<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8209383212286531843</id><updated>2012-02-17T02:59:27.887+01:00</updated><category term='marxismo'/><category term='democracia'/><category term='moral'/><category term='sexualidad'/><category term='educación'/><category term='aborto'/><category term='violencia'/><category term='Gobierno de España'/><title type='text'>examinando la vida</title><subtitle type='html'>"Una vida que no se examina no es propia de un hombre", hace decir Platón a su maestro en la Apología de Sócrates. Ambos sabían que el diálogo es el modo privilegiado de practicar el imperativo de conocernos para ser más auténticos. Pues los demás son nuestro espejo y nunca se aprende más que cuando se quiere mostrar algo.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://examinandolavida.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8209383212286531843/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://examinandolavida.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>José Ramos Salguero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04148413292399732797</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_8gVFOWvXdc0/S2nCAuu2UdI/AAAAAAAAAAM/N4-7igfUwAU/S220/IMG_1270.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>7</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8209383212286531843.post-3295918782687119783</id><published>2010-05-14T00:40:00.004+02:00</published><updated>2010-05-16T23:47:43.653+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Gobierno de España'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='violencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='moral'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='marxismo'/><title type='text'>Indecencia gubernamental</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El brazo sindicalista del actual Gobierno español estrena nueva función en la pantomima engañabobos para mantener sus privilegios a costa del pueblo allanado (sería ya equívoco y sarcástico hablar de "trabajadores" con cinco millones de parados): insinuación de "huelga general" para simular enfado por las medidas "antisociales" que pretenden atajar, al rancio modo canalla y oligárquico, la ruina a que nos han llevado. ¿Huelga general? ¿Para qué? ¿Para cambiar de medidas? Nos tienen cogida la medida; de eso no cabe duda. La única medida urgente, radical y efectiva, tanto práctica como decente, sería exigir la dimisión inmediata del Gobierno y la convocatoria de nuevas elecciones. Su incompetencia es tan palmaria que se conoce hasta en Australia (en cuanto al fondo). Su mentira cínica y constante, inocultable (en cuanto a la forma, que es lo más grave). Aunque lloviera la riqueza, nada se arreglaría: ya la había, y se ha tirado por la borda, y sigue tirándose (ninguna medida justa y adecuada). Sería como seguir escanciando líquido en un tonel con el fondo roto. El problema es este Gobierno, que ahora se ve forzado, desde fuera de nuestras fronteras, a practicar la política exactamente contraria a aquella que supuestamente le define y por la que pidió el voto. Porque la Unión Europea, y hasta Norteamérica, no están dispuestos a&amp;nbsp; consentir la amenaza de padecer la misma suerte que  España por culpa de los mismos. Si el Gobierno actual tuviera un mínimo de vergüenza, se borraría del mapa que ha estado intentando borrar: España. Si no lo hace, es que carece de la más mínima decencia. No cabe otra "lectura" de la farsa como no sea la de la farsa misma y los que viven de ella a costa de los otros: los que trabajan, cobran poco y lo pagan todo; como en los viejos tiempos de antes del "socialismo". No cabe suponer que tenga lugar el cambio requerido, aunque no podamos dejar de esperarlo. Porque la demagogia no tiene ideología ni partido. Y el miedo a la verdad, que alimenta el prejuicio y la contumacia hasta la ruina consumada, tampoco. Mejor dicho: engañantes y engañados, el sistema de la indecente farsa, son todos siempre del PP: el Partido Propio.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8209383212286531843-3295918782687119783?l=examinandolavida.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://examinandolavida.blogspot.com/feeds/3295918782687119783/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://examinandolavida.blogspot.com/2010/05/indecencia-gubernamental.html#comment-form' title='19 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8209383212286531843/posts/default/3295918782687119783'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8209383212286531843/posts/default/3295918782687119783'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://examinandolavida.blogspot.com/2010/05/indecencia-gubernamental.html' title='Indecencia gubernamental'/><author><name>José Ramos Salguero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04148413292399732797</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_8gVFOWvXdc0/S2nCAuu2UdI/AAAAAAAAAAM/N4-7igfUwAU/S220/IMG_1270.jpg'/></author><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8209383212286531843.post-7709274521448625116</id><published>2010-05-11T23:36:00.001+02:00</published><updated>2010-11-17T21:45:54.274+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Gobierno de España'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='democracia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='sexualidad'/><title type='text'>Absolutismo gubernamental</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No hallo tiempo para escribir lo que querría o como lo querría. Pero, como reza el refrán francés (citado por Hegel en sus &lt;i&gt;Principios de Filosofía del Derecho&lt;/i&gt;), "lo mejor es enemigo de lo bueno". O, como suele repetir mi bendita madre, "no te arrepientas de lo que hagas, sino de lo que no hagas". Así que aquí va, sencillamente, una cosilla entre otras; al menos dormiré más tranquilo, aunque lo que querría es quitarle un poco el sueño a más de uno (y no me refiero sólo al físico). ¿Se han dado uds. cuenta, o quizá padezco alucinaciones? Me refiero al "talante" y las iniciativas absolutistas del actual Gobierno de España. Alineo unos cuantos indicios, si es que no pruebas, que deberían quitarnos el sueño a todos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una: la ministra de Sanidad ha dicho (se lo he escuchado por radio): "&lt;i&gt;Sabiendo como sé lo malo que es el tabaco, no voy a consentir que los españoles sigan fumando&lt;/i&gt;". Más o menos. Con dos cosenos. Mamá Jiménez, la santísima Trinidad, a sus niños pequeños y traviesos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Otra de la misma: se prepara nueva asignatura obligatoria en las escuelas: educación sexual. Remedo de las viejas manualidades, debe de ser. Para que sepamos qué nos traemos entre manos y otras partes del cuerpo. Para qué sirven los deditos y los ojitos, y dónde los tenemos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Otra: la misma ministra, junto con la de igual da (sic: la de igual da que "no se sepa" científicamente si el embrión que alberga una madre es humano o vaya ud. a saber de qué especie: de todos modos, ante tamaña evidencia, conviene cambiar los principios mismos de la vida y transmutar la despenalización de un crimen por un "derecho"), ha financiado un video "didáctico" en desarrollo y aplicación de la nueva ley de "salud reproductiva y sexual", editado por la Cruz Roja, en el que se invita a los preadolescentes a practicar entre ellos (sin discriminación de sexo, por supuesto), todo tipo de prácticas sexuales, sexo anal incluido (como se sabe, ante ciertas denuncias, la Cruz Roja lo ha retirado enseguida admitiendo el "error" y pretendiendo, en misión imposible, exculpar por completo al ministerio). Véase: &lt;a href="http://www.libertaddigital.com/sociedad/juego-subvencionado-por-sanidad-sexo-anal-y-juguetes-sexuales-para-alumnos-de-15-anos-1276386502/4.html"&gt;http://www.libertaddigital.com/sociedad/juego-subvencionado-por-sanidad-sexo-anal-y-juguetes-sexuales-para-alumnos-de-15-anos-1276386502/4.html&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Otra de ministra, la de igual da (aunque da igual de qué ministra o ministro se trate, con este Gobierno): vamos a ir olvidándonos de leer cuentos como el de Blancanieves, porque son machistas y "sexistas" (por lo visto esto sí debe de saberse "científicamente"), así que ¡hala!: ya os iremos diciendo cuáles son las lecturas debidas y convenientes, españolitos, en sucesivos programas "educativos" según el superior saber y entender de este Gobierno (que parece salido de un cómic de Woody Allen, ya saben, el famoso "científico" que ha dictaminado: "Hay dos cosas importantes en esta vida; una es el sexo y la otra... no me acuerdo").&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Basta con esto (y sobra, ampliamente). Me cuestiono: ¿qué entienden estas ministras, y su Presidente, por ministerios, gobierno, legislación, poder estatal? ¿Creen que pueden administrar, prohibir y mandar todo lo que se les ocurra a ellos, "científicamente", que está bien, que es lo correcto? ¿Saben lo que es absolutismo, totalitarismo, despotismo paternalista? ¿Saben lo que es libertad, diferencia, pluralidad, democracia? ¿Conocen "científicamente" la diferencia esencial entre la "democracia popular" de Stalin o Fidel Castro, o la "democracia orgánica" de Franco, y un Estado, como el nuestro, "democrático de Derecho"?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo grave, crucial y decisivo no es esto, de todos modos, sino esto otro que también cuestiono: ¿saben los españoles la finalidad y los límites de un Estado moderno, fundado en la inviolable libertad y autonomía de ciudadanos iguales en la dignidad y la responsabilidad de investigar y decidir ellos mismos qué es conveniente para su vida y qué hacen con ella? ¿Saben, sabemos, recordamos que el Estado que contratamos a nuestro servicio, y cuya relativa soberanía es delegada y representativa,&amp;nbsp; debe limitarse a garantizar que todos respetemos la libertad de todos, es decir, el Derecho que nos limita para que todos podamos ser todo lo libres que podemos, ni más ni menos? ¿Hemos olvidado, si alguna vez hemos aprendido, que el "bien común" que ha de procurar el Estado no es sino el mínimo común denominador del respeto recíproco, y que todo otro bien es asunto privado o abierto al público de modo libre y espontáneo, pero vetado a la Administración "pública" o el estamento político del Estado?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tremenda perspicacia la de George Bernard Shaw: "la democracia es el sistema que garantiza que un pueblo no pueda tener un gobierno mejor del que se merece". O, mejor, necesita.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8209383212286531843-7709274521448625116?l=examinandolavida.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://examinandolavida.blogspot.com/feeds/7709274521448625116/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://examinandolavida.blogspot.com/2010/05/absolutismo-gubernamental.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8209383212286531843/posts/default/7709274521448625116'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8209383212286531843/posts/default/7709274521448625116'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://examinandolavida.blogspot.com/2010/05/absolutismo-gubernamental.html' title='Absolutismo gubernamental'/><author><name>José Ramos Salguero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04148413292399732797</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_8gVFOWvXdc0/S2nCAuu2UdI/AAAAAAAAAAM/N4-7igfUwAU/S220/IMG_1270.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8209383212286531843.post-4669842077963548619</id><published>2010-02-15T19:46:00.002+01:00</published><updated>2010-02-22T07:45:46.990+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='educación'/><title type='text'>Educación: lo actual y lo clásico</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahora nos dicen que va a procurarse un pacto de Estado por la educación; ahora que, como en Economía, la situación no es de "desaceleración" ni de crisis, sino de auténtica &lt;i&gt;ruina &lt;/i&gt;que padeceremos ya inexorablemente durante más de una generación. No hace mucho, cuando se estaba cociendo la vigente&amp;nbsp; LOE (Ley Orgánica de Educación), que no es sino la LOGSE recocida, envié al Parlamento y al Senado un escrito en que ofrecía mi visión razonada sobre la crisis educativa, aplicando al presente principios clásicos (de valor perenne) que no precisan innovación alguna (renovación, en todo caso) sino recuerdo, conservación y sostenimiento más acá de los vaivenes modernistas (de la moda) de la sociedad y la pedagogía. Aquí os lo transcribo a todos, ya que lo que reivindica no tiene fecha de caducidad, aunque sí  requeriría el aviso de "asumir preferentemente antes de" pasado mañana; es decir: cuanto antes.