miércoles, 10 de febrero de 2010

Diálogo crítico y ciudadanía

El término "diálogo" padece hoy, no menos que tantos otros venerables términos, un uso inflacionario que desdibuja su genuino contorno conceptual. Con ser el medio fundamental de la imprescindible comunicación humana, ni su teoría ni su práctica corrientes están a la altura de su significación, no obstante ser la categoría central de una filosofía contemporánea que se encuentra entre las más difundidas y estimables, la del alemán Jürgen Habermas (así puede comprobarse en su principal obra sistemática, Teoría de la acción comunicativa). Su importancia afecta a la vida tanto personal como colectiva. Bien merecía, pues, una meditación como la que leí en un contexto público en mi ciudad de Granada (http://www.laopiniondegranada.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009013100_36_102524__Ciudadanos-Club-Constitucion) y ofrezco a continuación.

La vida, ante todo

Es la última de las convicciones a que he llegado. Pero, por su importancia objetiva y su actualidad polémica, es la primera que quiero compartir y exponer al diálogo. La vida es el marco fundamental para cualquier otro valor o problema; para cualquier vivencia (nunca mejor dicho y valga la redundancia). De ahí que cuente como el primero de los Derechos Humanos y de nuestra Constitución. Claro que este derecho no puede tener otro sentido que el de conservarla en cualquier ser vivo de la especie humana que ya la tenga, así como el deber de respetarla: ni los pensamientos ni los espectros son sujetos de derechos. Mi sucinta reflexión sobre este asunto, en que he intentado reunir los principales argumentos contra el aborto, ha sido publicada por la revista madrileña Acontecimiento, órgano de expresión del Instituto E. Mounier (http://www.mounier.org/), pero como no sé aún colgar un pdf en el blog, os la transcribo aquí mismo. Creo que la trascendencia del asunto bien merece una revisión que convierta en juicio fundado los posibles prejuicios.

Comunicando

"La precisa hace milagros". A remolque de la necesidad, pese a la desgana inicial, me presento hoy en la red cibernética, el cerebro informático planetario, como en su momento me avine a cambiar la máquina de teclear por el ordenador (había que preservar los dedos, conservar los bosques de donde sale el papel y, sobre todo, no despilfarrar el oro del tiempo). Entonces fue para no reescribir mil veces mi tesis doctoral. Hoy la necesidad es otra: la de comunicar las convicciones que he ido forjando y que sigo formando todavía sobre las cosas importantes de la vida, las que compartimos como humanos y como existentes actuales en nuestra particular circunstancia: España. Bajo la convicción y experiencia fundamental de que el mejor modo de llegar a convicciones es expresarlas, comunicarlas. Para quienes estén en su búsqueda, en cualquier etapa o recodo del camino (que se va haciendo al andar, como dijera Machado, don Antonio). Pues el que da recibe y "lo que no se da se pierde" (dice Dominique Lapièrre en La ciudad de la alegría, aunque también lo sabía don Antonio: "la monedita del alma, se pierde si no se da"); y no estamos en la vida para perderla sino para ganarla. Hoy empieza mi diálogo con todos vosotros (todos vamos estando ya en la red cibernética, muchísimo más que en las Academias, las librerías o las hemerotecas: un sueño realizado para lanzar los sueños camino de la realidad). Bienhallados, amigos. En el diálogo auténtico que entreteje lo mejor de la humanidad.