DIGNIFÍCATE




“Indígnate” es la consigna que he leído hoy en una pancarta. O sea: si Ud. no está indignado, póngase airado. O sea: si no tiene Ud. la dignidad de estar ya indignado, engrose el pelotón de borregos de nuestra confusa o contradictoria causa. Me resulta indignante la proclama. Porque cualquier persona con dignidad y conocimiento ya estaba y está indignada por la situación que padecemos en España, y que tiene como culpable al Gobierno, no al “sistema”. Por lo demás, distingamos en este concepto sus diferentes aspectos. El sistema político que disfrutamos en España es el mejor que hemos tenido, el más excelso, una democracia constitucional o de Derecho. Da igual, en este caso, cuál fuera su origen o inicio desencadenante, la circunstancia política de 1978: lo que importa es su esencia y consistencia, que sólo se puede menospreciar o despreciar de modo ignorante o perverso. Esto es lo que toca a la dignidad porque toca a la justicia, al respeto, a la legalidad, a las formas de convivencia civilizadas frente a la inveterada y bárbara, al deber y al compromiso como valor supremo y condicionante del bienestar mismo.


Hay que distinguir y jerarquizar estos dos valores. El del bienestar o felicidad tiene que ver, pragmáticamente, con la economía, con el sistema económico. Contra ambos se dirige confusamente (priorizando perversamente el segundo) este movimiento insurrecto, de origen y final incierto. Pero no ver la inviolabilidad del primer sentido del “sistema” lo descalifica por completo, debiendo producir una seria alarma: ¿saltarnos la legalidad, cuestionar la formalidad democrática que por fin disfrutamos en España, aunque su ejercicio suponga una lucha y autocrítica constante, negar que lo que tenemos sea una democracia porque, como todo, sea falible y perfectible? ¿Desde qué noción alternativa de “democracia”: la asamblearia, la arbitraria, la de la agitación y la rebelión permanente (o de sospechoso oportunismo)? Entonces no están defendiendo nada; nada que merezca nuestra atención. Y pierden toda razón que nos solidarice con ellos en lugar de que queden en minoría anómala. Porque entonces defienden la dictadura de los iluminados, que se sienten por encima del bien y el mal y ponen hipócritamente en su boca la palabra “democracia” como la ponían la “democracia popular” soviética o cubana o la “democracia orgánica” franquista. Y si no quieren democracia auténtica (diálogo, lucha de razones, atenimiento al principio de la mayoría), entonces son, aunque quieran engañarnos y se engañen, despreciables dictadores o simples y resentidos adolescentes. No tiene justificación alguna que infrinjan las reglas de juego del Estado democrático de Derecho (insumisión frente al dictamen de la Junta Electoral que prohíbe su concentración en día de reflexión electoral) y se arroguen la representatividad del pueblo frente al Parlamento, contraviniendo el dictamen de nuestras instituciones, las de la democracia de derecho que la mayoría del pueblo español acordó darse civilizadamente, para cambiar y mejorar nuestra historia.


En cuanto a la proclama contra el “sistema” capitalista, tan ingenua y desfasada, después de la desastrosa experiencia histórica del comunismo (la ideología que hay detrás de IU; el partido que alienta a las claras a estos antisistema recolectores de indignos despistados o pasivos hasta ahora no indignados), volvemos a las mismas: ¿acaso proponen, en lugar de su control o reforma, aniquilarlo por revolución violenta en lugar de por vía democrática, dialógica, con razones y convicciones que se conquistan, en lugar de por cojones y por las armas? ¿No? Entonces, ¿cómo cuestionan la democracia real que disfrutamos y contravienen sus decisiones legales? Ya tenemos medios, tanto dentro como fuera del Parlamento, para, desde y con la democracia, luchar por la justicia social y económica. Pero saltarse la justicia legal los descalifica y reduce, en el más cándido de los supuestos, a adolescentes, inmaduros, tardorrománticos, ignorantes de la historia y de sí mismos. Si, en cambio, lo que pretenden, es justificar eventualmente la violencia, la indulgencia y connivencia con el terrorismo que ya se percibe en España (y que los demócratas reales, sin embargo, encajamos democráticamente pese al desacuerdo con el Tribunal Constitucional), entonces esto no es justicia sino guerra y lo suyo, simplemente, un recalcitrante manifiesto comunista que, como muestra la historia (tanto pasada como reciente), utiliza el Estado de Derecho hipócrita y cínicamente, según convenga (como la “filosofía” de Rubalcaba).