&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="Content-Type"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;meta content="Word.Document" name="ProgId"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;meta content="Microsoft Word 12" name="Generator"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;meta content="Microsoft Word 12" name="Originator"&gt;&lt;/meta&gt;&lt;link href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CPc%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_filelist.xml" rel="File-List"&gt;&lt;/link&gt;&lt;link href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CPc%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_themedata.thmx" rel="themeData"&gt;&lt;/link&gt;&lt;link href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CPc%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_colorschememapping.xml" rel="colorSchemeMapping"&gt;&lt;/link&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt; 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Proviene de este servidor público, profesor, que suscribe (sobrino y nieto de labradores, hijo de un modesto asalariado autodidacta, Matrícula de Honor en Bachillerato, Premio extraordinario de Licenciatura y de Doctorado, número uno en sus oposiciones, fundador de la Asociación Andaluza de Filosofía, coautor de un manual de Historia de la Filosofía), pero es expresivo del de la mayoría de mis colegas y resultado tanto de una amplia experiencia como de una profusa y contrastada reflexión. Le ruego que considere mis palabras con la misma atención y profesional responsabilidad con que yo las he escrito y que no las entienda como dogmáticas, sino como lo que son: necesariamente sintéticas, aun sin renunciar a un esquemático análisis argumentativo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;No puede ocultarse, aparte el alarmante nivel de fracaso escolar, que &lt;u&gt;el escollo principal de la educación escolar actual es la &lt;b&gt;indisciplina&lt;/b&gt;&lt;/u&gt; o, si se quiere, la omnímoda “violencia escolar”, la cada vez más agresiva insurrección generalizada de alumnos (y padres) ante la autoridad imprescindible del profesor y la exigencia irrenunciable de la atención y el estudio. Pero &lt;u&gt;su causa&lt;/u&gt;, que es lo que más importa identificar, no es otra que &lt;u&gt;un conocido y viejo síndrome: el del &lt;b&gt;mimado&lt;/b&gt;&lt;/u&gt; o consentido y por tanto tirano, privado del rigor disciplinario que corrija su actitud anárquica. Los alumnos de hoy no están acostumbrados a tolerar frustración alguna (índice esencial del progreso madurativo) o, dicho en positivo, a sostener el esfuerzo necesario, personal e intransferible, para un auténtico logro. Al igual que nuestra sociedad actual, adolecen del desequilibrio &lt;u&gt;que también podría llamarse “&lt;b&gt;derechismo&lt;/b&gt;”&lt;/u&gt; (exigencia unilateral y exacerbada de presuntos e ilimitados “derechos”, con elusión de sus correlativos deberes), que sigue el lema “lo justo es mi gusto”, como con otras denominaciones está reiteradamente denunciado en ensayos sociológicos recientes.&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pero &lt;u&gt;lo más grave&lt;/u&gt; no &lt;u&gt;es que lo padezcan&lt;/u&gt; en sus casas y en el entorno social, sino &lt;u&gt;en&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;y por el sistema escolar mismo.&lt;/u&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Y es que, en efecto, &lt;u&gt;nuestra propia legislación educativa actual&lt;/u&gt;, en lugar de constituirse en su debido correctivo (cual es su misión), es mero reflejo y, peor aún, cómplice refuerzo de la licenciosidad &lt;b&gt;hedonista&lt;/b&gt; omnipresente de la publicidad mercantil, así como del disolvente &lt;b&gt;relativismo&lt;/b&gt; reactivo de una generación que ha querido zafarse extremosamente de la rigidez ético-política sufrida por la anterior, confundiendo ahora autoridad con autoritarismo, libertad con anomia, tolerancia con permisividad, control con represión, obediencia con sumisión, esfuerzo con traumático abuso, alegría con ligereza o frivolidad, formalidad con rigidez, respeto a todas las opiniones con falta de criterio y convicciones fundamentales, democracia con dictadura de la mayoría sin ninguna limitación de derecho, jerarquía con privilegio, formación escolar en una sociedad democrática con democracia en la escuela; perdiendo el criterio, la medida, el término medio. Lo es porque, absolutizando un ludismo pedagógico infantilizante que relega la “motivación” decisiva que madura la personalidad: la &lt;i&gt;voluntad&lt;/i&gt;, al tiempo que desprecia la base del &lt;i&gt;entendimiento&lt;/i&gt; de las cosas, la &lt;i&gt;memoria&lt;/i&gt;,&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;u&gt;se desentiende de las exigencias consustanciales a una educación no ya “de calidad”, sino simplemente genuina&lt;/u&gt;: en cuanto a los&lt;b&gt; fines&lt;/b&gt;, aprendizaje objetivo (&lt;u&gt;contenidos&lt;/u&gt;, al margen de los cuales no cabe aprender destreza procedimental alguna, y que deben ser fundamentales, no optativos ni novedosos, y por lo mismo comunes en toda España, precisamente si se quiere una auténtica preparación para el futuro) y maduración subjetiva (&lt;u&gt;responsabilidad&lt;/u&gt;); en cuanto a los &lt;b&gt;medios&lt;/b&gt;, respeto al profesor (&lt;u&gt;obediencia&lt;/u&gt;, que etimológicamente no es sino escucha) y al &lt;u&gt;deber de estudiar&lt;/u&gt;. O, en una palabra, disciplina: la actitud requerida en el discípulo (&lt;i&gt;discipulina&lt;/i&gt;), &lt;u&gt;así como disciplina en su reverso negativo, es decir,&lt;/u&gt; &lt;u&gt;exámenes, septiembre, repetición (beneficio motivador no tanto para los repetidores cuanto para los demás), expulsión&lt;/u&gt; o segregación eventual y hasta&lt;u&gt; pérdida de la normal escolarización&lt;/u&gt; si no se cumplen sus deberes fundamentales (¡como ocurre y les ocurrirá a los alumnos en todos los ámbitos de la vida extraescolar!).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyText2"&gt;&lt;span lang="ES" style="color: windowtext;"&gt;De este modo &lt;u&gt;nuestro sistema educativo vigente&lt;/u&gt; permite escandalosamente que el alumno promocione sin progresar y acabe recibiendo, y no en todos los casos, un título que no acredita verazmente el supuesto aprovechamiento, como es sabido ya incluso allende nuestras fronteras. Prescindir así del tradicional (a la vez que constitucional)&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;principio psicopedagógico del premio o/y castigo, devaluando el uno y minimizando el otro, hace sospechar que en realidad se ha renunciado o perdido el norte de la finalidad misma de la verdadera capacitación subjetiva y objetiva que justifica la tarea educativa. En cualquier caso, &lt;u&gt;aniquila la motivación básica e imprescindible para que los discípulos se ajusten a la disciplina necesaria&lt;/u&gt; (y alcancen la &lt;b&gt;autonomía&lt;/b&gt;, que no es sino interiorización de normas por una comprensión teórica de su sentido ulterior a su práctica efectiva por vía impositiva). Con ello se incrementa el malestar docente (se dramatiza y deteriora la tarea del profesor) y, contraproducentemente, se transmite a nuestros alumnos la &lt;u&gt;antítesis de la educación&lt;/u&gt;: la inconsciencia de que la realidad tiene límites que conquistar o a los que adaptarse y de que, por tanto, nuestras acciones tienen consecuencias no indiferentes; en suma, se enseña la irresponsabilidad y la mentira de una impunidad que producirá su segura marginación social en el futuro.&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES" style="color: windowtext;"&gt;Nuestra legislación tampoco reconoce ni encauza las irreductibles &lt;b&gt;diferencias&lt;/b&gt; del alumnado en cuanto a capacidades, maduración, metas e intereses, otro pilar de la educación junto al de la disciplina, pese a presumir de ello con vano cacareo retórico, puesto que las actuales medidas en realidad sólo intentan evitar a toda costa una obtusamente negada diversificación de itinerarios (que se podrían, de querer, organizar del modo más flexible y reversible que se quisiera, pero sin negar la realidad misma de las diferencias y sus lógicas consecuencias o el coste que hay que pagar siempre en la vida por cualquier situación: el que algo quiere, algo le cuesta). Así &lt;u&gt;confunde gravemente la igualdad de oportunidades (la “equidad”) con un forzado &lt;b&gt;igualitarismo&lt;/b&gt;&lt;/u&gt; inevitablemente rastrero (nivelación a la baja) que no sólo malogra el potencial individual y la excelencia tan necesaria para el progreso social, sino que incongruentemente &lt;u&gt;priva del derecho a una buena educación a una mayoría&lt;/u&gt; de alumnos forzados a padecer el obstruccionismo de los que bien se han dado en llamar “objetores escolares”, a su vez también víctimas y síntoma patente de la injustificable contumacia igualitarista. En todo caso, lo más patético que hay que denunciar es que &lt;u&gt;tanta indulgencia y relajación en la exigencia son innecesarias y constituyen un flaco y falso favor, porque&lt;/u&gt;, muy al contrario, la verdad es que &lt;u&gt;la propia capacidad sólo se despliega cuando se la urge y se confía en ella&lt;/u&gt; (otro elemental principio psicopedagógico hoy postergado). Nuestros alumnos, todos (los peores y los mejores), pueden y deben, tienen&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;el derecho y el deber de ser tratados como capaces de satisfacer normalmente la expectativa de formas de educación y de contenidos de ciencia imprescindible para que ni una ni otra resulten desvirtuadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES" style="color: windowtext;"&gt;Señoría, una sabiduría milenaria enseña que “muchas facilidades hacen muchas dificultades” (Lao Tsé, en el &lt;i&gt;Tao Te King&lt;/i&gt;). Y la actual &lt;u&gt;relajación de exigencias&lt;/u&gt; educativas en fines y medios, fondo y forma (posibilidad de promocionar curso con más de dos asignaturas suspensas, limitación de la posibilidad de repetir, adaptaciones curriculares con las que puede accederse al mismo título que por vía normal; limitaciones de la autoridad docente para penalizar o expulsar, etc., etc.) no sirve&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;al objetivo pretendido de reducir el fracaso escolar, sino que resulta &lt;u&gt;contraproducente&lt;/u&gt; porque debilita la tensión y la capacidad posibles y necesarias para la tarea formativa. Por otra parte, el auténtico &lt;b&gt;progresismo&lt;/b&gt; no es modernismo compulsivo que pretende innovarlo todo de raíz, sino avance en lo posible y necesario que, por supuesto, conserva lo probadamente bueno. En Educación, en Psicopedagogía, no se requería ni requiere ninguna revolución. La que actualmente padecemos, pues, no es sino una incauta destrucción de desastrosas consecuencias, que sería sabio rectificar. Por lo demás, la única intervención gubernamental admisible en el terreno de la educación es la relativa a su extensión y su posibilitación mediante inversión pública (la cual brilla por su mezquindad). Todo lo demás es asunto profesional, técnico, definido por el saber y por los mismos profesionales del saber y su transmisión: los &lt;u&gt;profesores que uds. han eludido sistemáticamente consultar&lt;/u&gt; de modo satisfactorio y fehaciente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES" style="color: windowtext;"&gt;Por eso, para terminar, si el problema es que la escuela actual, por un falso progresismo laxo, relativista y consentidor (contrario a “la calidad”), y por un falso igualitarismo (que tergiversa “la equidad”) en realidad es antieducativa porque fomenta la incapacidad, la anomia y la impunidad (con su resultante y cada vez más extendida &lt;b&gt;violencia&lt;/b&gt; escolar y extraescolar, propia de quienes no han asimilado el autocontrol y no saben dialogar por falta de conocimiento y capacidad autocrítica: quien siembra vientos, recoge tempestades), el remedio urgentemente requerido, igualmente sencillo, no puede ser otro que la &lt;b&gt;restauración&lt;/b&gt; del sentido común educativo arriba señalado, y no obstinarse, con la nueva ley, en dar más de lo mismo que tan clamorosamente falla, tanto en sus principios como en sus resultados. De otro modo, será inevitable pensar que el hecho de haber &lt;b&gt;privado a las clases populares de su único medio de promoción social&lt;/b&gt; (una buena educación) no responde siquiera