sábado, 14 de diciembre de 2013

FRANQUISMO

Y ya que nos referimos en nuestro anterior apunte cibernético a la libertad de expresión, tomemos nota de otra muestra sociopolítica para saber cómo le va hoy en la patria a este  valor constitucional, esencia de la vida humana tras el de la vida misma, si es que hemos de distinguirnos de los borregos sumisos y los corderos que se dejan llevar en silencio al matadero.

Así que, por lo visto, derecho a expresarse, a expresar opinión, sobre todo si es verdadera opinión (fruto de la investigación o la reflexión) y no exabrupto articulado, sólo la tiene el que coincide con ellos. Que ¿quiénes son ellos? Por favor, no nos hagamos los tontos, que esto muy serio. Los que tienen por costumbre desde siempre en este país poner verde a la Iglesia católica por lo que hace, porque en realidad hay cosas que hace o ha hecho de las que a ellos les gustaría tener el monopolio (envidia cochina, vamos, no de la “sana”). No me refiero, por supuesto, al mantenimiento de la cultura clásica ni a la fundación de universidades y escuelas ni, mucho menos, a la de hospitales y asociaciones para subvenir la miseria económica a la que suelen llevar al pueblo los gobernantes antiguos y modernos, se vistan de lo que se vistan; no. Me refiero, por supuesto y por ejemplo, al monopolio del dogmatismo y de la inquisición fiscalizadora y punitiva de las creencias y opiniones; al monopolio de la hoguera para libros o personas y al de la persecución de opiniones que se apartan de su presunta ortodoxia sobre cualquier cosa… sin distinguir 8 de 80, que es la esencia de la injusticia (justicia es dar a cada uno lo suyo, no más ni menos) y de la barbaridad lógica.

De manera que ahora “algunos” consideran que lo mismo es nazismo (o sea, nacional-socialismo) que franquismo (véase http://www.elmundo.es/elmundo/2013/10/10/espana/1381418115.html). Lo que no me explico, ya puestos a meter en el mismo saco sapos y culebras, es que no amplíen la ecuación a, no sé, las galletas María, por ejemplo, que ya se vendían mucho en el tiempo de “el dictador” (qué gracia, como si sólo hubiera habido uno, por todos conocido, y no hubiera habido ni haya dictadores no ya en el nacionalsocialismo sino en el sedicente “socialismo” a secas, de antes y de ahora). Lo mismo da un genocidio de seis millones de civiles que las cuentas macabras de los muertos de los dos bandos en una guerra civil, dejando aparte los muertos de la preguerra (de un bando) y los de la posguerra (del otro). En la noche del totalitarismo (y de la ignorancia o la propaganda oscurantista para un pueblo al que se priva de la constitucional y adecuada educación básica en toda una transición democrática que dura ya más de tres décadas y que no se acaba), todos los gatos son pardos. Todo lo que no sea lo que yo digo (no diré lo que “pienso”, por respeto al pensamiento serio), no cuenta ni ha de contarse a nadie nunca, so pena de cárcel.

Más claro: algunos (“ellos”; los, para mí, auténticos “dictadores”) pretenden equiparar franquismo y terrorismo. O peor, por lo visto: los que no denigren absolutamente el franquismo, a la cárcel; los terroristas que han tenido que pasar por la prueba de matar niños y civiles cualesquiera en plena transición democrática en pro del movimiento socialista de liberación del pueblo vasco, fuera (de la cárcel, digo). Dios los cría y ellos se juntan, por lo visto (y los cobardes siempre hacen de estera o alfombra rastrera y muda). Que la verdad la dictan ellos; a tiros si hace falta, porque no es lo mismo que si lo hicieran losotros, que siempre son los malos y así debe ser por decreto que no deje lugar a duda alguna en ninguna cabeza.

Libertad de investigación, libertad de conciencia y libertad de expresión, que se llama. Libertad, dentro de los límites no ya de la lógica o la justicia, sino de lo que ellos marcan: eso no se piensa, eso no se dice, eso no se juzga como a Ud. le parezca. Madre mía, si estos hunos del pensamiento libre y los actuales hotros (con “h” de bárbaro o Atila, el rey de los hunos, de infausta memoria mientras no la prohíban) de la condescendencia acomplejada o igualmente canalla (cualquiera sabe, de los secretos del alma), se tomaran igualmente en serio el delito de apología del terrorismo, es decir: si no se rieran de él (y de las víctimas del terrorismo) todos los días. Entonces en España habría efectivamente justicia, o sea, democracia no orgánica (la de Franco) o popular (la comunista o socialista de Stalin, Largo Caballero –“el Lenin español”, que no pudo llevarla a cabo, por culpa de “el dictador”-- o Fidel Castro), sino democracia de verdad, de la buena: la democracia de derecho, que empieza por tomarse en serio, so pena de cárcel, los derechos liberales y antiabsolutistas de la vida, la libertad y la propiedad de las personas.

Así que nada de ciencia ni de moral como autogestión educativa de los pueblos libres y soberanos, no: dictadura del pensamiento. Yo te diré si te permito ponerte gordo o no, prohibiendo la bollería en los colegios públicos, y yo (“nosotros”) te diré qué debes pensar de esto o lo otro (historia, política, sexo), si es que debes pensar sobre ello en absoluto. Porque esa es la otra, la complementaria jugada de este totalitarismo: borrar de la memoria popular toda seña de Franco, mediante la iconoclastia más arbitraria y desvergonzada; Spain sigue siendo different; o sea, igual de idiota o particular (etimología griega de la palabra, no insulto gratuito; vayan a ponerme una querella los que creen que saben de todo y se ofenden por cualquier cosa que no entiendan).

