domingo, 13 de noviembre de 2011

DIGNIFÍCATE




“Indígnate” es la consigna que he leído hoy en una pancarta. O sea: si Ud. no está indignado, póngase airado. O sea: si no tiene Ud. la dignidad de estar ya indignado, engrose el pelotón de borregos de nuestra confusa o contradictoria causa. Me resulta indignante la proclama. Porque cualquier persona con dignidad y conocimiento ya estaba y está indignada por la situación que padecemos en España, y que tiene como culpable al Gobierno, no al “sistema”. Por lo demás, distingamos en este concepto sus diferentes aspectos. El sistema político que disfrutamos en España es el mejor que hemos tenido, el más excelso, una democracia constitucional o de Derecho. Da igual, en este caso, cuál fuera su origen o inicio desencadenante, la circunstancia política de 1978: lo que importa es su esencia y consistencia, que sólo se puede menospreciar o despreciar de modo ignorante o perverso. Esto es lo que toca a la dignidad porque toca a la justicia, al respeto, a la legalidad, a las formas de convivencia civilizadas frente a la inveterada y bárbara, al deber y al compromiso como valor supremo y condicionante del bienestar mismo.


Hay que distinguir y jerarquizar estos dos valores. El del bienestar o felicidad tiene que ver, pragmáticamente, con la economía, con el sistema económico. Contra ambos se dirige confusamente (priorizando perversamente el segundo) este movimiento insurrecto, de origen y final incierto. Pero no ver la inviolabilidad del primer sentido del “sistema” lo descalifica por completo, debiendo producir una seria alarma: ¿saltarnos la legalidad, cuestionar la formalidad democrática que por fin disfrutamos en España, aunque su ejercicio suponga una lucha y autocrítica constante, negar que lo que tenemos sea una democracia porque, como todo, sea falible y perfectible? ¿Desde qué noción alternativa de “democracia”: la asamblearia, la arbitraria, la de la agitación y la rebelión permanente (o de sospechoso oportunismo)? Entonces no están defendiendo nada; nada que merezca nuestra atención. Y pierden toda razón que nos solidarice con ellos en lugar de que queden en minoría anómala. Porque entonces defienden la dictadura de los iluminados, que se sienten por encima del bien y el mal y ponen hipócritamente en su boca la palabra “democracia” como la ponían la “democracia popular” soviética o cubana o la “democracia orgánica” franquista. Y si no quieren democracia auténtica (diálogo, lucha de razones, atenimiento al principio de la mayoría), entonces son, aunque quieran engañarnos y se engañen, despreciables dictadores o simples y resentidos adolescentes. No tiene justificación alguna que infrinjan las reglas de juego del Estado democrático de Derecho (insumisión frente al dictamen de la Junta Electoral que prohíbe su concentración en día de reflexión electoral) y se arroguen la representatividad del pueblo frente al Parlamento, contraviniendo el dictamen de nuestras instituciones, las de la democracia de derecho que la mayoría del pueblo español acordó darse civilizadamente, para cambiar y mejorar nuestra historia.


En cuanto a la proclama contra el “sistema” capitalista, tan ingenua y desfasada, después de la desastrosa experiencia histórica del comunismo (la ideología que hay detrás de IU; el partido que alienta a las claras a estos antisistema recolectores de indignos despistados o pasivos hasta ahora no indignados), volvemos a las mismas: ¿acaso proponen, en lugar de su control o reforma, aniquilarlo por revolución violenta en lugar de por vía democrática, dialógica, con razones y convicciones que se conquistan, en lugar de por cojones y por las armas? ¿No? Entonces, ¿cómo cuestionan la democracia real que disfrutamos y contravienen sus decisiones legales? Ya tenemos medios, tanto dentro como fuera del Parlamento, para, desde y con la democracia, luchar por la justicia social y económica. Pero saltarse la justicia legal los descalifica y reduce, en el más cándido de los supuestos, a adolescentes, inmaduros, tardorrománticos, ignorantes de la historia y de sí mismos. Si, en cambio, lo que pretenden, es justificar eventualmente la violencia, la indulgencia y connivencia con el terrorismo que ya se percibe en España (y que los demócratas reales, sin embargo, encajamos democráticamente pese al desacuerdo con el Tribunal Constitucional), entonces esto no es justicia sino guerra y lo suyo, simplemente, un recalcitrante manifiesto comunista que, como muestra la historia (tanto pasada como reciente), utiliza el Estado de Derecho hipócrita y cínicamente, según convenga (como la “filosofía” de Rubalcaba).