a ese equivocado y dogmático progresismo igualitarista, sino a la perversa complicidad con una planificación económica neocapitalista que pronto sólo precisará, al decir de los expertos,&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;un 20 % de la población activa para su funcionamiento, el cual se reclutará entre las clases pudientes que tienen a su alcance enseñanza y másters privados, mientras se posterga demagógicamente a un resto inculto, acrítico y sumiso, engañándolo con falsos e inútiles títulos y, de paso, secuestrando (“ahorrando”) una gran partida del presupuesto estatal en Educación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;No obstante, desde luego que, al margen de cualquier legislación, se podría avanzar en una auténtica educación de más calidad. Pero no mediante el recurso a la &lt;u&gt;entelequia&lt;/u&gt;, tan insultante para el genuino cuerpo de pedagogos (los profesores o docentes efectivos) como absoluta y demostrablemente vacua, &lt;u&gt;de una “mayor formación didáctica del profesorado”&lt;/u&gt; para los presuntos “nuevos problemas” ni el incoherente incremento de monsergas teóricas a alumnos refractarios en “más horas de tutoría” o/y con “otros profesionales de apoyo”. (Al efecto, no vendría mal reparar en otra obviedad pedagógica hoy obnubilada: que los ahora tan cacareados &lt;b&gt;valores&lt;/b&gt; para una adecuada socialización son los mismos e inseparables de los requeridos y reforzados por el estudio disciplinado de la ciencia, y sólo por esta vía de la la disciplina y la formación científica –contenidos-- pueden asimilarse en la escuela: respeto, paciencia, concentración, escucha, discriminación, crítica, autocrítica, etc.). Todas estas expresiones son puramente nominales y desiderativas porque no hace falta nada, ningún &lt;i&gt;plus&lt;/i&gt;, de esto (lo que falla no es la formación de los profesores); porque, de todos modos, de la nada (si fuera tanta la falta) nada sale y porque lo único que eficazmente erradicaría la indisciplina actual es la implantación de la disciplina perdida mediante la recuperación de otro principio psicopedagógico elemental: el de que un hecho vale más que mil palabras y los valores se asimilan, cuanto más temprana es la edad de formación, por vía práctica antes que teórica, por la natural imposición, sí, que precede a toda auténtica autonomía. En cambio, sí mejoraría la situación la potenciación de medios igualmente conocidos y asimismo despreciados y contravenidos: &lt;u&gt;mejora sustancial de la &lt;i&gt;ratio&lt;/i&gt; profesor/alumno, disminución de la interinidad en el cuerpo de profesores, auténtica diversificación curricular (o sea, itinerarios; todo lo flexibles y reversibles que se puede y se quiera)&lt;/u&gt;, Bachillerato europeo (mínimo, tres años), acceso inmediato desde los ciclos medios a los superiores en formación profesional (evitando convertir el Bachillerato en una descafeinada vía de paso con alumnos desmotivados) e inversión en centros públicos de calidad, sin proseguir la &lt;b&gt;falaz&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;“doble red de centros públicos”&lt;/b&gt; que convierte la escuela pública en subsidiaria de la privada (y no al revés, como debería ser y se pregona oficialmente), al tiempo que elimina de hecho la libertad de elección de centros (a través de la “concertación” se está destruyendo o desnaturalizando tanto la escuela pública como la privada).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyText3"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;En suma, señoría, no es de extrañar que, habiendo destruido la raíz de la auténtica educación (la de principios y métodos secularmente probados), la escuela actual no pueda dar frutos y, al contrario, vea crecer la maleza de la violencia (de la indisciplina). Ni hay que buscarle cinco pies a este gato ni las medidas correctivas puramente nominales que se invocan ahora pueden ser otra cosa que desnortados e inútiles parches.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyText3"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyText3"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Agradeciendo de antemano su atención, y esperando lo mejor de su gestión en esta hora tan crucial para el futuro de España, le saluda atentamente y queda a su disposición como seguro servidor de esta causa pública&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;José Ramos Salguero,&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Doctor en Filosofía y Profesor de Ed. Secundaria.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/m:defjc&gt;&lt;/m:rmargin&gt;&lt;/m:lmargin&gt;&lt;/m:dispdef&gt;&lt;/m:smallfrac&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8209383212286531843-4669842077963548619?l=examinandolavida.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://examinandolavida.blogspot.com/feeds/4669842077963548619/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://examinandolavida.blogspot.com/2010/02/educacion-lo-actual-y-lo-clasico.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8209383212286531843/posts/default/4669842077963548619'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8209383212286531843/posts/default/4669842077963548619'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://examinandolavida.blogspot.com/2010/02/educacion-lo-actual-y-lo-clasico.html' title='Educación: lo actual y lo clásico'/><author><name>José Ramos Salguero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04148413292399732797</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_8gVFOWvXdc0/S2nCAuu2UdI/AAAAAAAAAAM/N4-7igfUwAU/S220/IMG_1270.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8209383212286531843.post-6965201184874853039</id><published>2010-02-15T00:47:00.003+01:00</published><updated>2010-02-22T07:44:32.091+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='aborto'/><title type='text'>Mosterín y el aborto</title><content type='html'>&lt;meta content="text/html; 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La verdad es que para un punto de vista "científico" al respecto no cabía esperar de esta "miembra" del Gobierno una dilucidación mínimamente competente. Tal es, en cambio, la que pretendió ofrecer en &lt;i&gt;El País&lt;/i&gt; hace unos meses el filósofo catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia, así como Profesor Investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Jesús Mosterín (&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: small;"&gt;&lt;a href="http://www.elpais.com/articulo/opinion/Obispos/aborto/castidad/elpepiopi/20090324elpepiopi_11/Tes"&gt;http://www.elpais.com/articulo/opinion/Obispos/aborto/castidad/elpepiopi/20090324elpepiopi_11/Tes&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: small;"&gt;). De él cabía esperar un esclarecimiento apropiado. Sin embargo, está claro que el prejuicio infundado que obnubila el juicio no es privativo de las gentes incultas. Aunque sí sean privativos algunos medios de comunicación para quienes siguen su línea ideológica (?). Así, &lt;i&gt;El País&lt;/i&gt; se negó diplomáticamente a publicar esta réplica que escribí pero que, gracias a Internet, no quedará reprimida. Os la ofrezco a continuación, para quien quiera pensar y ser realmente crítico sobre este punto de vital importancia (nunca mejor dicho).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: small;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" class="MsoNormal" style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" class="MsoNormal" style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: small;"&gt;ABORTO, LÓGICA Y FALACIAS&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" class="MsoNormal" style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: small;"&gt;José Ramos Salguero, profesor doctor en Filosofía (&lt;a href="mailto:joserasa@ono.com"&gt;joserasa@ono.com&lt;/a&gt;)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" class="MsoNormal" style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: small;"&gt;Jesús Mosterín acaba de publicar un artículo sobre el aborto (24-3-09) que no debería quedar sin réplica en un medio de comunicación democrático. Es un artículo realmente didáctico, no por ofrecer argumentos serios, aportar conocimientos fiables y analizar un problema con método, sino porque es un modelo de todo lo contrario. La aberración polémica comienza por atacar a un adversario, en lugar de centrarse en fundamentar la posición que se defiende y sobre la que actualmente recae la carga de la prueba, puesto que el aborto es todavía un crimen legalmente penalizado excepto en tres supuestos. ¿Es pertinente o lógicamente relevante reparar en la índole religiosa (o sexual, o cualquier otra) de unos opinantes tan ciudadanos como ud. o yo mismo? Esto constituye una falacia &lt;i&gt;ad hominem&lt;/i&gt; o contra la persona: cuestionarla a ella, aludiendo a otros flancos y temas, en lugar de ceñirse a responder a sus argumentos u ofrecer los propios. Mosterín incurre así en el presunto dogmatismo que descalifica al prejuzgar que, “de hecho” (?!), “sólo el fundamentalismo religioso” puede oponerse al aborto (la misma posición expresada por el actual Gobierno por boca de su ministra) y que “&lt;i&gt;ninguna otra razón moral, médica, filosófica ni política avala tal proscripción.&lt;/i&gt;”&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: small;"&gt;Esto ya no es una falacia; es un fundamentalismo a la contra, lo que explica la impertinente estrategia argumental de comenzar por la injustificable falacia &lt;i&gt;ad hominem&lt;/i&gt;. Mosterín &lt;i&gt;dixit&lt;/i&gt;: viva la infalibilidad del papado laico. Artículo único de fe. Muera la inteligencia del contrario, ya anatematizada. Viva la “interrupción voluntaria” del diálogo; déjense ya de remilgos los socialistas, que no se atrevieron con esta ley en los ochenta, sin notar que los obispos nunca estarán contentos. Menos mal que F. Savater ha disentido enseguida (artículo de 02-04-09, &lt;a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/Abortos/otras/malformaciones/elpepicul/20090402elpepicul_3/Tes"&gt;http://www.elpais.com/articulo/cultura/Abortos/otras/malformaciones/elpepicul/20090402elpepicul_3/Tes&lt;/a&gt;) manifestando, con su habitual lucidez, ponderación y valentía, que el asunto es una cuestión delicada de conciencia ante la que conviene que se exprese incluso la Iglesia. Lástima que su juicio aún acuse el sesgo de Mosterín cuando dictamina que “el problema” es elaborar leyes laicas, en lugar de exponer también en este caso su visión propia, a efectos de resolver el verdadero problema: formarnos criterio sobre lo justo de modo dialógico y democrático; lo otro se da por supuesto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: small;"&gt;Por mi parte, no quiero contribuir a confirmar la aseveración, terriblemente verosímil, pese a todo, en nuestro actual contexto patrio, de que “de hecho” no hay argumentos contra el aborto. Con austera lógica, me limitaré a discutir la tesis y su argumento central. Mosterín considera “un burdo sofisma” la confusión entre embrión y “hombre” en virtud de la cual se califica de homicidio el aborto. Su argumento es la analogía de que comerse un huevo no es matar a una gallina, que cree reforzar con la distinción de Aristóteles entre potencia y acto: un embrión no sería un hombre actualmente (“de verdad”), sino (“sólo”) en potencia. Yo sostengo, al contrario, que esta afirmación es, en sentido estricto, &lt;i&gt;trivial&lt;/i&gt; o irrelevante (un embrión no es, en efecto, un hombre adulto; pero tampoco un infante, ni un adolescente, ni un anciano deteriorado) y, en sentido amplio, &lt;i&gt;falsa&lt;/i&gt; (“hombre”, cuyo significado es lo que se discute, es “ser humano” y el embrión humano es innegablemente un ser humano en su &lt;i&gt;primera &lt;/i&gt;etapa de desarrollo). Lejos de ser “fundamentalista”, la tesis de Mosterín se sitúa, pues, en el extremo opuesto: la ausencia de fundamento objetivo, amparada en la falacia de la pura equivocidad o anfibología y en el oscuro ropaje de la tergiversación de Aristóteles, aunque presuma de recordar su doctrina e interpretarla con más sutileza que otros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: small;"&gt;El caso es, sin embargo, que a Mosterín se le escapa nada menos que la diferencia decisiva entre un huevo de mi nevera y un huevo incubado, entre una semilla inerte (la bellota, del roble) y una semilla sembrada y arraigada y, en definitiva, entre un huevo o una bellota y un embrión humano. Es decir: la diferencia de la vida. Así, confunde la “potencia” aristotélica con la posibilidad real abstracta (la que, a diferencia de una piedra, tiene