lunes, 3 de noviembre de 2014

DEMÓCRATAS Y DEMÓCRITAS (MÁS SOBRE “PODEMOS”)



¿Increíble? ¿Cierto? Según diversos medios de contaminación informativa (http://www.libertaddigital.com/espana/politica/2014-11-02/podemos-ya-es-la-primera-fuerza-politica-en-intencion-de-voto-1276532333/) (creo que más allá de los Diálogos de Platón y algunas otras antiguallas, todos lo son, incluido éste; así que más vale entonar un “Con-ta-mína-me”, y que cada cual discierna; como siempre), “Podemos” es ya, en intención de voto, la primera fuerza política en España. En cualquier caso, por mucho que pueda sorprender, no puede extrañar a nadie… que conozca la historia… y haya reflexionado sobre ella. Pues, como dejó dicho el filósofo español y norteamericano del siglo pasado Jorge Santayana, en su obra The life of Reason, pg. 92, “Those who cannot remember the past are condemned to repeat it.”
Me permito esta pedantería porque corre por Internet el bulo de que el autor de la frase fue un revolucionario latinoamericano. Y no. Así que quienes no pueden recordar el pasado, están condenados a repetirlo. De todos modos, aún debo permitirme otra cosa: corregir la afirmación, cambiando el verbo “recordar” por el de “comprender”, que lo incluye y lo supera, y creo que expresa mejor la intención última del filósofo. Cualquier mocoso de la ESO “sabe” que Hitler fue muy malo (aunque no mató a nadie más que a sí mismo, por más que padeciera la fortuna de que sus demenciales ocurrencias encontraran secuaces en miles de mentecatos y cobardes asesinos entre sus conciudadanos). Pero esa simple información, o el simple rechazo teórico del asesinato, no puede impedir en absoluto que vuelva a repetirse la sinrazón y el crimen más odioso, aunque sea bajo otras apariencias (quienes durante siglos consintieron la esclavitud, no reconocieron la igualdad de la mujer o, como hoy, no reconocen la humanidad del feto no eran alemanes, pero tampoco una muestra gloriosa de la sabiduría o la decencia de nuestra especie). Lo único que puede impedirlo es comprender las causas que provocan ese efecto, que volverá a repetirse siempre que se den las mismas causas, que son lo que importa saber y controlar.
No es la historia la que enseña. Si enseña algo, es cómo la humanidad tropieza reiteradamente con la misma piedra y cómo en algunos casos se progresa no en virtud del sentimiento, las ganas o la memoria, sino del entendimiento que se cultiva con esfuerzo. La guerra no se evita gritando “no a la guerra”, ni el maltrato doméstico disminuye denostando en pancartas a los maltratadores, sino educando en el equilibrio para que nadie consienta el maltrato, aunque esto cueste más dinero y sea menos políticamente moderno. ¿Acaso era lejana la memoria, a poco más de la mitad del siglo XX en Europa, de que los pueblos pueden destruirse cuando Yugoslavia acabó destrozada en la sorprendente guerra de los Balcanes? Lo que enseña la psicología, o la filosofía, o llámelo Ud. como quiera, es decir, la reflexión sobre la historia de la infamia humana, es (entre otras muchas cosas, por supuesto: no vamos a meter el mar en el vasito de agua de una entrada bloguera) que los hombres tienen miedo a la libertad por la responsabilidad que conlleva, o sea, el esfuerzo.
Remitiré sólo a dos de mis glorias favoritas de la historia de la sabiduría. Una es I. KANT, el genial autor de la Crítica de la razón pura, que, en un artículo divulgativo (Respuesta a la pregunta: “¿Qué es Ilustración?”, de 1784), afirmó que la causa principal de la tiranía no son los tiranos, sino nuestra “pereza y cobardía. Alguien debería ponerle música a esto, ya que no se la puso Paco Ibáñez, porque el mensaje es más profundo y verdadero que todo lo por él cantado. Más claro, sin embargo, no puede decirse: lo es tanto que no requiere aclaración añadida que no sea redundante; todo lo demás es engañarnos y echar balones fuera.
La otra gloria de la humanidad cuya sabiduría merece no quedar en olvido (muy por encima del ridículo “qué malo era Hitler” que puede repetir inútilmente cualquier mentecato o humano aborregado) es Erich FROMM, el filósofo y psicólogo judío alemán que tuvo que huir a las Américas para eludir la barbarie nazi, que en un famoso título resume su diagnóstico (o etiología, para los puristas; el diagnóstico de “totalitarismo” lo puso otra filósofa judía de ese momento, Hanna Arendt) en esto: El miedo a la libertad.