Los verdaderos demócratas, entonces, sólo tenemos un medio de luchar contra esta barbarie ignorante o artera y maquiavélica: utilizar el sistema, el sistema y los mecanismos democráticos, para contener este movimiento y a sus cómplices, votando el próximo domingo a quienes más alejados se encuentran de esta disparatada confusión sobre nuestro “sistema”: los que defiendan el Estado de Derecho como fin y valor absoluto (no como un medio) y a quienes más competencia económica se les presuma. Es cuestión de auténtica dignidad y justicia, que incluye dar su merecido electoral a los causantes o aprovechados de nuestra actual ruina económica. No, señores: sólo en la noche de la ignorancia son pardos todos los gatos y se difumina el nombre propio de los responsables de cada cosa. Nadie es perfecto; ni Uds.; eso ya lo sabemos la mayoría sensata, que nos dimos una democracia constitucional para juzgar cada cuatro años la gestión mejor o peor de nuestros representantes. De eso, ni más ni menos, se trata de nuevo ahora.

LA CAMISA DEL REY Y EL DESARME MORAL DE ESPAÑA

El Príncipe de la nación, desnudo (de conocimiento y juicio). El Estado, en pelotas (jurídicas). España, desarmándose moralmente ante una banda terrorista (http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/19/espana/1319034890.html).
He leído el más reciente comunicado de ETA (http://estaticos.elmundo.es/documentos/2011/10/20/comunicado_eta.pdf). Como cabía esperar de una banda terrorista (cuya auténtica rendición o derrota sólo puede consistir en la entrega de las armas sin más comunicado oficial que el del Estado proclamando su victoria), exhibe, como siempre, la indignante insolencia que convierte cínicamente el crimen  en un “conflicto” político con el Estado, sin renunciar a las delirantes exigencias por las que ha asesinado casi mil vidas y familias y condicionando, una vez más, la superación del “conflicto armado” a la concesión de sus imposiciones. Por supuesto, con el típico señuelo añadido de las treguas-trampa para, además de los sinvergüenzas que lo aprovechan, los bobos y cobardes (como deben de ser los españoles para los etarras, que quizá se tapan la cara para que no se les vea troncharse de la risa): un incoherente e increíble “cese definitivo de su actividad armada”, cuya contradicción absoluta sólo puede disimularse incrustando el aserto en párrafo y línea distinto del resto de arbitrariedades que la banda asesina considera expresión de auténtica “paz y libertad” frente a la “imposición que aún perdura”.

No cabe la menor duda: “y, así, la superación de la confrontación armada”, dice el texto. “Así”, es decir: tras el “diálogo” exigido con los Estados de España y Francia para “resolver”, según su entender y conveniencia, el “conflicto” y “sus consecuencias” (se tratará de amnistía e indemnización a las “víctimas”: los terroristas muertos o encarcelados). Omisión, por supuesto, de cualquier arrepentimiento: la única lamentación es por los terroristas caídos “en la lucha” o encarcelados. Al contrario, saludan la nueva circunstancia histórica en que actuales cambios políticos marcan la hora de proseguir “la lucha” sin armas. (Sin duda: la banda terrorista ya cuenta con representación y subvención económica institucional, bajo el nombre de Bildu, pese a la rotunda oposición de los cuerpos de seguridad del Estado, del Tribunal Supremo y de la mitad del Tribunal Constitucional. Otro asesinato ahora, cuando están ganando el dominio político que pretendían en virtud de su terrorismo y el síndrome de Estocolmo que han provocado en media nación española, sería incompatible con su representación política y los devolvería a la dura fase de la clandestinidad, las bombas y el tiro en la nuca, jugándose la propia vida. El despotismo es mucho más llevadero cuando cuenta con una sumisión firmemente arraigada en la ceguera y el autoengaño profundo.)