una bellota de convertirse en roble, si es sembrada), obviando que, entre los sentidos que en Aristóteles tiene la “potencia”, el principal es precisamente no el de la potencia pasiva sino el de la “potencia activa”, activadora o activada: el poder o la fuerza que significa originariamente “&lt;i&gt;dynamis&lt;/i&gt;” tanto en griego como en su derivación española (“dinamismo”). Con ello tenemos el equívoco aristotelizado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: small;"&gt;Igualmente, la lección aristotélica del profesor Mosterín omite la diversidad de sentidos de “acto”: bien acción (&lt;i&gt;enérgeia&lt;/i&gt;), bien actualidad o realización plena (&lt;i&gt;enteléchia&lt;/i&gt;), bien la esencia o forma específica de un individuo (la que, sin duda, tiene ya el embrión como potencia activada: su propio genoma). Diferencia decisiva para entender el fenómeno del movimiento y la vida a que Aristóteles destinaba su distinción. Pues el acto, aparte de no equivaler a ser “de verdad” (al contrario, la aclaración de Aristóteles es que también la potencia es un modo o estado del ser o la esencia), sólo es puro, pleno o entelequia más allá del mundo “sublunar” de la Naturaleza en que vivimos. En ella, la plenitud del acto como esencia sólo la completa cada especie como colectivo, no los individuos. Así, la vida es movimiento, y el movimiento es una acción o acto imperfecto, inacabado, una aspiración incesante (dramática, deportiva, trágica: la evaluación depende de cómo nos encontremos) a esa entelequia que nos dinamiza. De ahí que Aristóteles defina el movimiento como “el acto de la potencia en tanto potencia”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: small;"&gt;Dos gruesas falacias, pues, componen esta tesis: la omisión del carácter &lt;i&gt;vivo&lt;/i&gt; del embrión (que lo diferencia de una simple bellota o huevo) y el soslayo de la especie &lt;i&gt;humana&lt;/i&gt; de vida a la que pertenece desde su concepción, mediante el contraste con el ambiguo término “hombre”. Desde luego, esta segunda es la principal. Ahora bien, ¿qué significa “hombre”?, ¿en qué se fundamenta la oscura, débil y confusa propuesta de limitar el aborto a un número de semanas de gestación? Vano es buscar la respuesta en este planteamiento; lo único que se encuentra es la injustificada reducción de la calificación de “hombre” a no se sabe bien qué fase o estado de la vida humana. El hecho es que Mosterín, entonces, incurre en el error categorial o falacia de convertir en esencial lo accidental, de sustancializar e independizar las fases de desarrollo de un organismo separándolas del sujeto individual permanente en que radican y se realizan. Sin embargo, aunque se eluda, contamos con un criterio firme y absoluto de identificación objetiva: la &lt;i&gt;clase&lt;/i&gt; de ser a que se pertenece, desde el &lt;i&gt;grado&lt;/i&gt; primero de la vida. En cambio, si el criterio fuera el &lt;i&gt;grado&lt;/i&gt; en que uno está realizado (movedizo, convencional y relativo), la vida de todos quedaría expuesta a la temible impunidad de su homicidio, dado que ningún humano está nunca plenamente humanizado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: small;"&gt;¿Burdo sofisma “confundir” el feto con un ser vivo humano? Más parece que negarlo fuera ciega creencia en oscuro misterio que reedita, en versión laica, una superstición rancia: la de que la “humanidad” se infunde al feto entre las catorce o veinticuatro semanas de vida. Un infeliz argumento antiguo de la Iglesia católica que ahora parece cobrar nueva vida en un fundamentalismo de signo contrario. En fin, que esta posición no hay por donde cogerla o, mejor, se coge en falta por todos lados, aunque pretende cogernos a nosotros, es capciosa; un “burdo sofisma”, por emplear sus términos. No es, como pretende, una simple verdad, sino una simplificación que no afronta la verdad y la justicia y reduce un embarazo indeseado a una situación embarazosa, eludiendo la responsabilidad ante el otro y omitiendo la respuesta positiva que nos engrandece psicológicamente, fortalece socialmente y dignifica moralmente. Si no hay argumento que la justifique, debe de haber motivo que explique esta reducción de lo justo a mi gusto como lema del “derechismo” furibundo (tengo “derecho” al capricho o a librarme de lo embarazoso: tengo derecho al aborto) promovido por este proyecto de ley que, más allá de la vigente, resulta tan innecesaria como sectaria. Pero abundar en ello ya sólo sería posible en otro artículo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8209383212286531843-6965201184874853039?l=examinandolavida.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.elpais.com/articulo/opinion/Obispos/aborto/castidad/elpepiopi/20090324elpepiopi_11/Tes' title='Mosterín y el aborto'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://examinandolavida.blogspot.com/feeds/6965201184874853039/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://examinandolavida.blogspot.com/2010/02/mosterin-y-el-aborto.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8209383212286531843/posts/default/6965201184874853039'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8209383212286531843/posts/default/6965201184874853039'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://examinandolavida.blogspot.com/2010/02/mosterin-y-el-aborto.html' title='Mosterín y el aborto'/><author><name>José Ramos Salguero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04148413292399732797</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_8gVFOWvXdc0/S2nCAuu2UdI/AAAAAAAAAAM/N4-7igfUwAU/S220/IMG_1270.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8209383212286531843.post-1910675854557246691</id><published>2010-02-10T00:50:00.002+01:00</published><updated>2010-02-22T07:45:08.830+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='democracia'/><title type='text'>Diálogo crítico y ciudadanía</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El término "diálogo" padece hoy, no menos que tantos otros venerables términos, un uso inflacionario que desdibuja su genuino contorno conceptual. Con ser el medio fundamental de la imprescindible comunicación humana, ni su teoría ni su práctica corrientes están a la altura de su significación, no obstante ser la categoría central de una filosofía contemporánea que se encuentra entre las más difundidas y estimables, la del alemán Jürgen Habermas (así puede comprobarse en su principal obra sistemática, &lt;i&gt;Teoría de la acción comunicativa&lt;/i&gt;). Su importancia afecta a la vida tanto personal como colectiva. Bien merecía, pues, una meditación como la que leí en un contexto público en mi ciudad de Granada (&lt;a href="http://www.laopiniondegranada.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009013100_36_102524__Ciudadanos-Club-Constitucion"&gt;http://www.laopiniondegranada.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009013100_36_102524__Ciudadanos-Club-Constitucion&lt;/a&gt;) y ofrezco a continuación.&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;LA IMPORTANCIA DEL DIÁLOGO&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Reflexión a cargo de José Ramos Salguero, Dr. en Filosofía. Reunión del Club de la Constitución del día 29-01-09&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una sociedad democrática necesita ideas claras, clarificación o ilustración de conceptos fundamentales como éste del diálogo, máxime si su democracia es tan joven como la nuestra, tan necesitada de una genuina educación para la ciudadanía, como a estas alturas (más vale tarde que nunca) parece que hemos descubierto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta reflexión pretende contribuir al breviario o vademécum de ilustración para la imprescindible educación para la ciudadanía, buscando claridad y precisión sobre algunas nociones elementales: simples, fundamentales e inadvertidas u olvidadizas, que suelen obviarse quizá de puro obvias; las que deberíamos poder compartir como acervo político común en nuestra sociedad, más acá de especialismos teóricos o especializaciones funcionales como las técnicas propias de los poderes Ejecutivo y Judicial.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi intención e hilo expositivo consistirá en ir desentrañando la significación e implicaciones del diálogo, que no es sino el modo efectivo de ejercer la racionalidad como medio supremo de comunicación humana, a través de una reflexión semántica, etimológica e histórica, hasta mostrar en la democracia la expresión máxima y coherente de su intrínseca virtualidad, en confrontación con concepciones desvirtuadas. A lo largo del análisis irá apareciendo su conexión con los valores de nuestra Constitución y con otros subordinados que posibilitan su realización. Lo haré en diez puntos sin una conclusión demostrativa de la tesis principal. Como me parece de suyo evidente, creo que bastará mostrar y esclarecer su significación.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;1) TESIS PRINCIPAL. La que quiero razonar aquí es que la democracia o, más precisamente, el Estado democrático de Derecho no es sino la institucionalización del DIÁLOGO como modelo y régimen superior de vida civilizada, de modo que la importancia del diálogo no es relativa, mayor o menor, sino estrictamente esencial y medular en una democracia por tratarse, en general, del modo más eminente de convivencia y entendimiento humano. Por otra parte, en la comprensión del concepto de “diálogo” se condensan y están implicados los valores fundamentales de nuestro ordenamiento jurídico-político (libertad, justicia, igualdad, pluralismo, solidaridad) y otros muchos subordinados a ellos que resultan decisivos para la convivencia, como intentaré desgranar a continuación.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De acuerdo con esta tesis (que no reclama originalidad sino esclarecimiento), la democracia es en esencia, y así podría denominarse, &lt;i&gt;dialogocracia&lt;/i&gt;. Su prueba más inmediata y patente (aunque después buscaremos profundizar en su justificación) es que la institución central y directiva entre los tres poderes del Estado democrático de Derecho, como imperio de la ley dialogada, sea el PARLAMENTO, representación de la soberanía colectiva, que legisla lo que el Gobierno ejecuta y la Judicatura vigila, aunque el nombre mismo no responda estrictamente a la idea de un diálogo genuino, ya que “parlamentar” puede llevar también tanto a un mero pacto como a una rendición. No obstante, actualmente esta antigua institución de la monarquía absoluta, reconfigurada en la democracia como representación de toda la ciudadanía, está ordenada a gestar leyes que deberían ser y por ello se supone que son fruto del diálogo. De hecho, &lt;i&gt;Lógos&lt;/i&gt;, como tengo que anticipar ahora, tiene en el de ley uno de sus significados fundamentales, por lo que “diálogo” significaría ley de, entre y para todos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por tanto, el diálogo no es cualquier tipo de habla o de palabra, y por eso merece el examen y meditación que muestren su importancia. Pues de no entenderlo de modo claro y preciso pueden derivarse muy graves consecuencias prácticas y políticas. Tenemos en nuestra situación actual, cuyo carácter estrictamente crítico (es decir, en trance de graves decisiones) es lo que motiva nuestra reunión y nuestro afán en este club de la Constitución, un serio ejemplo de ello: el uso por parte del Ejecutivo de una expresión tan incongruente como “diálogo con terroristas” o incluso “diálogo con las Autonomías” en el sentido no ya de diálogo entre ellas, sino del Estado con ellas, como si procediera o fuera pertinente y legítimo al efecto un parlamento en pie de igualdad, que es uno de los requisitos elementales del diálogo de verdad. Aunque este punto puede quedar para nuestra discusión posterior.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;2) “DIÁLOGO”. Ante todo, precisemos el significado del término con el indispensable rigor en una primera aproximación. Que el lenguaje está constituido para comunicarnos no requiere de mucha prueba; el problema es profundizar en el sentido profundo de “comunicación”. Si llamamos “HABLA” al uso genérico de la palabra a efectos de “comunicación” (también en un sentido amplio que rebasa su etimología; de ahí las comillas), el diálogo es una especie, un tipo de habla muy especial. El habla o la palabra tienen muchos y diferentes usos. No procede entrar ahora en su análisis pormenorizado. Interesa, en cambio, espigar algunas distinciones elementales.