domingo, 26 de octubre de 2014

DE CÍRCULOS CUADRADOS Y GRATIS PARA TODOS: ¿“PODEMOS”?





 Al igual que la Constitución expresa una promesa (o, mejor, com/promiso) más que una realidad ya lograda, en la Web del Foro para la Concordia Civil al que pertenezco y de cuyo blog particular saco esta entrada bloguera (http://foroparalaconcordiacivil.com/) pretendemos ocuparnos de lo que debería ser común o unirnos a todos los españoles, por encima de las legítimas discrepancias de interés u opinión en cuestiones particulares. Nuestra intención es ejercer la discusión u observación crítica (enjuiciadora) de la realización efectiva de los valores constitucionales, más allá o más acá de la pluralidad ideológica partidista.
Entre las muchas alteraciones, adulteraciones y corrupciones que padece hoy nuestra patria, elegiré para estrenar este otro blog hermano un caso de lo que considero ejemplo puro de demagogia, es decir, de aberración democrática: un atentado a la justicia enmascarado de igualdad. Creo que tiene especial carácter ilustrativo y pedagógico por su cercanía al absurdo lógico, de modo que se aproxima a lo idealmente indiscutible cuando se advierte lo que esconde su falsa apariencia de razonabilidad.
Supongo que compartimos la evidencia de que no hay círculos cuadrados. (Dejamos aparte el problema milenario de la cuadratura del círculo, que tiene una significación específicamente geométrica; éste al que me refiero, en cambio, es puramente lógico o lingüístico.) Más aún: es imposible que los haya, porque se trata de una estricta contradicción. Bien. Pues, por lo mismo, hay que sostener que no existe ningún bien material “gratis para todos”, por muy seductora que resulte al sentimiento esta imposibilidad racional y por más frecuente que sea confundir hasta tal punto el deseo con la realidad. Debido a esa típica ofuscación del deseo, resulta algo menos transparente que el absurdo del círculo cuadrado, pero basta un solo movimiento argumental para reconocerlo: los bienes materiales, además de ocupar un espacio y un tiempo determinados, tienen un coste ineludible, es decir, no son ni pueden ser gratis para todos. Así, si algún bien material resulta gratis para alguien es porque otro alguien está corriendo con los gastos.
Dicho de otro modo: a diferencia de los burros voladores y los tréboles de cuatro hojas, la Hacienda estatal existe, pero no somos todos (como afirmaba la propaganda gubernamental de hace algunos años), ni mucho menos, sino sólo los paganos, es decir, la clase media asalariada acorralada implacablemente por el fisco. (Claro que a veces Hacienda desaparece, pero sólo para algunos: las amnistías fiscales, descaradas o enmascaradas, que perpetran los Gobiernos son para los más pudientes y poderosos.)
Los partidos y los Gobiernos, sin embargo, suelen jugar con y reírse de nosotros manipulando el uso de las palabras, para hacernos comulgar con ruedas de molino (la única comunión actualmente vigente, por desgracia, en la política de nuestro país). Repárese, por ejemplo, en la extendida falacia acerca de la gratuidad de los libros escolares, que el año pasado mismo reivindicaba aún el Defensor del Pueblo (http://www.defensordelpueblo.es/es/Documentacion/Publicaciones/monografico/Libros_texto_corregido_con_ADENDA_ULTIMO.pdf), entre otros agentes políticos (http://www.cadenaser.com/sociedad/articulo/defensora-pueblo-unicef-piden-gratuidad-libros-texto/csrcsrpor/20140909csrcsrsoc_7/Tes), aunque sólo se cumple plenamente en la Comunidad Autónoma que sigue la última de la fila en todo, sobre todo en educación y economía (o sigue estando a la cabeza de la ignorancia y la pobreza), tras 37 años de “democracia”: nuestra Andalucía. Basada en una redacción imprecisa de nuestra propia Constitución cuando dice que la enseñanza básica debe ser “obligatoria y gratuita”, oculta o induce a dar por supuesta la falsa lógica de que si la educación es obligatoria para todos también debe ser gratuita para todos, en lugar de lo que sí es lógico y necesario deducir: para todos los que no puedan pagársela. De hecho, sin embargo, lo que esta medida consigue, tras la bondad de su apariencia, es la aniquilación igualitarista no sólo de la justicia, sino de la educación misma, como es fácil advertir, sobre todo si se llevan más de veinte años en la profesión de la enseñanza (caso del servidor que suscribe). En efecto, el efecto de medida es el siguiente:
a) aumenta la desigualdad y la injusticia, puesto que los menos pudientes, que antes se pagaban los libros mediante el sistema de becas, ahora se los pagan a los más pudientes a través de la “confiscación” fiscal (libros gratis hasta para quienes no necesitan la gratuidad, a costa de quienes no pueden comprárselos pero pagan impuestos que no podrán dedicarse, por ejemplo, a más becas para quienes las necesitan);
b) los alumnos aprenden que no hay que gastarse un céntimo en libros, aunque se los gasten diariamente en chucherías, de modo que el profesor no se atreve a recomendar al alumnado (casos heroicos aparte) que compre libro alguno diferente de los manuales escolares que son dispensados en el colegio (no “gratuitamente”, por supuesto, sino a cargo de la “confiscación” fiscal  supuestamente progresista y políticamente correcta pero realmente nefasta y demagógica que hace más pobres a los pobres y más ricos a los ricos);
c) el alumnado aprende igualmente que los libros no son bienes para conservar, repasar y consultar en casa, puesto que se quedan fuera de ella, en el colegio, para pasar de unas manos a otras cada año sin quedarse en ninguna de ellas (“como la falsa mone’a, que de mano en mano va y ninguno se la que’a”).