Lo único nuevo, pues, en este comunicado criminal es el triunfalismo de su oposición terrorista al Estado democrático de Derecho. Y, sin embargo, la mayoría absoluta (poco menos que la totalidad) de los partidos políticos y medios de comunicación social están hablando inverosímilmente, haciendo lo blanco negro (o más bien al contrario), de triunfo del Estado de Derecho, de derrota de ETA, de rendición, de final del terrorismo. No sólo el partido y los medios verosímil y lamentablemente interesados en presentar como única baza electoral posible la farsa de una falsa pero aparente victoria sobre el terrorismo, sino casi todos los partidos y medios (http://www.rtve.es/noticias/20111020/eta-anuncia-cese-definitivo-actividad-armada-pide-gobierno-abrir-proceso-dialogo/469705.shtml).

¿Será que en España no se lee, y casi nadie ha leído el comunicado? ¿Será que, a estas alturas de leyes antieducativas, es rara la lectura comprensiva en escolares, periodistas y profesionales? ¿Será que el terrorismo ha ganado la partida, es decir, ha acobardado el ánimo y la voluntad de la nación, viciando la visión y la lectura objetiva de las cosas? ¿Será que la otra (media) España también se ha rajado de los “principios” (Rajoy presumió de ellos, como su única baza, en su última derrota electoral) y está encenagada en el torpe “pragmatismo” de la demagogia electoral que trata como necio y canalla al pueblo?
No está de creer. Es para frotarse los ojos y no salir del asombro. Si no fuera por la historia y por los cuentos, pensaría que Mayor Oreja, Rosa Díez (http://www.publico.es/espana/402699/rosa-diez-y-mayor-oreja-exigen-no-hacer-caso-al-comunicado-de-eta),  las Asociaciones de víctimas (http://www.rtve.es/noticias/20111020/mayoria-victimas-defraudadas-porque-eta-se-disuelve-entrega-armas/469742.shtml), la empresa mediática “libertad digital” (http://www.libertaddigital.com/nacional/2011-11-10/gara-avanza-su-entrevista-con-eta-el-desarme-esta-en-la-agenda-1276440987/) y yo mismo somos los que deliramos, padeciendo un pavoroso delirium tremens aun sin haber bebido ni gota. Pero no. Un pueblo entero, como la ilustre y clásica Atenas, puede dejar solo, como corrupto y loco, a su más sensato ciudadano (Sócrates); un pueblo entero, el más culto de Europa, puede ser avestruz conniviente y cómplice de un genocidio en pleno siglo XX (la Alemania nazi). Y el cuento (los grandes cuentos reflejan las constantes psíquicas humanas) de Andersen lo deja bien claro: el rey puede estar desnudo, y sólo un chiquillo decirlo, pese a que un pueblo entero aplauda la belleza de su camisa nueva, que sólo ven “los inteligentes”.

Sean cuales sean los motivos (razón o justificación no hay ninguna), el hecho no me alegra en absoluto, sino que me indigna y apena y, en uso de la libertad de expresión pública que aún disfruto, aquí lo consigno, por si de algo vale la pena: no el hecho de que unos pocos asesinos pretendan jugar a dominadores del pueblo robando, asesinando y, siempre por delante, mintiendo (para abaratar costos y esfuerzos), sino el de que un pueblo entero convierta en listillo al tonto del pueblo y haga el tonto de esta manera tan indigna y peligrosa. Qué peligro, haber perdido el criterio que discrimina justamente el bien  del mal, la paz de la cobardía, la libertad de la anarquía, la democracia de la algarabía, el verdugo de la víctima, el disgusto de la injusticia, el conflicto político o incluso la confrontación armada del simple e infame terrorismo; el Derecho del reverso siniestro.