Mi abuela y Nietzsche lo sabían y recordaban también: es más fácil pensar las cosas que serlas. O decirlas que practicarlas. La boca puede llenarse de amor a la democracia, que es el amor a la libertad, condición esencial de la dignidad humana, y la consecuencia que la preña: la pluralidad y el conflicto consiguiente, que reclama el ímprobo esfuerzo del diálogo incesante. Pero de libertad, democracia, justicia y otras caras de lo mismo es mucho más fácil hablar que desvivirse por ellas (sobre todo para quienes,  encastados o enquistados en algún cargo político, pretenden vivir del pueblo). De ahí que abunde más el tipo del demócrita, o demócrata “de boquilla”, que el demócrata genuino, que es cosa de hombres, o sea, de humanos auténticos.
Demócrita es el término que aplico al que presume de demócrata, cuando ya se sabe: dime de qué presumes, y te diré de qué careces. Demócrita: el demócrata hipócrita. Lo digo porque este finde (prefiero el neologismo coloquial al anglicismo superfluo del weekend) me he topado con un simpatizante de “Podemos” agazapado bajo la apariencia de un simpático conocido y compañero de mesa en la noche de todos los difuntos (Halloween, que dicen ahora los niños). Cuando se me ocurrió cuestionar las propuestas de “Podemos”, la noche se me fue haciendo realmente terrorífica, pavorosa. Resulta, en pocas palabras, las justas, que:
-- se apela al “sentimiento” o el “corazón”, por ejemplo de “los catalanes” (¿? los cuatro catalanes que votaron el Estatuto, agitados por cuatro delincuentes confesos e impunes: ni un tercio de Cataluña) como fundamento del pretendido “derecho a decidir” por toda la nación, o sea, a privar de su derecho a decidir a todos los españoles (por ejemplo, los secuestrados por el miedo o la vergüenza en Cataluña por el secesionismo catalanista) sobre lo que a todos nos afecta;
-- pero se me pregunta si acaso mi sentimiento no fue de gozo cuando Carrero Blanco  (Presidente del Gobierno de España en los últimos tiempos de Franco, para los jóvenes) saltó hecho pedazos por los aires a cuenta de ETA (tocado: mi corazón no es tan magnánimo, no alcanzó tan elevado sentimiento);
-- eso sí, no obstante: reproche al canto por no reconocer que Miguel Ángel Blanco murió “porque Aznar no cedió” a la ETA (lo mejor es que el Estado ceda al chantaje terrorista para salvar una vida humana; eso sí, si la vida es de un franquista, a bombazos con ella en lugar de ceder y esperar mejores tiempos: coherencia en estado puro);
--sin omitir el reconocimiento de considerar justificada la acción de ETA no ya en tiempos de Franco, sino bien entrada la democracia (ya no sé con qué criterio para distinguir el terrorismo, como no sea el inservible de un sentimiento oscuro y mutante);
-- pero lo peor por mi parte: atreverme a marcar diferencias entre Franco y Hitler, y no ponerlos al par, como pretendieron Psoe e IU hace justo un año al querer tipificar como delito su apología al par que la del fascismo, nazismo y “totalitarismo”. Por lo visto, lo de Franco sí merece sambenito terminológico (“franquismo”), pero del leninismo, maoísmo, stalinismo y castrismo sólo cabe hablar laudatoriamente o enmascarándolos bajo “totalitarismo”, para que ningún estudiante de hoy se entere. Añadamos “chavismo”, como modelo del socialismo del siglo XXI, según le parece al Pablo Iglesias de “Podemos”.
Esto último ya era demasiado, no denostar el franquismo con todo el sentimiento “de odio” que ello merece (ya le dije a mi interlocutor que yo no entendía de odio a las personas sino de desprecio a ciertas acciones y doctrinas, pero no estaba por escucharme). Por eso me llevé esta joya del espíritu democrático, del respeto a la pluralidad, del verdadero socialismo: “Con la responsabilidad que implica la educación de los jóvenes, miedo me da que sea profesor una persona con tu mentalidad.