¿Qué les parecería a Uds. que los franceses borraran de las calles, de los libros y de los museos la imagen, el nombre y la memoria de Napoleón, porque fue un “dictador”? Como si los dictadores que hay en el mundo fueran pocos y estuvieran ya muertos; nos toman por tontos, sin duda. ¿Qué tal borrar de la memoria todo lo que los hunos o los hotros consideran inapropiado o incierto? ¿Qué tal borrar también de nuestra “memoria histórica” y del nombre de calle alguna, en buena lógica equitativa, a Largo Caballero, por haber comandado la revolución de octubre del 34 contra el régimen republicano y que siguió pretendiendo expresamente después (para libertad de expresión, ésa) no la democracia o la república liberal sino la revolución comunista con su desprecio de la democracia “burguesa” y la pretensión de una dictadura “del proletariado”?

Pues más vale prevenir que intentar salir de la cárcel cuando estos celosos vigilantes del pensamiento, la ciencia y la justicia particulares (¿!), que “dialogan con terroristas” (¿!), logren imponer su parecer e invadan nuestras conciencias mediante la proscripción jurídico-política del juicio sobre la historia y de la historia (“memoria histórica”) misma. De modo que, antes de que sea tarde y me penalicen por ello, voy a darme el mismo gusto que “ellos” (los, para mí, “dictadores” sin causa), diciendo lo que pienso de Franco y del franquismo.

Es una nota, ya les digo; lo único necesario para que quien quiera reconocer las cosas por encima de sus filias y fobias prejuiciosas y su emotividad veleidosa, pueda nutrir el pensamiento con verdades como catedrales (no sé si dentro de poco se me prohibirá también la metáfora o si tendré que utilizar otra: “verdades como mezquitas” o “verdades como soviets” o “verdades como checas”). Ahí vaya, vaya:

¿Qué creen Uds. que habría pasado en España si Franco no gana la guerra? (Qué mala es la guerra, qué mala la dictadura, qué mala el hambre y qué mala la crisis). Eso sí es verdad que, miren Uds. por dónde, no quiero ni pensarlo; en esto coincido con “algunos” de losotros españoles, aunque me temo que por motivos opuestos. ¿Deliraba Franco cuando dijo salvarnos de la revolución y dictadura comunista? Creo, y no creo que sea fe religiosa ni sectaria, que no. Y es que está lo malo y lo peor, que es peor, como la propia palabra indica. Y bueno, bueno, aún no ha demostrado nuestro pueblo que sea: de ahí que hayamos convertido la Transición a la democracia en una historia interminable y aún estemos hablando de estas cosas y criticando estas barbaridades impropias de una democracia de derecho.

Los que distinguen tres en un burro, 8 de 80, gato de liebre y justicia de venganza, distinguen en el régimen de Franco tres etapas distintas. A mí me tocó vivir la tercera y última, aquella en la que yo pude estudiar con beca, como mis dos hermanos, y terminar una carrera y ascender, como ellos, en la escala social, cultural y económica, pese a ser mi padre un modesto empleado. Las razones (que no sé si tendré que borrar por decreto de mi memoria, con tal de no ir a la cárcel) son las siguientes:
                a) no me morí de enfermedades tercermundistas, porque Franco estableció una Seguridad Social envidiable y ya pudimos ir al médico los que no teníamos dinero;
                b) no me morí de hambre porque la legislación laboral de Franco obligaba a las empresas a mantener de por vida en nómina a un trabajador que ya llevara un año en la empresa, como le pasó a mi padre, sin sindicatos socialistas ni presuntos cursos de formación de empleo y otros inventos al efecto de darnos gato por liebre;
                c) no me morí de pena, por falta de cultura, porque, ya digo, había becas para los que estudiábamos de verdad y, a pesar de la baja extracción sociocultural, oh milagro, con motivación por la educación verdadera, exigencia y disciplina podíamos movilizarnos socialmente en el mejor de los sentidos: subir en la escala social por nuestro esfuerzo, capacidad y mérito.
                Sería, pues, un mal nacido (de los que ya bastantes hay, por cierto) si, olvidando todo esto, no lo agradeciera. Lo que sí querría olvidar cuanto antes es la pesadilla de que ignorantes o sinvergüenzas de alta calaña manipulen la historia y pretendan manipular las conciencias, como lo vienen intentando sin falta, aunque lo mientan a la manera de los sastres, rey y populacho del cuento de Andersen El traje del emperador (el que sólo veían los listos y listas; pero qué listos y qué listas de espera provocan en todos los asuntos que importan; total, ellos viven no en la inopia, sino en la abundancia y, a más señas, en La Moraleja).
                Por cierto: ya puestos los que así se pongan, si no se oponen losotros, que no olviden el delito vigente de apología del terrorismo y no excluyan de él ni a la Eta ni al resto de antisistemas que predican, si no la revolución y la guerra, la alteración sistemática de las reglas a que nos sometemos los demócratas, menos listos y valientes que ellos.
                Por cierto bis: qué manera de manipular en la prensa: en casi toda ella, que he consultado, se dice que “sólo” el PP se ha opuesto a esta pretensión (absurda y sectaria) de demonizar legalmente el franquismo y zanjar la discusión al respecto por quienes (afortunadamente) perdieron la guerra. “Sólo” el PP, o sea; sólo más de media España, sólo la mayoría absoluta de los españoles. Sin comentarios.