Para mí, ahora, el Estado español está siendo derrotado por la banda terrorista ETA y se está, peor aún, rindiendo cuando, por falta de principios y discernimiento, hace blanco lo negro y confunde inmaduramente la realidad con el deseo. Pero una mentira no lo es menos por mucho que se repita. En cuanto a la verdad, no necesita defensa: son los individuos y pueblos quienes tienen que luchar por vivir en ella. ¿“Victoria del Estado de Derecho”? Qué confusión más necia y sintomática. El Estado de Derecho, como la justicia y la matemática, no luchan ni vencen: es España, ahora, la que está siendo desarmada y vencida moralmente precisamente por lo contrario de lo que está presumiendo: por no regir estrictamente su convivencia de acuerdo con el Derecho, la Dignidad y la Justicia.


Qué vergüenza y qué lástima. Lástima de las víctimas, que no son sólo los asesinados físicamente sino todos nosotros, el pueblo español, moralmente, mortalmente herido en su dignidad. Aunque no hay que perder la esperanza de que esta situación se revierta. Basta con que no se apague del todo la luz de la verdad y que nos unamos y la voceemos oportuna y omnímodamente cuantos creemos verla.

CARNAVAL GUBERNAMENTAL

Como observador crítico de la constitucionalidad en nuestro país (o sea, como responsable de mi ciudadanía), no puedo pasar por alto de ninguna manera las recientes declaraciones, para empezar, de la actual ministra de Sanidad, doña Leyre Pajín. Como puede saberse, ha expuesto su intención de convertir en ley un castigo extraordinario a quienes estén acusados de maltrato doméstico, mal llamado “de género” por el Gobierno y la prensa que secunda sus peregrinas ocurrencias transgresivas, que empiezan por el maltrato sistemático a la lengua (http://www.libertaddigital.com/sociedad/pajin-quiere-retirar-la-custodia-a-los-conyugues-sic-acusados-de-maltrato-1276408017/).

Doña Leyre pretende que, antes de una posible condena por maltrato al “cónyugue” (un nuevo invento que no es, nuevamente, sino una ignorancia transgresiva: la mala lectura y pronunciación de la palabra “cónyuge”), al acusado se le retire inmediatamente la custodia sobre sus hijos, cortando de raíz la discrecionalidad que la actual legislación concede a los jueces. Antes de que se pruebe si es culpable. O sea: una vez más pretende este Gobierno atentar contra un derecho no cualquiera, sino fundamental: la presunción de inocencia propia e imprescindible en un Estado de Derecho. Una discriminación más ante la ley, por razones de sexo, en un Gobierno que se pretende adalid de la igualdad, de los derechos, y detractor del sexismo (de nuevo: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”). Como la que ya ha inducido a cometer contra los varones acusados de maltrato conyugal, los cuales pueden pasar una noche en el calabozo sólo por haber sido denunciados, a diferencia del resto de los españoles en el caso de la mayoría de los restantes presuntos delitos.

Lo cual es ya rizar el rizo del disparate absolutista o anticonstitucionalista (de “quiebra del Estado de Derecho” ha calificado esta medida, ya aprobada en el Consejo de Ministros de 27-11-10, la Unión Estatal de Federaciones y Asociaciones por la Custodia Compartida, así como muchas asociaciones de jueces la han cuestionado radicalmente): se pretende condenar o penalizar injustamente (sin mediación de la Justicia constitucionalmente establecida) por un delito distinto de aquel al que se denuncia, o con una pena distinta a la que correspondería. Porque no se trata de dictar judicialmente orden de alejamiento de la pareja (lo que ya se practica), ni tampoco de tomar una medida cautelar o preventiva ante la gravedad del posible delito (lo que tampoco sería una innovación judicial), ya que el posible delito del caso no es maltrato a los hijos, ni en todos los casos ocurre necesariamente que el maltrato al cónyuge vaya unido a ese otro por el que se quiere castigar “preventivamente”, aunque no haya denuncia específica: “criterio” de prevención por el que bien podrían acabar metiéndonos en la cárcel a cualesquiera ciudadanos por cualquier cosa si se le ocurre a cualquiera de estas ministras o ministros.