Confieso que me alteré y superé los decibelios permitidos en un diálogo ejemplar. Pero alegaré como atenuante que “perro ladrador, poco mordedor”. En cambio, no olvido la alerta de la abuela: “No te fíes de las aguas mansas. Hay quienes las matan callando”. Por eso, cuando, más allá de mi interlocutor de la otra noche, compruebo el aprovechamiento que el Pablo Iglesias de “Podemos” ha hecho de ese curso de retórica mediática que no ha hecho ningún otro político y que le lleva a adulterar los diálogos y entrevistas con pose de serenidad demócrita, blindados los oídos para la escucha de cualquier verdad ajena, más allá de la duda y el sofoco y prodigando la coletilla “podría ser, podría ser; habrá que debatirlo” cuando un Jordi Évole lo pone varias veces contras las cuerdas de la incoherencia, me entra verdadero pavor. Parece más sereno, lúcido y responsable que ningún adversario político porque hace denuncias innegables y recoge los votos del descontento. Pero la respuesta que ofrece cuando entra en las propuestas no puede ocultar, a quien sabe, la mentalidad del comunista: más allá del bien y del mal, de la crítica, de la verdadera discusión, aplicando remedios preadolescentes y demagógicos como un dictador y, como todos los dictadores, en nombre de la “democracia”. Si a la gente no le entra mi verdad en la cabeza, habrá que abrírsela como sea, como ha hecho la partida de valientes heroicos de la ETA (invito a leer esta crítica: http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/bajosfondos/2014/11/02/ortega-lara-frente-a-la-tuerka.html). Hombre: lo mejor es no tener que recurrir a las armas, sino ganar al enemigo por la cabeza, descabezándolo con propuestas que le hacen bajar la guardia intelectual excitando las bajas pasiones; como, por ejemplo, renta universal básica (para animar a los parásitos y explotar a los trabajadores). En fin: saber manejar la pereza y, si no hay más remedio, la cobardía.
Termino. Ya sé que hay distintos tipos de simpatizantes de “Podemos”. Pero querría que no se olvide y que se reflexione sobre el hecho de que “Podemos” no es un invento ni una creación sui generis del genio político en la actual circunstancia española. Es la disidencia radical de la corrupción de Psoe e IU, son sus votantes radicales que ya no pueden votarles, por lo mismo que Vox ha surgido como disidencia respecto a la degeneración del PP, porque, en efecto, los actuales políticos son una casta partidocrática al servicio de sí mismos y la corrupción sistemática del sistema. Pero eso quiere decir que “Podemos” no es más que comunismo y marxismo, o sea: totalitarismo absolutista con la disidencia, como en sus casos confesamente apreciados con un afecto más o menos intenso: Lenin, Stalin, Mao, Castro, Chaves y Maduro. Esto está ya visto. Esto ya ha pasado. Lo que dudo es si lo comprendemos.
Y esto significa, aunque hoy no podamos extendernos en discutirlo: remedio rancio peor que el problema mismo, como ha demostrado la historia con todo “socialismo real”: ruina económica y, sobre todo, ruina moral, liberticidio, dogmatismo que se cree moralmente superior a cualquiera, justificado para jugar con las leyes y la democracia y aterrorizar con la violencia cuando se lo pida el “sentimiento”. “Podemos” (censura de la derecha y colleja a la izquierda por falta de radicalismo, pero condescendencia con el totalitarismo pasado y presente, siempre que sea de su palo, de izquierdas; azuzamiento de la división y el odio, por tanto) aún no ha ganado. Aún puedo seguir formando a mucha juventud en filosofía pura y no en ideología sectaria. Uds. verán qué es lo que quieren para sus hijos.
(Queridos hijos míos: que no se diga que yo no dije lo que debía y que dejé decir lo que no era por miedo a la dictadura política del momento, el buenismo sin criterio aliado del totalitarismo de turno, por mucho que ganara en las urnas.)

domingo, 26 de octubre de 2014

DE CÍRCULOS CUADRADOS Y GRATIS PARA TODOS: ¿“PODEMOS”?





 Al igual que la Constitución expresa una promesa (o, mejor, com/promiso) más que una realidad ya lograda, en la Web del Foro para la Concordia Civil al que pertenezco y de cuyo blog particular saco esta entrada bloguera (http://foroparalaconcordiacivil.com/) pretendemos ocuparnos de lo que debería ser común o unirnos a todos los españoles, por encima de las legítimas discrepancias de interés u opinión en cuestiones particulares. Nuestra intención es ejercer la discusión u observación crítica (enjuiciadora) de la realización efectiva de los valores constitucionales, más allá o más acá de la pluralidad ideológica partidista.