Los verdaderos demócratas, entonces, sólo tenemos un medio de luchar contra esta barbarie ignorante o artera y maquiavélica: utilizar el sistema, el sistema y los mecanismos democráticos, para contener este movimiento y a sus cómplices, votando el próximo domingo a quienes más alejados se encuentran de esta disparatada confusión sobre nuestro “sistema”: los que defiendan el Estado de Derecho como fin y valor absoluto (no como un medio) y a quienes más competencia económica se les presuma. Es cuestión de auténtica dignidad y justicia, que incluye dar su merecido electoral a los causantes o aprovechados de nuestra actual ruina económica. No, señores: sólo en la noche de la ignorancia son pardos todos los gatos y se difumina el nombre propio de los responsables de cada cosa. Nadie es perfecto; ni Uds.; eso ya lo sabemos la mayoría sensata, que nos dimos una democracia constitucional para juzgar cada cuatro años la gestión mejor o peor de nuestros representantes. De eso, ni más ni menos, se trata de nuevo ahora.

martes, 25 de octubre de 2011

LA CAMISA DEL REY Y EL DESARME MORAL DE ESPAÑA

El Príncipe de la nación, desnudo (de conocimiento y juicio). El Estado, en pelotas (jurídicas). España, desarmándose moralmente ante una banda terrorista (http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/19/espana/1319034890.html).
He leído el más reciente comunicado de ETA (http://estaticos.elmundo.es/documentos/2011/10/20/comunicado_eta.pdf). Como cabía esperar de una banda terrorista (cuya auténtica rendición o derrota sólo puede consistir en la entrega de las armas sin más comunicado oficial que el del Estado proclamando su victoria), exhibe, como siempre, la indignante insolencia que convierte cínicamente el crimen  en un “conflicto” político con el Estado, sin renunciar a las delirantes exigencias por las que ha asesinado casi mil vidas y familias y condicionando, una vez más, la superación del “conflicto armado” a la concesión de sus imposiciones. Por supuesto, con el típico señuelo añadido de las treguas-trampa para, además de los sinvergüenzas que lo aprovechan, los bobos y cobardes (como deben de ser los españoles para los etarras, que quizá se tapan la cara para que no se les vea troncharse de la risa): un incoherente e increíble “cese definitivo de su actividad armada”, cuya contradicción absoluta sólo puede disimularse incrustando el aserto en párrafo y línea distinto del resto de arbitrariedades que la banda asesina considera expresión de auténtica “paz y libertad” frente a la “imposición que aún perdura”.

No cabe la menor duda: “y, así, la superación de la confrontación armada”, dice el texto. “Así”, es decir: tras el “diálogo” exigido con los Estados de España y Francia para “resolver”, según su entender y conveniencia, el “conflicto” y “sus consecuencias” (se tratará de amnistía e indemnización a las “víctimas”: los terroristas muertos o encarcelados). Omisión, por supuesto, de cualquier arrepentimiento: la única lamentación es por los terroristas caídos “en la lucha” o encarcelados. Al contrario, saludan la nueva circunstancia histórica en que actuales cambios políticos marcan la hora de proseguir “la lucha” sin armas. (Sin duda: la banda terrorista ya cuenta con representación y subvención económica institucional, bajo el nombre de Bildu, pese a la rotunda oposición de los cuerpos de seguridad del Estado, del Tribunal Supremo y de la mitad del Tribunal Constitucional. Otro asesinato ahora, cuando están ganando el dominio político que pretendían en virtud de su terrorismo y el síndrome de Estocolmo que han provocado en media nación española, sería incompatible con su representación política y los devolvería a la dura fase de la clandestinidad, las bombas y el tiro en la nuca, jugándose la propia vida. El despotismo es mucho más llevadero cuando cuenta con una sumisión firmemente arraigada en la ceguera y el autoengaño profundo.)

Lo único nuevo, pues, en este comunicado criminal es el triunfalismo de su oposición terrorista al Estado democrático de Derecho. Y, sin embargo, la mayoría absoluta (poco menos que la totalidad) de los partidos políticos y medios de comunicación social están hablando inverosímilmente, haciendo lo blanco negro (o más bien al contrario), de triunfo del Estado de Derecho, de derrota de ETA, de rendición, de final del terrorismo. No sólo el partido y los medios verosímil y lamentablemente interesados en presentar como única baza electoral posible la farsa de una falsa pero aparente victoria sobre el terrorismo, sino casi todos los partidos y medios (http://www.rtve.es/noticias/20111020/eta-anuncia-cese-definitivo-actividad-armada-pide-gobierno-abrir-proceso-dialogo/469705.shtml).