Se trata, pues,  de mezclar churras con merinas en pura asociación feminista paranoide, sin la menor conexión lógica o jurídica, con la consecuencia de imponer arbitrariamente castigos tan ilegítimos como antilegales por mera iracundia. O sea: con la mentalidad propia del incivilizado que, sin someterse a razón ni derecho (justicia legal), quiere imponer por su cuenta (o desde un ministerio, si le dejan) “su” justicia, aunque perezca la justicia. Esta arbitrariedad es signo inequívoco de ignorar el derecho, o de no creer en él por no comprenderlo, o de incurrir en desafuero por no asumirlo. Lamentablemente, no extraña este nuevo signo que, asociado a otros, constituye un síndrome identificativo de la ideología y el partido del “diálogo” con el terrorismo y con las dictaduras y el adoctrinamiento partidista (o sea, totalitarista) en “educación” (como la condenada en reciente sentencia del Tribunal Constitucional en un texto escolar de “Educación para la ciudadanía”, aunque sería aplicable a la mayoría, como es comprobable si se cotejan los textos y la sentencia). O del GAL, por hacer un poco de “memoria histórica” de nuestra circunstancia, que es la democracia constitucional.

Pero, ¿qué decir, además, de la propuesta de D. Alfredo Pérez Rubalcaba, actual ministro de Interior, Vicepresidente primero y Portavoz del Gobierno, sobre la formación de los profesores, a quienes se le ha ocurrido obligar a una especie de residencia interna como la de los médicos (M.I.R.) antes de reconocerlos como docentes? Pues, ante todo, que pretende legislar sin consultar a los expertos (que sólo son, en este caso, los interesados: los docentes mismos) y que establece una impertinente analogía, dudosa hasta lo risible, entre la pericia clínica que trata con la vida y la pericia general que en cualquier otro caso sólo aporta la práctica (¿o acaso habría que someter a los jueces, o a los ingenieros, o a los policías, a una residencia interna y provisional –otro MIR- antes de reconocer que ya hacen lo que hacían y pagarles como corresponde, antigüedad aparte, porque se le ocurra a uno de estos ministros o ministras?) O sea, que quiere gobernar imponiendo sus “ideas” sin tener mucha ni poca idea sobre los asuntos. Pero, sobre todo, por lo que afecta al civilizado espíritu constitucional que sería su deber conocer y respetar (el de una democracia de Derecho), que cree poder legislar sobre cualquier cosa, aunque no corresponda a su función ni ministerio. Con el mismo estilo de la ministra Pajín, cuya propuesta ha justificado.


Porque, ¿qué hacen la ministra de Sanidad (aunque también de Asuntos Sociales e “Igualdad”) pontificando sobre Justicia y el ministro del Interior innovando sobre Educación? ¿Por dónde anda la división de poderes legislativo, ejecutivo y judicial actualmente en nuestro país? No tengo ni “pajinera” idea. Este estilo, este “talante” no es de recibo en un “Estado social y democrático de Derecho” (art. 1 de nuestra Constitución), sino más propio del totalitarismo absolutista. Estamos, y es derecho y deber criticarlo públicamente, ante un carnaval gubernamental. Pero no sólo porque los ministros y ministras no lo son de lo que parece o los han puesto, ni porque se ponen en un ministerio como se cambia de disfraz (ahora, la ex ministra de Sanidad trabaja en el ministerio de Exteriores como Secretaria de Estado para Iberoamérica, sin ser ni médica ni diplomática de carrera; etc., etc.), sino porque el Gobierno en bloque, aun investido en una democracia constitucional y vestido de demócrata en sus palabras, más parece operar como un enmascarado tirano absolutista y totalitario, que quiere imponer en todos los asuntos de la vida ajena ni más ni menos que lo que le da la gana.