Entre las muchas alteraciones, adulteraciones y corrupciones que padece hoy nuestra patria, elegiré para estrenar este otro blog hermano un caso de lo que considero ejemplo puro de demagogia, es decir, de aberración democrática: un atentado a la justicia enmascarado de igualdad. Creo que tiene especial carácter ilustrativo y pedagógico por su cercanía al absurdo lógico, de modo que se aproxima a lo idealmente indiscutible cuando se advierte lo que esconde su falsa apariencia de razonabilidad.
Supongo que compartimos la evidencia de que no hay círculos cuadrados. (Dejamos aparte el problema milenario de la cuadratura del círculo, que tiene una significación específicamente geométrica; éste al que me refiero, en cambio, es puramente lógico o lingüístico.) Más aún: es imposible que los haya, porque se trata de una estricta contradicción. Bien. Pues, por lo mismo, hay que sostener que no existe ningún bien material “gratis para todos”, por muy seductora que resulte al sentimiento esta imposibilidad racional y por más frecuente que sea confundir hasta tal punto el deseo con la realidad. Debido a esa típica ofuscación del deseo, resulta algo menos transparente que el absurdo del círculo cuadrado, pero basta un solo movimiento argumental para reconocerlo: los bienes materiales, además de ocupar un espacio y un tiempo determinados, tienen un coste ineludible, es decir, no son ni pueden ser gratis para todos. Así, si algún bien material resulta gratis para alguien es porque otro alguien está corriendo con los gastos.
Dicho de otro modo: a diferencia de los burros voladores y los tréboles de cuatro hojas, la Hacienda estatal existe, pero no somos todos (como afirmaba la propaganda gubernamental de hace algunos años), ni mucho menos, sino sólo los paganos, es decir, la clase media asalariada acorralada implacablemente por el fisco. (Claro que a veces Hacienda desaparece, pero sólo para algunos: las amnistías fiscales, descaradas o enmascaradas, que perpetran los Gobiernos son para los más pudientes y poderosos.)
Los partidos y los Gobiernos, sin embargo, suelen jugar con y reírse de nosotros manipulando el uso de las palabras, para hacernos comulgar con ruedas de molino (la única comunión actualmente vigente, por desgracia, en la política de nuestro país). Repárese, por ejemplo, en la extendida falacia acerca de la gratuidad de los libros escolares, que el año pasado mismo reivindicaba aún el Defensor del Pueblo (http://www.defensordelpueblo.es/es/Documentacion/Publicaciones/monografico/Libros_texto_corregido_con_ADENDA_ULTIMO.pdf), entre otros agentes políticos (http://www.cadenaser.com/sociedad/articulo/defensora-pueblo-unicef-piden-gratuidad-libros-texto/csrcsrpor/20140909csrcsrsoc_7/Tes), aunque sólo se cumple plenamente en la Comunidad Autónoma que sigue la última de la fila en todo, sobre todo en educación y economía (o sigue estando a la cabeza de la ignorancia y la pobreza), tras 37 años de “democracia”: nuestra Andalucía. Basada en una redacción imprecisa de nuestra propia Constitución cuando dice que la enseñanza básica debe ser “obligatoria y gratuita”, oculta o induce a dar por supuesta la falsa lógica de que si la educación es obligatoria para todos también debe ser gratuita para todos, en lugar de lo que sí es lógico y necesario deducir: para todos los que no puedan pagársela. De hecho, sin embargo, lo que esta medida consigue, tras la bondad de su apariencia, es la aniquilación igualitarista no sólo de la justicia, sino de la educación misma, como es fácil advertir, sobre todo si se llevan más de veinte años en la profesión de la enseñanza (caso del servidor que suscribe). En efecto, el efecto de medida es el siguiente:
a) aumenta la desigualdad y la injusticia, puesto que los menos pudientes, que antes se pagaban los libros mediante el sistema de becas, ahora se los pagan a los más pudientes a través de la “confiscación” fiscal (libros gratis hasta para quienes no necesitan la gratuidad, a costa de quienes no pueden comprárselos pero pagan impuestos que no podrán dedicarse, por ejemplo, a más becas para quienes las necesitan);
b) los alumnos aprenden que no hay que gastarse un céntimo en libros, aunque se los gasten diariamente en chucherías, de modo que el profesor no se atreve a recomendar al alumnado (casos heroicos aparte) que compre libro alguno diferente de los manuales escolares que son dispensados en el colegio (no “gratuitamente”, por supuesto, sino a cargo de la “confiscación” fiscal  supuestamente progresista y políticamente correcta pero realmente nefasta y demagógica que hace más pobres a los pobres y más ricos a los ricos);
c) el alumnado aprende igualmente que los libros no son bienes para conservar, repasar y consultar en casa, puesto que se quedan fuera de ella, en el colegio, para pasar de unas manos a otras cada año sin quedarse en ninguna de ellas (“como la falsa mone’a, que de mano en mano va y ninguno se la que’a”).