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En primer lugar podemos reparar en el uso más alejado o menos cumplido de la intención comunicativa del lenguaje: el que no consiste en decir sino en dictar: hablar unilateralmente sin expectativa de respuesta; el uso imperativo del decir que no está dispuesto o abierto a un posible contra/decir. Naturalmente, el dictado o la “dictadura” pueden estar más o menos justificados: no es lo mismo dictar una sentencia o conferencia o proclamar una norma que pronunciar una amenaza o plantear un chantaje como tipo extremo de este uso y funcionamiento efectivo del lenguaje: la “comunicación” (coja) de un unilateral DICTADO o IMPOSICIÓN.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En segundo lugar, podríamos distinguir la negociación. En ella ya tiene lugar en alguna medida el decir o habla recíproca, pero su peculiaridad estriba en que las partes interlocutoras pretenden hacer valer sus intereses particulares sin cuestionarlos o someterlos a discusión, a la vez que están dispuestas a ceder en ellos en parte para llegar a un pacto. También aquí puede darse mayor o menor compatibilidad del trato o pacto con la equidad. Pero este segundo tipo fundamental de uso del lenguaje no alcanza aún la simetría en el intercambio, por lo que podríamos llamarlo TRATO o TRANSACCIÓN.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En tercer lugar señalaríamos precisamente el diálogo como el modo de habla en que el lenguaje manifiesta íntegra o cabalmente su máxima virtualidad y su más esencial intencionalidad; la especie más especial, eminente y ejemplar de la genérica capacidad comunicativa, en tanto, de acuerdo con la transparente etimología de la palabra, buscaría la mayor comunión o unanimidad. En el diálogo los interlocutores no buscan hacer valer pretensiones parciales o particulares por encima de todo, sino que las someten o están dispuestos a condicionarlas por los intereses generales o comunes. En él opera la igualdad de interés, sea por definir normas justas o por determinar bienes comunes, y la cooperación racional para satisfacerlo. Con ello, paradójicamente, todos se someten al único dictador admisible por los seres racionales: la razón misma que comparten, en cuyo régimen ha de imperar la mejor razón o argumento, con indiscriminación o indiferencia de su autoría particular. Más profundamente aún, la importancia y valor mayor del diálogo consiste en que en él, en tanto busca el entendimiento y la concordia, se generan, discuten, definen o reconstruyen los significados y las normas del lenguaje mismo y de cualquier otra forma de comunicación. Por eso en esta suprema modalidad comunicativa del habla debe darse el predominio de la pregunta y la escucha sobre la afirmación. En el diálogo el colectivo interlocutor (idealmente la comunidad humana o la comunidad de todos los afectados por una deliberación) se hace corresponsable de la ordenación racional de su vida. Este tercer tipo de habla, caracterizado por el acuerdo razonado sobre cualquier interés o asunto en estricta reciprocidad, es el único que realiza plenamente la intencionalidad latente más propia y profunda del lenguaje, la de una verdadera o auténtica comunicación. Aunque, obviamente, se trata de un ideal. Podríamos tipificarlo como ENTENDIMIENTO O CORRESPONDENCIA.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Puesto que no es el dialogar un hablar cualquiera, no se debería malbaratar en el uso su estricta significación, para no comprometer sus ideales consecuencias al olvidar sus exigencias supremas. Entre ellas, para terminar esta caracterización, hay que señalar el deber de contar con todos los implicados en el tema del diálogo o al menos hacerse cargo de sus hipotéticas posiciones o argumentos; el derecho a cuestionar y pedir razones de toda palabra o afirmación, lo que incluye la posibilidad de revisar ilimitadamente cualquier decisión, sin convertirla en conclusión; la igualdad de oportunidades en el uso de la palabra, y, por supuesto, la omisión de toda forma de coacción que no sea la del mejor argumento desde el punto de vista racional, común o imparcial.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;3) El LÓGOS DE “DIÁ-LOGO”. Vale la pena detenerse en el significado originario de lógos como uno de los componentes de la palabra “diá-logo”, para esclarecer y fundamentar la delimitación anterior y, con ello, orientar su uso, regirlo y corregirlo. Esta palabra griega adopta varias traducciones en nuestra lengua. La más corriente es la de “razón” (de ahí “lógica”), seguida por la de “palabra” (“locución”, por ejemplo). Sin embargo, comporta dos significados más, no menos relevantes, aunque lo más relevante estriba en que en cada uno están implicados todos los demás, es decir: cada uno complica o coimplica a todos. Conviene distinguirlos todos para comprenderlos mejor, co/rrectamente, rigiéndose los unos por los otros. Los otros dos significados son “reunión” (que da en español “logia”, entre otros que a continuación recogeré) y “ley” (en español se advierte mejor en “legal” o “legítimo”).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Distingo estos cuatro como principales buscando una lógica que sirve para clasificar de modo coherente no sólo las diversas acepciones originales que pueden traducirse, sino la multitud de palabras españolas que han derivado de ellas manteniendo el mismo lexema griego (l-g o o bien l-c, con las vocales o, e, i e incluso u entre ellas) o su transliteración latina (lex-gis; lego, legere; loquor). El vocablo lógos proviene del verbo lego (o legein, en infinitivo), que significa “reunir” o recoger como acepción que puede considerarse básica respecto a las de “decir”   (reunir letras, fonemas, palabras o ideas) y “ordenar” (razonar   o reunir según ley), aunque quizá ésta de establecer ley (lógos) o legislar sea no menos fundamental (ya que ley es precisamente lo que reúne con sentido racional o necesario tanto pensamientos y palabras –antes, fonemas o grafemas-- como cosas y personas). Veamos cómo puede registrarse fácilmente esta rica com/plejidad semántica en los siguientes ejemplos:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;.. RAZÓN o pensamiento: lógica (expresión de la ley del pensamiento: su necesidad o fuerza unitiva y obligatoria), logística, antilogía, silogismo, colegir (ligar o deducir, y por eso entender), inteligencia (lo que permite com/prender uniendo datos), elegir o elección, selección, ecléctico, diligencia (cuidado a/de lo que se elige o/y ama), predilección, negligencia, elogiar (decir lo que se elige y vale como ley o criterio), alegar (argumentar en defensa de una causa), elegancia (distinción en gracia y belleza resultante de la buena disposición, la que se ajusta a ley o razón; selecto o elegido); bio-, teo-, socio-, etc.-logía (discurso, razonamiento sobre -). Quizá incluso luz y lucidez (a través del latín lux, lucis, semejante a lex, legis).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;.. PALABRA o habla (con la cual se piensa y por la cual se sabe que se piensa): logopedia, locución, locuacidad, elocuencia, lectura, lección, leyenda (lo que debe leerse y se entiende reuniendo signos y palabras bajo una razón, ley o criterio), legendario (lo que se dice o cuenta), léxico, lexema, dislexia, locutor, locutorio, interlocutor, diálogo, dialecto, dialéctica, coloquio, logotipo, prólogo, decálogo, apología, logomaquia, tautología; también aquí “inteligencia” que proviene de intus y legere, leer dentro, penetrar el sentido captando lo común (es entonces la acepción verbal del término que significa el hecho de entender: “inteligencia de un asunto”, que puede resultar “inteligible” o “ininteligible”), sortilegio;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;.. REUNIÓN, asociación o comunión: logia, antología, florilegio, legión, colección, colegio, colectivo, elección o selección (reunión de lo mejor en función de una ley o criterio razonable), ligar, liga, ligamento, aliar, lío (lo ligado, atado o juntado, con la connotación negativa de estar tan con/fundido o com/primido que no se distingue o com/prende: sólo un animal con lógos puede percibir “lío” en una situación como anticipación proyectiva de su orden o lógica legal), religión, legar, legado (lo que transmite y lo que se transmite, con lo que algo queda ligado o comunicado), delegado (quien transmite, comunica o liga personas o comunicados), local o lugar (espacio recogido, delimitado e inserto en un orden, en que se reúnen cosas y personas).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;.. LEY: legal (lo que ob/liga, lo común que comunica o funda la comunión), leal (legal), legislar (que es ligar y dejar bien atado), privilegio (ley privada), legitimidad, lícito, licurgo (el que hace la ley), obligación, logaritmo, homologar (convalidar, hacer valer lo semejante o equivalente de lo diferente), analogía (según la misma ley o razón).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A la vista de estos significados, se puede captar (con la razón que lee o intelige la ley o sentido que los liga) la solidaridad sistemática de todos ellos en virtud de la cual cada uno queda constituido o se com/prende como una diferente versión, perspectiva, alineación o síntesis en que queda ligado el conjunto (eso es lo que significa, propiamente, una acepción semántica: el aspecto desde el que algo se capta). La captación de la ley o razón que liga o unifica el sentido del conjunto como colección sólo es posible, desde luego (en coherencia con el propio significado de este concepto fundamental, es decir, como él mismo lo indica), si se mira o tiene en cuenta el conjunto o totalidad. Es decir, la unificación de lo plural sólo es posible (¡lógicamente!, necesariamente, obligatoriamente) como “con/cepto”, que no significa sino precisa y claramente eso: con/captación, con/cepción, acepción de lo común, comunicador y comunicable. De acuerdo con ello, puede decirse equivalente u homólogamente que Lógos es:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;--la razón que liga una reunión de modo legal para que se pueda leer o decir su sentido;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;--la palabra, locución o “comunicado” que expresa la razón que liga a una reunión en una ley;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;--la reunión o liga en virtud del lazo legal que hace inteligible o comprensible la locución que lo comunica:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;--la ley que liga de modo lógico a la comunidad reunida por medio de la palabra o leyenda dada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dicho con una selección de estos términos directamente oriundos del griego en que se recoge en cada caso su significación conjunta: Lógos es el coloquio de un colectivo para colegir la legislación que lo constituye, aunque esta última variante se corresponde más bien con un momento avanzado en la evolución ideológica de la historia griega cuyo sentido tendremos que explicar y justificar esquemáticamente: el momento democrático en que el único lógos vigente como válido es precisamente el del diálogo, tal como recoge la filosofía de Sócrates. La cuádruple y solidaria (sistemática) significación de lógos que acabamos de exponer es compatible, sin embargo, con la cultura previa en la que la comunidad aceptaba como ley una palabra superior admitida de hecho, por consenso social tradicionalista, como legítima de acuerdo con la compartida cosmovisión aristocrática del momento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;4) El DIÁ- DE “DIÁ-LOGO”. Procede ahora dilucidar la contribución del otro componente de la palabra. El prefijo “dia-“, que significa “a través de”, connota tanto pluralidad de elementos como proceso. Su aplicación a lógos, contrastable con el uso efectivo del compuesto, significa el proceso por el que la pluralidad de interlocutores trata de llegar mediante la palabra guiada por la razón a la determinación de la ley que los liga como verdad a la que acuerdan atenerse. Pero este poner el lógos en acción o interacción implica que el lógos no es una palabra, razón o ley con la que todos cuentan desde un principio, sino que ha de ser dilucidada y que obliga a todos o es efectiva en tanto sea por todos reconocida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El concepto de “diá-logo”, entonces, recoge también la distancia (diá-) que puede haber entre palabra, razón, ley y reunión comunitaria y supone la libertad de sustraerse al dominio de una palabra desligada de la verdad de su con/cepto, manteniendo sin embargo la voluntad de someterse a la verdadera palabra (la ley colectiva cuya razón puede ser expresada). Es decir, “diá-logo” implica la diferencia (diá-) entre la verdad del vocablo auténtico y la equivocación y, a la vez, el modo de salvarla: la