INCULTURA POLÍTICA

En el debate parlamentario sobre el estado de la Nación que hoy acaba, el Presidente del Gobierno, Rodríguez Z., cuestionó ayer la representatividad de la diputada de UPyD, Sra. Rosa Díez, cuando ésta le acusó de "corrupción institucional" (http://www.elmundo.es/elmundo/2010/07/15/espana/1279183641.html), alegando que su partido tenía sólo un escaño, lo que la descalifica para arrogarse la potestad de interpretar la voluntad popular, aun reconociéndole en ello un gesto de "valentía". La impropiedad de hablar en este caso de "valentía" en lugar de "osadía" o, con estricta propiedad, de "insolencia" no necesariamente se debe a ignorancia sino que podemos atribuirla a la licencia retórica de la ironía. Ahora bien, el alegato o argumento mismo es un signo palmario de la, más que grave, imperdonable incultura (peor aún que incompetencia) política de quien actualmente está empeñado en conducir a España a un destino político temiblemente final.

En efecto, el Presidente no debería ignorar que en la democracia representativa todos y cada uno de los diputados representan a la Nación entera, sus intereses y valores generales y colectivos, aunque hayan sido elegidos en circunscripciones naturalmente particulares (¿de qué otro modo podría ser elegidos por los ciudadanos?). Los diputados no son delegados o representantes de los intereses particulares de su circunscripción electiva. De ahí que la democracia representativa, pese a haber venido impuesta por la compleja magnitud de las sociedades modernas, no sea cualitativamente una democracia disminuida o diluida sino, al contrario, la mejor garantía, en principio, de que legisladores y gobernantes no beligeren por sus parciales intereses sino por los de toda la Nación. Por ello puede cualquier ciudadano presentarse a su elección como diputado por cualquier provincia o circunscripción diferente a la de su residencia o nacimiento sin que ello constituya un contrasentido o un fraude de ley.

De modo que aquí la razón cuantitativa es razón irrelevante para el punto en discusión. Pero, ¿qué decir, además, de otra cuestión esencialmente cualitativa como la de que el Parlamento no justifica su función por el mero cálculo de votos sino que debe atender primero a las razones de contenido o argumentos que los parlamentarios expongan en la debida deliberación que justifica el nombre mismo de Parlamento? Aquí el actual Presidente del Gobierno de España no sólo se muestra ajeno a la imprescindible CULTURA requerida para una gestión política responsable, sino al sentido común y a la RAZÓN misma, a la cual desatiende expresamente escurriendo su responsabilidad por la frívola pendiente de la fuerza del número. Peor aún, esta su sinrazón (como la sinrazón del número que posibilita la incongruencia de menospreciar a un Partido o/y diputada que cuenta con más votos, y sin embargo menos escaños, que el Partido con el que necesita aliarse para seguir en el poder “cueste lo que cueste”, el PNV) muestra como increíble e indigna de confianza su VOLUNTAD misma de servir a la Nación, y no a su interés particular o partidista, pues ¿puede acaso simplemente ignorar que la razón puede estar en uno solo o en cualquiera de los diputados que parlamentan genuinamente, aunque él cuente con el aplauso, quizá servil, de una mayoría instalada en el poder?


Mal, muy mal horizonte se divisa hoy para el destino de España cuando su Presidente se muestra ajeno al sentido del Parlamento, a la voz de la razón y a la voluntad de respeto a sus legítimos representantes. Un Presidente que no sólo contraviene soberanamente el “talante” de “diálogo” (“dime de qué presumes y te diré de qué careces”: una vez má confirmado) sino que muestra objetiva e innegablemente (una vez más, en otra cuestión tan esencial como los significados de “democracia”, “diálogo”, “nación”, etc.) tamaña incultura política. No es que le falte voluntad o raciocinio, es que no sabe siquiera de qué va el juego político, a qué estamos jugando, qué nos estamos jugando. Pero lo peor, lo más tremebundo, sería comprobar que la mayoría de la ciudadanía es incapaz de crítica porque comparte la misma incultura política y, por tanto, sobre la Constitución que nos constituye como Nación, más acá de los partidismos.

