obstante ser la categoría central de una filosofía contemporánea que se encuentra entre las más difundidas y estimables, la del alemán Jürgen Habermas (así puede comprobarse en su principal obra sistemática, Teoría de la acción comunicativa). Su importancia afecta a la vida tanto personal como colectiva. Bien merecía, pues, una meditación como la que leí en un contexto público en mi ciudad de Granada (http://www.laopiniondegranada.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009013100_36_102524__Ciudadanos-Club-Constitucion) y ofrezco a continuación.

La vida, ante todo

Es la última de las convicciones a que he llegado. Pero, por su importancia objetiva y su actualidad polémica, es la primera que quiero compartir y exponer al diálogo. La vida es el marco fundamental para cualquier otro valor o problema; para cualquier vivencia (nunca mejor dicho y valga la redundancia). De ahí que cuente como el primero de los Derechos Humanos y de nuestra Constitución. Claro que este derecho no puede tener otro sentido que el de conservarla en cualquier ser vivo de la especie humana que ya la tenga, así como el deber de respetarla: ni los pensamientos ni los espectros son sujetos de derechos. Mi sucinta reflexión sobre este asunto, en que he intentado reunir los principales argumentos contra el aborto, ha sido publicada por la revista madrileña Acontecimiento, órgano de expresión del Instituto E. Mounier (http://www.mounier.org/), pero como no sé aún colgar un pdf en el blog, os la transcribo aquí mismo. Creo que la trascendencia del asunto bien merece una revisión …

Comunicando

"La precisa hace milagros". A remolque de la necesidad, pese a la desgana inicial, me presento hoy en la red cibernética, el cerebro informático planetario, como en su momento me avine a cambiar la máquina de teclear por el ordenador (había que preservar los dedos, conservar los bosques de donde sale el papel y, sobre todo, no despilfarrar el oro del tiempo). Entonces fue para no reescribir mil veces mi tesis doctoral. Hoy la necesidad es otra: la de comunicar las convicciones que he ido forjando y que sigo formando todavía sobre las cosas importantes de la vida, las que compartimos como humanos y como existentes actuales en nuestra particular circunstancia: España. Bajo la convicción y experiencia fundamental de que el mejor modo de llegar a convicciones es expresarlas, comunicarlas. Para quienes estén en su búsqueda, en cualquier etapa o recodo del camino (que se va haciendo al andar, como dijera Machado, don Antonio). Pues el que da recibe y "lo que no se da se pierd…