comunicación que entiende que sólo es verdadera la palabra o ley que se ajusta a la totalidad como ley fundamental y que la única libertad verdadera y racional consiste en el sometimiento a ella (auto/nomía: régimen de ley reconocida por cada cual). Una palabra aislada o particular no es la palabra legal, colectiva, razonada o ligada a la verdad de la totalidad. Así, pues, la palabra (lógos) no se realiza o autentifica sino por su mediación o conjugación con todas las voces o palabras. El diálogo es la cuna de la palabra, su medio vital, lo que la constituye y determina o lleva a su propio término: la colectividad a que está destinada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La distancia o diferencia, aquí recogida, de la equivocación, lo que llamamos error, si bien se razona o com/prende (desde el Lógos común-icante), no ha de considerarse como una negación trágica (fatal e insuperable) del poder del Lógos en la vida humana, ligada al misterio de una libertad como fuerza rebelde contra el lógos de la vida. Pensando en positivo, desde la totalidad, error y libertad son parte y camino de la verdad. Etimológicamente, “errar” es ir de camino; libertad efectiva es liberación como realización de potencia. Sólo que lo verdadero, a la luz de la razón, es el todo; la verdad es totalización (recordemos: lógos, ley, es reunión). Lo que recoge la noción de diálogo, entonces, es la verdad de la Vida, la vida de la Verdad. El diálogo es la vida del lógos, su ámbito de constitución, donde nace, crece, madura y como lógos perdura. Es lógos a través (diá-) de todos o todos (comunicados) a través del lógos. La palabra particular surge en la comunidad de todo y todos, a ella se dirige y en ella se co/rrige para realizar su verdad latente o tendente, para ser reconocida. La necesidad de dialogar, pues, no implica alejamiento de la verdad (esta visión sería parcial y miope, y por tanto, no verdadera) sino, al contrario, acercamiento y realización. La palabra (razón o ley) acertada es la palabra concertada. Dialogar sería la tarea vital de com-uni-cación como acción que busca la comunión bajo la única y común co-acción de la Razón.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pues bien, la “plurificación” (diversificación) y dinamización del lógos que supone el diálogo como vida del lógos, transforma el lógos:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;--de razón en RAZONAMIENTO. De hecho, el verbo griego dialego (dialogar, escoger), quiere decir a la vez dividir y reunir (analizar y sintetizar): la operación doble requerida por toda definición;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;--de palabra dictada o inmediatamente clara en CONVERSACIÓN;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;--de simple reunión a la COMUNICACIÓN propia de una sociedad abierta, en una liga o unión necesitada de constante reunión y reconciliación por acuerdo legal.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;--de ley dada y conocida como imperativo a ley puesta, reconocida y asumida como fruto del ACUERDO en un proceso de conversación y descubrimiento cuyo término definitivo está descartado por la nueva legislación inscrita en la palabra misma, pues el “diá-logo”, en tanto lo es, permanece abierto, siempre “a través” de o atravesado por la palabra o la razón de un nuevo argumento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Puede comprenderse entonces, a la luz de esta meditación sobre el concepto complicado en la palabra, que el diálogo no es una modalidad más de habla entre otras, un uso posible y contingente de la palabra o lógos, sino el único por el que se realiza cabal y consistentemente su sentido. Así, el diá- no constituiría una especificación sino una explicitación o ex/presión del significado implicado o com/plicado del lógos. De acuerdo con ello, no habría íntegro lógos sin diálogo, sino como diálogo o en él, en tanto acción o movimiento de preguntas y respuestas que buscan definir cualquier asunto o problema. Y, en efecto, si bien se piensa, esta interpretación resulta corroborada al reparar en su coherencia con el significado mismo de lógos. En realidad, viene exigida por la acepción de lógos como reunión o colección, como comunión o, en suma, comunicación: la pluralidad reunida o religada está inscrita en el seno mismo del vocablo como una de sus raíces constitutivas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Así, pues, el lógos, como palabra (mensaje que coimplica emisor y receptor al menos potenciales) y razón (que existe como razonamiento) que busca y expresa una ley como pauta válida y compartida de verdad objetiva (común o intersubjetiva), tiene una estructura dual, plural o esencialmente dialógica ya inscrita en su otra acepción de reunión. La esencia de la palabra o el lenguaje estriba en su función comunicativa. Por eso notó con acierto Platón que en realidad el lógos o pensamiento es dialógico incluso en el interior del pensamiento subjetivo o cuando aparece como monólogo, el cual no significa, propiamente, sino diálogo consigo mismo. Así, definió en el Sofista,263e el “razonamiento” como “un diálogo interior y silencioso del alma consigo misma”. Y, en el Teeteto,189e, que “el alma, al pensar, no hace otra cosa que dialogar… decirse a sí mismo… convencerte a ti mismo”. El diálogo no sería entonces un hecho lingüístico derivado con respecto a una palabra originaria sino todo lo contrario: el monólogo es un diálogo virtual o una interiorización del diálogo, lo cual es coherente con la función comunicativa que le es inherente y que cabe suponer como el sentido de la fundación originaria de la lengua. (También podría notarse que el propio concepto de “pe(n)samiento” contiene la misma dualidad y dinamismo, puesto que implica sopesamiento, contraste o compensación de ideas.)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;5) DIÁLOGO Y CULTURA CRÍTICA. Ahora bien, la semántica no se desarrolla en el éter de la lógica pura. Las significaciones sólo se realizan en tanto se descubren y asumen prácticamente como pautas normativas, según van siendo más o menos comprendidas en su integridad y coherencia. Estas significaciones de lógos y de “diálogo” implican correlativas formas de vida. Como apuntamos en nuestra inicial dilucidación, el Lógos (habla o palabra) puede ser reducido a dictado de una palabra inmediata y única a la que la comunidad se sometería, lo que se corresponde con una mentalidad y cultura autoritaria y monolítica. De hecho, la comprensión dialógica de la razón, en tanto plena expresión de la comunicación humana, surgió en un momento y lugar de la historia, bajo determinadas circunstancias. Tuvo lugar en la Grecia que llamamos clásica precisamente porque nos sirve aún de referencia. Fue el exuberante florecimiento en la Grecia clásica de esta plena racionalidad (que la posterior Ilustración europea llamaría, con Kant, “madurez –o mayoría de edad-- de la razón”) lo que sentó los pilares fundamentales de nuestra cultura: la ciencia, la moral humanista y la democracia. Al referirnos ahora sumariamente a Grecia, queremos buscar el fundamento y las condiciones de posibilidad del valor del diálogo o la racionalidad dialógica como fundamento de la democracia, que es un valor heredado de ella, si es que queremos hacerlo propio y poder mantener su vigencia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hubo que esperar a Heráclito (s. VI a. C.) para que el Lógos fuera captado y entronizado como la ley “común” de todo, a la que toda inteligencia particular ha de someterse si quiere que su palabra exprese sabiduría y a la que han de remitirse todas las leyes humanas. Pero fue Sócrates, un siglo después, el que, como paladín del diálogo, lo erigió en el método, por antonomasia, de la filosofía, a la que nos referiremos después. No podía ser de otro modo a la altura de la experiencia histórica del pueblo ateniense, ya instalado en plena democracia. La condición principal que puso en marcha la transformación o despliegue del lógos en diálogos fue la irrupción de la pluralidad de voces tanto en el plano teórico de las creencias como en el práctico de las costumbres o normas. La convicción de que lo que vale como verdad no puede ser una palabra proveniente de una instancia superior o presuntamente trascendente (sea divina o humana) a la propia razón de los hombres estuvo abonada por dos experiencias decisivas del pueblo griego con este denominador común de la pluralidad. Una fue la constatación de que sus mitos culturales no respondían a una sola voz o dictado. (Lo posibilitó tanto el hecho novedoso de su escritura, en la obra de Homero y Hesiodo, donde se podía advertir una pluralidad de versiones improbable de notar en la antigua tradición oral, como el encuentro con los mitos de otras culturas a través de la emigración colonial y el comercio.) Otra, su propia experiencia política, que condujo a la fundación del sistema democrático ateniense, en el que se comprobaba cotidianamente la procedencia social y la variabilidad de las normas o leyes por las que se regía la vida humana.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como no podía por menos de ser (según hemos desentrañado en nuestro análisis de “diálogo”), esta diversificación de la “verdad” o la “ley” condujo a la crisis de creencias, es decir, la ruptura de su unanimidad y la necesidad de su religación. La crisis consistió, como es propio de toda experiencia análoga (y por eso la griega sigue siendo clásica), en la advertencia de su carácter mismo de creencias u opiniones frente a la verdad, que ahora se destaca como ideal y objeto de búsqueda en su doble legalidad: el saber o la ciencia física y la verdad práctica (moral y política). O, dicho de otro modo, en el perplejo hallazgo de la demarcación, diferencia genérica, distancia o dilatación entre verdad y apariencia en sus formas fundamentales: entre parecer y ser, creer y saber, ser y deber ser (legalidad y justicia). Para suturar esta fisura se impone la necesidad de crítica como nueva exigencia a la razón (el lógos), como tarea en que se ve forzada a desarrollar su fuerza unitiva, ahora reconciliadora, en la tesitura –por así decirlo— de una octava superior. La razón madura y lúcida se revela como Juicio (o/y, cuando emerge como juicio, madura). Porque esto es lo que significa estricta y etimológicamente la palabra, también oriunda del griego, “crítica”: juicio. Pero eso es precisamente el diálogo: proceso judicial que se realiza escuchando o teniendo en cuenta a todas las partes (diá-), búsqueda de sentencia o dictamen a consecuencia de un juicio. Y al revés: un juicio es un diálogo, un cruce de palabras o razones que ajustan su verdad al someterse a la ley como criterio reconocido que busca la concertación, re/cuerda e integra. Conviene, pues, tener en cuenta que un diálogo genuino es crítica, examen, dilucidación conjunta, no mero cruce de palabras expresando las propias y particulares posiciones ni meras buenas intenciones. Y, a la vez, que una crítica genuina no es censura o descalificación sino diálogo que juzga. Así, no hay diálogo sin crítica ni crítica sin diálogo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No por casualidad fue una fundación griega, coetánea y coherente con la legislación democrática, la institución de los tribunales de justicia en que todos y cada uno de los ahora ciudadanos, ya no meros súbditos, podían defender sus casos. Y no por casualidad el término “juicio” (al igual que “ley”) tiene un sentido tanto lógico como jurídico. La razón tiene que razonar y desplegarse como razonamiento. Pero razonamiento no es sino enjuiciamiento o justi/ficación de cualquier presunta razón, palabra o ley ante el interlocutor o la comunidad virtual a la que se dirige y que puede dirigir la petición de cuenta y razón, de respuesta a un cuestionamiento. La razón se comprende, en su madurez, como capacidad de juicio, y ser racional equivale a ser juicioso. La diferenciación, a raíz de la crisis --de crecimiento del lógos-- entre verdad y apariencia, propiciada por el conflicto de una beligerante pluralidad, implica la nueva necesidad de verificación o legitimación de cualquier legislación (ambos, términos procedentes de lógos, como notamos). Ya no vale, por tanto, una simple razón; ahora se entroniza el diálogo como principio y procedimiento legitimador.