INDECENCIA GUBERNAMENTAL

El brazo sindicalista del actual Gobierno español estrena nueva función en la pantomima engañabobos para mantener sus privilegios a costa del pueblo allanado (sería ya equívoco y sarcástico hablar de "trabajadores" con cinco millones de parados): insinuación de "huelga general" para simular enfado por las medidas "antisociales" que pretenden atajar, al rancio modo canalla y oligárquico, la ruina a que nos han llevado. ¿Huelga general? ¿Para qué? ¿Para cambiar de medidas? Nos tienen cogida la medida; de eso no cabe duda. La única medida urgente, radical y efectiva, tanto práctica como decente, sería exigir la dimisión inmediata del Gobierno y la convocatoria de nuevas elecciones. Su incompetencia es tan palmaria que se conoce hasta en Australia (en cuanto al fondo). Su mentira cínica y constante, inocultable (en cuanto a la forma, que es lo más grave). Aunque lloviera la riqueza, nada se arreglaría: ya la había, y se ha tirado por la borda, y sigue tirándose (ninguna medida justa y adecuada). Sería como seguir escanciando líquido en un tonel con el fondo roto. El problema es este Gobierno, que ahora se ve forzado, desde fuera de nuestras fronteras, a practicar la política exactamente contraria a aquella que supuestamente le define y por la que pidió el voto. Porque la Unión Europea, y hasta Norteamérica, no están dispuestos a  consentir la amenaza de padecer la misma suerte que España por culpa de los mismos. Si el Gobierno actual tuviera un mínimo de vergüenza, se borraría del mapa que ha estado intentando borrar: España. Si no lo hace, es que carece de la más mínima decencia. No cabe otra "lectura" de la farsa como no sea la de la farsa misma y los que viven de ella a costa de los otros: los que trabajan, cobran poco y lo pagan todo; como en los viejos tiempos de antes del "socialismo". No cabe suponer que tenga lugar el cambio requerido, aunque no podamos dejar de esperarlo. Porque la demagogia no tiene ideología ni partido. Y el miedo a la verdad, que alimenta el prejuicio y la contumacia hasta la ruina consumada, tampoco. Mejor dicho: engañantes y engañados, el sistema de la indecente farsa, son todos siempre del PP: el Partido Propio.

ABSOLUTISMO GUBERNAMENTAL

No hallo tiempo para escribir lo que querría o como lo querría. Pero, como reza el refrán francés (citado por Hegel en sus Principios de Filosofía del Derecho), "lo mejor es enemigo de lo bueno". O, como suele repetir mi bendita madre, "no te arrepientas de lo que hagas, sino de lo que no hagas". Así que aquí va, sencillamente, una cosilla entre otras; al menos dormiré más tranquilo, aunque lo que querría es quitarle un poco el sueño a más de uno (y no me refiero sólo al físico). ¿Se han dado uds. cuenta, o quizá padezco alucinaciones? Me refiero al "talante" y las iniciativas absolutistas del actual Gobierno de España. Alineo unos cuantos indicios, si es que no pruebas, que deberían quitarnos el sueño a todos. 

Una: la ministra de Sanidad ha dicho (se lo he escuchado por radio): "Sabiendo como sé lo malo que es el tabaco, no voy a consentir que los españoles sigan fumando". Más o menos. Con dos cosenos. Mamá Jiménez, la santísima Trinidad, a sus niños pequeños y traviesos.

Otra de la misma: se prepara nueva asignatura obligatoria en las escuelas: educación sexual. Remedo de las viejas manualidades, debe de ser. Para que sepamos qué nos traemos entre manos y otras partes del cuerpo. Para qué sirven los deditos y los ojitos, y dónde los tenemos.

Otra: la misma ministra, junto con la de igual da (sic: la de igual da que "no se sepa" científicamente si el embrión que alberga una madre es humano o vaya ud. a saber de qué especie: de todos modos, ante tamaña evidencia, conviene cambiar los principios mismos de la vida y transmutar la despenalización de un crimen por un "derecho"), ha financiado un video "didáctico" en desarrollo y aplicación de la nueva ley de "salud reproductiva y sexual", editado por la Cruz Roja, en el que se invita a los preadolescentes a practicar entre ellos (sin discriminación de sexo, por supuesto), todo tipo de prácticas sexuales, sexo anal incluido (como se sabe, ante ciertas denuncias, la Cruz Roja lo ha retirado enseguida admitiendo el "error" y pretendiendo, en misión imposible, exculpar por completo al ministerio). Véase: http://www.libertaddigital.com/sociedad/juego-subvencionado-por-sanidad-sexo-anal-y-juguetes-sexuales-para-alumnos-de-15-anos-1276386502/4.html