¿Será que en España no se lee, y casi nadie ha leído el comunicado? ¿Será que, a estas alturas de leyes antieducativas, es rara la lectura comprensiva en escolares, periodistas y profesionales? ¿Será que el terrorismo ha ganado la partida, es decir, ha acobardado el ánimo y la voluntad de la nación, viciando la visión y la lectura objetiva de las cosas? ¿Será que la otra (media) España también se ha rajado de los “principios” (Rajoy presumió de ellos, como su única baza, en su última derrota electoral) y está encenagada en el torpe “pragmatismo” de la demagogia electoral que trata como necio y canalla al pueblo?
No está de creer. Es para frotarse los ojos y no salir del asombro. Si no fuera por la historia y por los cuentos, pensaría que Mayor Oreja, Rosa Díez (http://www.publico.es/espana/402699/rosa-diez-y-mayor-oreja-exigen-no-hacer-caso-al-comunicado-de-eta),  las Asociaciones de víctimas (http://www.rtve.es/noticias/20111020/mayoria-victimas-defraudadas-porque-eta-se-disuelve-entrega-armas/469742.shtml), la empresa mediática “libertad digital” (http://www.libertaddigital.com/nacional/2011-11-10/gara-avanza-su-entrevista-con-eta-el-desarme-esta-en-la-agenda-1276440987/) y yo mismo somos los que deliramos, padeciendo un pavoroso delirium tremens aun sin haber bebido ni gota. Pero no. Un pueblo entero, como la ilustre y clásica Atenas, puede dejar solo, como corrupto y loco, a su más sensato ciudadano (Sócrates); un pueblo entero, el más culto de Europa, puede ser avestruz conniviente y cómplice de un genocidio en pleno siglo XX (la Alemania nazi). Y el cuento (los grandes cuentos reflejan las constantes psíquicas humanas) de Andersen lo deja bien claro: el rey puede estar desnudo, y sólo un chiquillo decirlo, pese a que un pueblo entero aplauda la belleza de su camisa nueva, que sólo ven “los inteligentes”.

Sean cuales sean los motivos (razón o justificación no hay ninguna), el hecho no me alegra en absoluto, sino que me indigna y apena y, en uso de la libertad de expresión pública que aún disfruto, aquí lo consigno, por si de algo vale la pena: no el hecho de que unos pocos asesinos pretendan jugar a dominadores del pueblo robando, asesinando y, siempre por delante, mintiendo (para abaratar costos y esfuerzos), sino el de que un pueblo entero convierta en listillo al tonto del pueblo y haga el tonto de esta manera tan indigna y peligrosa. Qué peligro, haber perdido el criterio que discrimina justamente el bien  del mal, la paz de la cobardía, la libertad de la anarquía, la democracia de la algarabía, el verdugo de la víctima, el disgusto de la injusticia, el conflicto político o incluso la confrontación armada del simple e infame terrorismo; el Derecho del reverso siniestro.

Para mí, ahora, el Estado español está siendo derrotado por la banda terrorista ETA y se está, peor aún, rindiendo cuando, por falta de principios y discernimiento, hace blanco lo negro y confunde inmaduramente la realidad con el deseo. Pero una mentira no lo es menos por mucho que se repita. En cuanto a la verdad, no necesita defensa: son los individuos y pueblos quienes tienen que luchar por vivir en ella. ¿“Victoria del Estado de Derecho”? Qué confusión más necia y sintomática. El Estado de Derecho, como la justicia y la matemática, no luchan ni vencen: es España, ahora, la que está siendo desarmada y vencida moralmente precisamente por lo contrario de lo que está presumiendo: por no regir estrictamente su convivencia de acuerdo con el Derecho, la Dignidad y la Justicia.


Qué vergüenza y qué lástima. Lástima de las víctimas, que no son sólo los asesinados físicamente sino todos nosotros, el pueblo español, moralmente, mortalmente herido en su dignidad. Aunque no hay que perder la esperanza de que esta situación se revierta. Basta con que no se apague del todo la luz de la verdad y que nos unamos y la voceemos oportuna y omnímodamente cuantos creemos verla.