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si la crisis obliga a la crítica, se plantea el problema del criterio para llegar a una discriminación, palabras todas éstas que proceden de la misma raíz griega, el verbo krinein, cuyo significado es separar, decidir y juzgar. Por eso crisis, propiamente, es separación o ruptura de una situación habitual y momento decisivo, que exige una decisión y por tanto precisa de un juicio. Juicio, como proceso, es precisamente lo que significa crítica. Y la crítica o enjuiciamiento requiere un criterio. Sin criterio no hay crítica o juicio que lleve a la discriminación o distinción de lo verdadero o falso, bueno o malo, justo o injusto; que imparta la justicia que reconoce y concede a cada cual y a cada cosa precisamente lo suyo, en su precisa y distinguida medida, ni más ni menos; que reconozca la licitud o legitimidad (=lógica: ambos, de lógos) de una pretensión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo decisivo de una crítica, pues, lo que decide el juicio, es el criterio. Y criterio es la norma que aplica el juez, la ley que mide, juzga o realiza el juicio. Pues bien, ¿cabe señalar el criterio general para un juicio; el sentido general de la justicia o de la lógica como razonamiento o aplicación de la razón a cualquier asunto, teórico o práctico? Sin duda. Ya está dicho; en la pregunta misma y en todo nuestro análisis anterior. Sólo resta reconocerlo: lo que legitima o aplica la justicia en todo juicio, aquello por lo que cabe hablar propiamente de juicio, es el lógos. Pero ya sabemos lo que significa esta palabra o lo que implica este concepto: lógos significa la ley, pero también al mismo tiempo significa reunión, colección, totalidad. Racionalidad es sentido y búsqueda de lo común o universal como ley. Esta advertencia nos entrega, entonces, el criterio buscado: lo verdadero, lo justo, lo que rige o debe regir cualquier juicio, es la totalidad. Lo que rige ha de ser la co/rreción, es decir, el ajustamiento a y en la totalidad, el regirse lo uno por lo otro, la armonía, conjunción o conjugación como encaje de todo con todo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No por ser abstracto en su formulación deja de tener este criterio la mayor, la única operatividad práctica. Se trata de tener en cuenta todo, de no ser parcial; lo que implica un proceso judicial siempre abierto, al menos para las leyes teóricas y prácticas que han de aplicarse en cada caso. Aunque la fisura entre verdad y apariencia no pueda suturarse del todo, contamos ya en todos los casos, sea en la ciencia, el derecho o la política, con el criterio de legitimidad, es decir, de validez: la co/rrección como proceso inacabable, procedimiento dirimente y legitimación del resultado. Que todo se rija por todo, que se concierten las partes y apariencias significa que todo sea diálogo: que todo se dialogue y comunique, que cualquier afirmación sea dialogada y siga abierta al diálogo como ley (lógos) fundamental y constituyente. Un juicio será acertado cuando esté virtualmente concertado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;6) DIÁLOGO Y FILOSOFÍA. La racionalidad humana, pues, es búsqueda de lo común como ley de toda verdad o legitimación de toda validez, como correctivo crítico de cualquier mera vigencia. Ha de ser comprendida como racionalidad crítica y/o dialógica. Ahora bien, el diálogo como principio fundamental de la vida humana comporta aún una serie de valores que a la vez condicionan y refuerzan su potencia para resolver nuestros intereses y, en particular, el de la convivencia. Nos referiremos a ellos de la mano de Sócrates, a quien cabe el honor de haber sido el primero en contribuir a desentrañarlos. Al igual que los tribunales de justicia, y tras el inicio de la andadura de la ciencia griega, el siglo de la democracia (s. V a. C) vio nacer, en la vida y actividad de Sócrates, la filosofía. Tampoco fue por casualidad ni maravillosa coincidencia, como no lo es que, en los actuales programas de Educación Secundaria en nuestro país, la asignatura que trata de esta materia se haya recientemente titulado “Filosofla y ciudadanía”, al tiempo que ha nacido la de “Educación para la ciudadanía”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La concepción de la racionalidad que estamos desplegando no surgió de modo sencillo y lineal ni tampoco cabe atribuirla a todo el conjunto de la sociedad griega del momento, por más que hubiera cuajado en sus instituciones. Pero es precisamente el pensamiento de Sócrates el que la recoge y expresa. Fue en el círculo socrático donde cristalizó el neologismo “filo-sofía”, la búsqueda (filo-) metódica y sistemática de la sabiduría (sofía) como integración de teoría y práctica. Y, como ya mencionamos, fue Sócrates quien consideró formal y expresamente el diálogo como el método de la filosofía. El diálogo, como hemos recordado, era el método institucionalizado de resolver problemas y conflictos en la cultura de Atenas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero ¿qué añade o qué supone la noción de filosofía respecto a la de diálogo, en qué la afecta, cómo se relaciona? Muy esquemáticamente: la filosofía nació con Sócrates como filosofía del diálogo, como fundamentación de su sentido y explicitación de sus supuestos. Frente a quienes en su época se llamaban a sí mismos sabios y convirtieron en profesión la enseñanza de su sabiduría como la apropiada para el “éxito” en democracia, Sócrates insiste en que al hombre sólo le cabe la posibilidad y el deber de filosofar. La sedicente “sabiduría” de aquellos, los “sofistas”, consistía en el arte de la “antilogía” o, literalmente, contradicción, la habilidad de refutar cualquier afirmación en los tribunales o en la Asamblea legislativa, por cuya transmisión pedían cuantiosas remuneraciones privadas. Entrenaban en retórica para elaborar discursos monológicos con que persuadir a sus conciudadanos de cualquier cosa… que les apeteciera o pareciera subjetivamente conveniente. Así entendían el poder de la palabra y el sentido de la democracia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En cambio, a esta profesión de sofía Sócrates antepone y contrapone el filo- (querencia, aspiración), en coherencia con la convicción que se expresa en la conocida frase “sólo sé que no sé nada”. ¿Qué implica esta afirmación? Esquemáticamente, de nuevo:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;1) la humildad o reconocimiento de los límites del saber y de la constitutiva falibilidad del saber humano como la primera verdad, lo cual constituye nada menos que el principio motor de todo saber o ciencia, como empresa de averiguación, siempre crítica o criticista, frente a todo dogmatismo;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;2) la confianza en la existencia de la verdad universal o la posibilidad de la sabiduría, frente al escepticismo y el relativismo;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;3) la voluntad o la diligencia que impulsa a buscarla, frente al desinterés o el interés embotado por la particular conveniencia. De hecho, “querer” significa también cuestión (quaestio) e investigación (inquirir).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La sabiduría que buscaba Sócrates es la de la verdad que ilumina la vida, y por tanto lo que vale para todos, la que se acuerda con la racionalidad. Pero era coherente con la conciencia de la necesidad de buscarla, como se buscaba todos los días en la asamblea (ágora) legislativa. La búsqueda conjunta de la legítima verdad común no puede tener lugar sino a través del diálogo, no del discurso dogmático o arrogante ni del pacto como negociación de intereses privados. Por eso en Sócrates el filo- de filosofía se realiza en el diálogo auténtico como su método esencial, pero expresa sus supuestos: su finalidad (orientación a la verdad) y su motivación (la conciencia de su necesidad, la conciencia de la ignorancia y falibilidad). Así, con la completa expresión que puso en curso, filosofía, Sócrates nos ofrece la explicitación de lo implícito o elíptico en el vocablo “diálogo” (literalmente, sólo, “a través del lógos”): diálogo sería la búsqueda de la sabiduría a través del lógos como razón compartida. O bien la filosofía sería la búsqueda de la sabiduría a través del diálogo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De todos modos, de las señaladas condiciones de posibilidad del diálogo (humildad, confianza, voluntad) aún cabe desentrañar otros valores. La humildad, en particular, nos lleva a la convicción en la semejanza de todos los humanos (tanto en la capacidad de verdad como en la falibilidad) y por tanto en la verdadera tolerancia del pluralismo asumido, frente al imperativo y maniqueo dogmatismo. Como notara Terencio, “humano soy y nada humano me es ajeno”. Más aún: la humildad como reconocimiento de los propios límites implica capacidad de reflexión, valor que Sócrates ponderó enfáticamente. Lo corrobora su asunción del lema délfico “conócete a ti mismo”, que está en la base del “sólo sé que no sé nada”, y su exhortación al “cuidado del alma” (terapéia tés psychés: “psicoterapia”), sólo buena si justa, nunca dispuesta a cometer injusticia (“es preferible padecer injusticia a cometerla”, porque ello sería un mal para el alma como nuestra identidad o esencia) o devolver mal por mal (porque no es lógico, aunque lo parezca). Pero, sobre todo, su afirmación en la platónica Apología de Sócrates: “una vida que no se examina no es propia de un hombre”. Ahora bien, el valor de la reflexión, como diálogo interior o consigo, también estriba en que no puede haber reconocimiento de la verdad en el otro sin reconocimiento o examen de sí mismo; no habrá diálogo auténtico si no lo precede o acompaña el diálogo reflexivo del pensamiento, como señalaba, según vimos, su discípulo Platón. Y, en definitiva, no hay crítica genuina sin autocrítica, sin un dar/se cuenta antes o al mismo tiempo reflexivo que recíproco. El diálogo, como la caridad, empieza por uno mismo. Y el reconocimiento que procura es condición de posibilidad de otro valor imprescindible en la convivencia, como avisara Hegel en su Fenomenología del espíritu: el per/dón, la disposición a seguir dando con/fianza y oportunidad de justi/ficarse, mediante la compensación requerida, de palabra y de obra. Sin un perdón recíproco o dialógico, y así lógico y justo, sin la palabra que recoge, restaura o religa nuestra común o semejante distancia respecto al ideal expresado por la palabra, no puede darse la paz, la armonía en la convivencia. Ahora bien, diálogicamente comprendida, la paz se realiza como paciencia: el respeto necesario tanto para la ciencia como para la convivencia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La convivencia pacífica, la paz entre los hombres, supone la fe, la con/fianza en el poder de la palabra, del lógos expresado en diálogo, en democracia. No se trata de una técnica al servicio de cualquier interés perentorio o contingente, sino de una valor supremo, un interés común y fundamental, implicado en el lógos que nos define y congrega. El lógos, el diálogo, presupone, desarrolla y potencia el valor de la paz frente a la guerra, y reúne en torno a sí un collar de valores como los que hemos mencionado: humildad, reflexión, semejanza, reconocimiento o com/prensión, perdón, paciencia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con el tiempo, en la nueva Ilustración europea, Kant, con su programa de crítica de la misma razón que critica o juzga (Crítica de la razón pura), corroborará y explicitará esta concepción de la filosofía (uso pleno y propio de la razón o capacidad de juicio; búsqueda cooperativa, humilde y respetuosa de lo común) acuñando también él un término que desvela su esencia, el criticismo, que salva los extremos en que desaparece la razón (afectada de patología o distorsión, que diría Habermas): el dogmatismo y el escepticismo. El dogmatismo sería la ausencia de juicio o reflexión: considerar la opinión propia como si fuera una verdad incuestionable, lo que cabe poner en relación con la actitud temerosa, insegura y “cobarde” de quien no se atreve a pensar por sí mismo (signo de ilustración) y reacciona ante la crisis que supone el pluralismo encerrándose en su limitado horizonte partidista y maniqueo, aferrándose idolátricamente a lo propios pre/juicios con prevención sobre cualesquiera otros. Por su parte, el escepticismo o desconfianza en la verdad común, universal y objetiva, representaría el pensamiento débil, la razón desfallecida, la pereza (Kant) y precipitación (Descartes), incapaz de transformar la duda en una síntesis inte/ligente o una com/prensión profunda de las diversas posturas, de llegar a una justa integración.