En suma, no sólo los alumnos menos pudientes resultan así menos pudientes, sino que todos en general resultan empobrecidos no ya en lo económico, sino en un bien mayor que, además, sería el único que podría sacarlos de cualquier pobreza: en su educación o cultura, pues aprenden que los libros son raros objetos que hay que mantener lejos del hogar y de cualquier inversión económica. (Que este indudable y perverso efecto responda a la simple estupidez o a una malévola intención es algo tan indiferente como indiscernible: la apariencia y el resultado son los mismos para un caso y su contrario.)
No era este caso, sin embargo, al que quería principalmente referirme, sino al de la graciosa o gratuita “renta básica” para todo ciudadano que un “nuevo” partido político cree que “Podemos” permitirnos (http://podemos.info/wordpress/wp-content/uploads/2014/05/Programa-Podemos.pdf, pg. 77/36, aunque la noticia era interpretada tal cual en los diversos medios, como éste: http://www.libremercado.com/2014-06-01/la-propuesta-estrella-de-podemos-650-euros-al-mes-para-todos-sin-ninguna-condicion-1276520132/?fb_action_ids=790825950929635&fb_action_types=og.comments&fb_source=aggregation&fb_aggregation_id=288381481237582). Nada puede resultar más atractivo tanto al deseo egoísta como a la benevolencia altruista que la concesión de una asignación económica a cualquier ciudadano "por el mero hecho de serlo"; incondicional, vamos, por más que en caso de trabajar se le pida la devolución, pues se está tentando a la opción de seguir recibiéndola si uno no quiere trabajar alegando lo que le dé la gana o alegando "el mero hecho de ser ciudadano". No en vano coincide con el objetivo de bienestar y dignidad propio de todo humanismo que se precie de tal. El problema está en la nota de incondicionalidad y en la posible falta de adecuación entre el fin y la manera de lograrlo. De manera que, de haber razones en contra, ninguna otra propuesta podría superar a ésta en “calidad” demagógica. Por eso hay que pensar, no sólo sentir. Pensemos un poco, un mínimo, para aproximarnos a la realidad. El deseo y la buena voluntad se presuponen en todo el mundo, así que no vale pretender diferenciarse por ellos.
Veamos, pues: ¿qué pasaría si se aplicara una renta sin contraprestación obligatoria a todo ciudadano? El disparate de los “650 euros al menos para todo ciudadano sin ninguna condición” se ve muy bien con este ejemplo. Tengo un cuñado que está casado y tiene dos niños. Gana 1000 euros y la mujer no trabaja (fuera de casa) ni tiene ingresos. Si se aplicaran estas medidas, la situación pasaría a ser la siguiente: mi cuñado ganaría 300 euros más al mes, porque su mujer ingresaría 650 sin trabajar y él lo mismo dejando de trabajar: se dedicaría al bricolaje, que es lo que le gusta. Lo pagaríamos mi mujer y yo ganando menos y trabajando más (aunque, como somos funcionarios, en realidad esto nos está pasando ya, aun sin “renta básica universal”); no, por supuesto, los profesionales liberales que no contribuyen al fisco como deberían ni nunca los van a pillar, ni otros ciudadanos que obtienen ingresos por economía sumergida ni, por supuesto, las grandes fortunas que o se pagan abogados para defraudar al fisco o, si los pillan, serán indultados con oportunas amnistías fiscales o sencillamente con amiguetes en el Tribunal Supremo. O sea: lo que se llama una medida llena de conocimiento, inteligencia, igualdad y justicia. Un hallazgo. Pero ¿cómo no se nos había ocurrido antes en casi cuarenta años de democracia?
Lo que hemos tenido que esperar para que aparezca otro Pablo Iglesias. Viva el comunismo (nacido en el s. XIX, muerto en el s. XX y en trámites de resurrección, si Dios no lo remedia, para el s. XXI): “libros gratis para todos” y “sueldo gratis para todos”. ¿Podemos cuadrar este círculo? Ustedes dirán.