En suma, no sólo los alumnos menos pudientes resultan así menos pudientes, sino que todos en general resultan empobrecidos no ya en lo económico, sino en un bien mayor que, además, sería el único que podría sacarlos de cualquier pobreza: en su educación o cultura, pues aprenden que los libros son raros objetos que hay que mantener lejos del hogar y de cualquier inversión económica. (Que este indudable y perverso efecto responda a la simple estupidez o a una malévola intención es algo tan indiferente como indiscernible: la apariencia y el resultado son los mismos para un caso y su contrario.)
No era este caso, sin embargo, al que quería principalmente referirme, sino al de la graciosa o gratuita “renta básica” para todo ciudadano que un “nuevo” partido político cree que “Podemos” permitirnos (http://podemos.info/wordpress/wp-content/uploads/2014/05/Programa-Podemos.pdf, pg. 77/36, aunque la noticia era interpretada tal cual en los diversos medios, como éste: http://www.libremercado.com/2014-06-01/la-propuesta-estrella-de-podemos-650-euros-al-mes-para-todos-sin-ninguna-condicion-1276520132/?fb_action_ids=790825950929635&fb_action_types=og.comments&fb_source=aggregation&fb_aggregation_id=288381481237582). Nada puede resultar más atractivo tanto al deseo egoísta como a la benevolencia altruista que la concesión de una asignación económica a cualquier ciudadano "por el mero hecho de serlo"; incondicional, vamos, por más que en caso de trabajar se le pida la devolución, pues se está tentando a la opción de seguir recibiéndola si uno no quiere trabajar alegando lo que le dé la gana o alegando "el mero hecho de ser ciudadano". No en vano coincide con el objetivo de bienestar y dignidad propio de todo humanismo que se precie de tal. El problema está en la nota de incondicionalidad y en la posible falta de adecuación entre el fin y la manera de lograrlo. De manera que, de haber razones en contra, ninguna otra propuesta podría superar a ésta en “calidad” demagógica. Por eso hay que pensar, no sólo sentir. Pensemos un poco, un mínimo, para aproximarnos a la realidad. El deseo y la buena voluntad se presuponen en todo el mundo, así que no vale pretender diferenciarse por ellos.
Veamos, pues: ¿qué pasaría si se aplicara una renta sin contraprestación obligatoria a todo ciudadano? El disparate de los “650 euros al menos para todo ciudadano sin ninguna condición” se ve muy bien con este ejemplo. Tengo un cuñado que está casado y tiene dos niños. Gana 1000 euros y la mujer no trabaja (fuera de casa) ni tiene ingresos. Si se aplicaran estas medidas, la situación pasaría a ser la siguiente: mi cuñado ganaría 300 euros más al mes, porque su mujer ingresaría 650 sin trabajar y él lo mismo dejando de trabajar: se dedicaría al bricolaje, que es lo que le gusta. Lo pagaríamos mi mujer y yo ganando menos y trabajando más (aunque, como somos funcionarios, en realidad esto nos está pasando ya, aun sin “renta básica universal”); no, por supuesto, los profesionales liberales que no contribuyen al fisco como deberían ni nunca los van a pillar, ni otros ciudadanos que obtienen ingresos por economía sumergida ni, por supuesto, las grandes fortunas que o se pagan abogados para defraudar al fisco o, si los pillan, serán indultados con oportunas amnistías fiscales o sencillamente con amiguetes en el Tribunal Supremo. O sea: lo que se llama una medida llena de conocimiento, inteligencia, igualdad y justicia. Un hallazgo. Pero ¿cómo no se nos había ocurrido antes en casi cuarenta años de democracia?
Lo que hemos tenido que esperar para que aparezca otro Pablo Iglesias. Viva el comunismo (nacido en el s. XIX, muerto en el s. XX y en trámites de resurrección, si Dios no lo remedia, para el s. XXI): “libros gratis para todos” y “sueldo gratis para todos”. ¿Podemos cuadrar este círculo? Ustedes dirán.