Otra de ministra, la de igual da (aunque da igual de qué ministra o ministro se trate, con este Gobierno): vamos a ir olvidándonos de leer cuentos como el de Blancanieves, porque son machistas y "sexistas" (por lo visto esto sí debe de saberse "científicamente"), así que ¡hala!: ya os iremos diciendo cuáles son las lecturas debidas y convenientes, españolitos, en sucesivos programas "educativos" según el superior saber y entender de este Gobierno (que parece salido de un cómic de Woody Allen, ya saben, el famoso "científico" que ha dictaminado: "Hay dos cosas importantes en esta vida; una es el sexo y la otra... no me acuerdo").

Basta con esto (y sobra, ampliamente). Me cuestiono: ¿qué entienden estas ministras, y su Presidente, por ministerios, gobierno, legislación, poder estatal? ¿Creen que pueden administrar, prohibir y mandar todo lo que se les ocurra a ellos, "científicamente", que está bien, que es lo correcto? ¿Saben lo que es absolutismo, totalitarismo, despotismo paternalista? ¿Saben lo que es libertad, diferencia, pluralidad, democracia? ¿Conocen "científicamente" la diferencia esencial entre la "democracia popular" de Stalin o Fidel Castro, o la "democracia orgánica" de Franco, y un Estado, como el nuestro, "democrático de Derecho"?

Lo grave, crucial y decisivo no es esto, de todos modos, sino esto otro que también cuestiono: ¿saben los españoles la finalidad y los límites de un Estado moderno, fundado en la inviolable libertad y autonomía de ciudadanos iguales en la dignidad y la responsabilidad de investigar y decidir ellos mismos qué es conveniente para su vida y qué hacen con ella? ¿Saben, sabemos, recordamos que el Estado que contratamos a nuestro servicio, y cuya relativa soberanía es delegada y representativa,  debe limitarse a garantizar que todos respetemos la libertad de todos, es decir, el Derecho que nos limita para que todos podamos ser todo lo libres que podemos, ni más ni menos? ¿Hemos olvidado, si alguna vez hemos aprendido, que el "bien común" que ha de procurar el Estado no es sino el mínimo común denominador del respeto recíproco, y que todo otro bien es asunto privado o abierto al público de modo libre y espontáneo, pero vetado a la Administración "pública" o el estamento político del Estado?

Tremenda perspicacia la de George Bernard Shaw: "la democracia es el sistema que garantiza que un pueblo no pueda tener un gobierno mejor del que se merece". O, mejor, necesita.

EDUCACIÓN: LO ACTUAL Y LO CLÁSICO

Ahora nos dicen que va a procurarse un pacto de Estado por la educación; ahora que, como en Economía, la situación no es de "desaceleración" ni de crisis, sino de auténtica ruina que padeceremos ya inexorablemente durante más de una generación. No hace mucho, cuando se estaba cociendo la vigente  LOE (Ley Orgánica de Educación), que no es sino la LOGSE recocida, envié al Parlamento y al Senado un escrito en que ofrecía mi visión razonada sobre la crisis educativa, aplicando al presente principios clásicos (de valor perenne) que no precisan innovación alguna (renovación, en todo caso) sino recuerdo, conservación y sostenimiento más acá de los vaivenes modernistas (de la moda) de la sociedad y la pedagogía. Aquí os lo transcribo a todos, ya que lo que reivindica no tiene fecha de caducidad, aunque sí requeriría el aviso de "asumir preferentemente antes de" pasado mañana; es decir: cuanto antes.

DEMÓCRATAS Y DEMÓCRITAS (MÁS SOBRE “PODEMOS”)

¿Increíble? ¿Cierto? Según diversos medios de contaminación informativa ( http://www.libertaddigital.com/espana/politica/2014-11-02/pod...