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahora bien, como el escepticismo teórico es impracticable (cualquier acción implica una creencia: la guía de la vida, como advirtiera Hume), conduce enseguida al relativismo según el cual “todas las opiniones son verdaderas” o, en su versión actual, “todas las opiniones son respetables” (desconociendo la etimología de “respeto”: remiramiento, y confundiendo las opiniones con las personas). Lo que nos devuelve a la situación crítica de la democracia ateniense en la que filosofaba Sócrates, ya que Kant no menciona este problema (vivía en un régimen de despotismo ilustrado). Realmente, en el relativismo (sostenido por el movimiento sofístico griego como reflejo y portavoz, en realidad, de la mentalidad corriente o mayoritaria) la reflexión también brilla por su ausencia, porque la idea de una verdad particular es tan absurda como la de un círculo cuadrado (como indicara A. Machado: “¿Tu verdad? No, la verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”). Pero si lo referimos, aunque sea escuetamente, es porque constituye un cáncer de la democracia que degenera en anomia y demagogia y para señalar que, contrariamente a su autoconciencia, no es ajeno al dogmatismo ni respeta la libertad y la pluralidad. En efecto, su irresponsable lema, que parece admitir todas las opiniones por igual, inconsciente de los límites constitutivos de toda legalidad, implica la conversión de toda opinión en una dogma, lo que de raíz imposibilita el diálogo. Lo que hace el relativismo es multiplicar el dogmatismo, atomizarlo (su concepción es, ya dijimos, antilógica: los individuos y las opiniones serían átomos separados sin razón universal que los ligue). Pero ello no queda sólo en contradicción teórica (la autoconsuntiva proclama de que “todas las opiniones son relativas”), sino que conduce prácticamente a la anomia o anarquía (desafección de las normas, sin distinguir su jerarquía), al cinismo demagógico, a la disolución social y, en último extremo, a la guerra (como ya ocurrió en Grecia, la mayor de cuyas tragedias fue su propia historia).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La posición crítica, en cambio (la filo/sófica, al entender de Sócrates y Kant, padres de la Ilustración y el pensamiento democrático antiguo y moderno, nada menos), se autojustifica absolutamente por ser, simplemente, el uso permanente e indefectible de la razón o el juicio. El criticismo procura, en lugar de la certeza dogmática o la indiferencia escéptica, la postura virtuosa (justamente intermedia o equilibrada) de la convicción, término que bien podría traducir, con rigor literal y etimológico, el vocablo griego que suele traducirse por “ciencia”: episteme (de epi-, sobre, y ístemi, poner), la opinión que se sobre/pone a las otras en la lucha por la verdad (o, como hemos sugerido, la validez crítica) porque pesa o piensa mucho más, aporta más razones o argumentos. No otra cosa que convicción, ni más ni menos, es realmente el producto de la ciencia y de cualquier saber humano concreto. Sólo que, en la íntegra concepción dialógica y crítica de la razón como vínculo esencial de humanidad, la convicción no puede ser monológica, sino que ha de mediarse en el diálogo para formarse y para acreditarse o corregirse, a fin de alcanzar la validez intersubjetiva, evitando la dialéctica trágica, tan bien analizada por Hegel, del “alma bella” engreída y encerrada en su buena conciencia (¿el “buenismo”?) pero suspicaz, maniquea y enfrentada con todas las demás (provocando la crispación que en realidad proyecta), lo que conduce a la guerra o el terrorismo revolucionario, como no reflexione y se convierta transmutando la pauta del conocimiento sectario en reconocimiento reconciliador.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;7) DIÁLOGO Y JUSTICIA. Qué fuera la justicia, en su distinción y relación con las normas legales variables, o como criterio de legitimidad de la variable legalidad positiva (puesto que la democracia supone un cambio de valores hacia lo que nos iguala) fue el tema central de la época en que nacía la democracia, como ocurre en nuestros días. La diferencia apuntada entre el socrático criticismo (universalismo de la verdad, legitimación dialógica de la validez) y el relativismo sofístico comporta dos nociones de justicia diferentes pero realmente arquetípicas, que se extienden y son reconocibles en nuestros días. Incongruentemente con las instituciones democráticas, la concepción mayoritaria de la justicia, de la que la sofística fue portavoz antes que propulsora (de ahí el duro juicio de Platón que supone su conocido mito de la caverna), no era sino la más rancia y aristocrática de la sociedad arcaica presuntamente superada: la justicia como la ley del más fuerte, es decir, la ley del dominio como complementaria de la ley del deseo, sin corrección o ajuste alguno ni respecto al bien del propio individuo (varado en la miopía del hedonismo) ni respecto al bien de la comunidad. Es decir: lo que nos igualaría, incongruentemente, sería la pura diferencia. Criterio moral que en realidad supone la negación de la justicia como ajuste y respeto a una legalidad objetiva, coherente e igualitaria o comunitaria y que conduce, jurídico-políticamente, a una actitud ambivalente ante la legalidad positiva, desde el pragmatismo hasta el cinismo maquiavélico. En realidad, Sócrates se contó entre los pocos atenienses cuya concepción de la justicia recogía el legado del nuevo valor (la igualdad) y la nueva virtud (la justicia como atenimiento a la ley legítima) que durante siglo y medio se desarrolló en Grecia hasta desembocar en la democracia, coherente con la noción normativa del lógos y del hombre como animal lógico, tal como no mucho después lo definiría expresamente Aristóteles.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Merece subrayarse, como insistiera Sócrates, que no puede haber justicia política sin justicia personal: la justicia, como atenimiento al lógos común, que nos comunica, con el que hemos de comunicarnos en el medio del diálogo, es a la vez virtud individual y colectiva: dia/lógica.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En pocas palabras, para no extendernos aquí más, sugeriremos un par de contraposiciones entre una concepción relativista e ilógica y otra propiamente dialógica, fijándonos no sólo en la experiencia griega sino también en nuestro presente. Frente a la “justicia” relativista o sofística del individualismo o particularismo, y lo que podría llamarse “derechismo” (consideración de cualquier capricho como derecho, con desconsideración de co-rrespondientes deberes, bajo el lema “lo justo es mi gusto”), la concepción crítica de la imparcialidad o co/rrección, tanto moral o personal como jurídico-política. Por otra parte, la justicia de la democracia dialógica se basaría en convicciones lógicas y legítimas (las universalizables a través del diálogo) y no en meras convenciones, lo que supone distinguir entre principios fundamentales (por ejemplo: constitucionales) y variables normas. Actualizando este valor a nuestro contemporáneo Estado democrático de Derecho, la equidad de una democracia dialógica, contraria a un igualitarismo ilógico y disolvente, defendería la clara distinción entre a) la igualdad en derechos fundamentales y b) la igualdad de oportunidades para acceder a derechos adquiribles por capacidad y mérito.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;8) DIÁLOGO Y DEMOCRACIA. La concepción y práctica de la democracia también ofrece una contraposición crítica (decisiva, antinómica) que puede identificarse tanto en la Grecia clásica como en nuestra democracia moderna, en coherencia con las posiciones referidas sobre la razón, el uso de la palabra y la justicia. Para la sofistería relativista de todos los tiempos, la democracia se reduciría a pura logomaquia (“discusión en que se atiende a las palabras y no al fondo del asunto”, según el DRAE): la posibilidad franqueada de imponer o hacer valer los intereses particulares mediante la persuasión demagógica y el mecanismo del voto. Se trataría de “ganar votos” o ganar dominio con el voto para las propias posiciones. Es lo que ya se llama en la literatura crítica política partidocracia, que conlleva sectarismo o separatismo contrario a la comunicación necesaria y pretendida por la palabra. En contraste con ello, pero en coherencia con la comprensión o filosofía crítica y dialógica que hemos expuesto, la democracia sería el gobierno, dictadura (pues todo gobierno manda y dicta) o imperio de la razón que todos compartimos, es decir: logocracia o, más precisamente, dialogocracia. Esto implica una concepción de la razón que no queda reducida y desvirtuada, como en en el relativismo sofístico, a mero cálculo y mera palabra, o más bien palabrería, como técnicas o estrategia (en tanto manipula a personas como si fueran cosas) para el éxito o el dominio logomáquico al servicio de un interés privado y hedonista. Al contrario, integra las otras dos significaciones, dimensiones y exigencias de la plena racionalidad: la legitimidad (más que legalidad positiva) y, sobre todo, la comunidad o comunión como criterio fundamental de justicia que rija la legalidad positiva.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La concepción de fondo que aquí está en juego es la de la sociedad y el Estado como organismo social o como mero contrato o agregación contingente, es decir: si se asume o no la noción comunitaria del lógos según la cual la lógica, la palabra y las leyes no simplemente nos conectan sino que expresan la interpenetración, compenetración, solidaridad (el hecho, reconocido o no, de estar sólidamente soldados e interdependientes) o comunidad esencial de todos los seres lógicos, lo cual supone la posibilidad de reconocer intereses comunes o armonizables de común acuerdo y no en lucha estratégica de unos contra otros. Esta concepción o su ausencia determinan valoraciones y actitudes muy distintas para la convivencia: la confianza o la suspicacia, la veracidad o la hipocresía, la cooperación solidaria o la contienda competitiva expresa o enmascarada. En realidad, esta concepción es el gran supuesto que condiciona todos los demás valores y dimensiones del lógos (razón, palabra, ley) y la interacción social. Es un hecho, y un hecho dramático, que la autoconciencia o autocomprensión de los individuos puede ser individualista y egocéntrica o universalista y comunitaria. Es el drama fundamental de la “insociable sociabilidad” humana, como decía Kant, que por eso entendía la ley moral como una integración del punto de vista universal (o una superación del egocentrismo).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero la concepción del hombre y su relación con la sociedad (solidaria o egocéntrica, comunitaria o individualista) depende en última instancia, en estas cuestiones práctico-morales, de si la concepción del bien del hombre es, o no, “lógica” o dialógica, es decir: si es, o no, co/rrecta y por tanto rige cada deseo por todos los demás deseos y así lo ordena; si racionaliza (logifica) el deseo. Sócrates y Platón, con su concepción dialógica del ser humano (“ser comunitario”, social o político, como precisaría después Aristóteles), cuestionaron como incorrecta la ecuación tan corriente entre bien y placer (hedonismo; de hedoné, placer) mediante un análisis tanto conceptual (no son equivalentes ni intercambiables, pues hay placeres malos y dolores buenos) como empírico (no es simplemente cierto o evidente que sea más feliz o esté mejor el que persigue su placer sin correctivo alguno), de modo que podría decirse que, si los gustos pueden ser particulares, el bien o es común (o comunicable) o no es bien, con lo que el hedonismo conflictivo y disolvente quedaría identificado como un falso valor y error práctico basado en el relativismo teórico.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una cuestión a discriminar, sin embargo, es si cabe señalar en concreto qué es el Bien o defender la verdad universal y objetiva de los diversos bienes de cuya imposición habría de encargarse, paternalista o autoritariamente, el Estado (como ocurría en la concepción platónica). La modernidad, con su valor añadido de la privacidad y los derechos y libertades subjetivos de los individuos, preconiza el pluralismo de bienes y valores, rechazando la imposición estatal de una única doctrina al respecto. Es decir, parece restringir el bien común a un conjunto de bienes y valores fundamentales o “mínimos” y llama a esto “justicia”. No obstante, los derechos o la justicia han ido extendiéndose hasta lo social y material y los teóricos de la justicia no dejan de ponderar el valor de la solidaridad, de modo que en parte se trata de una disputa semántica o/y un proceso (o progreso) de reconocimiento y convalidación dialógica del bien común. No en vano, como registra Habermas, a la ingerencia estatal totalitaria de los antiguos regímenes en todas las esferas de la vida está sucediendo en los Estados modernos un proceso en cierto sentido equivalente: la progresiva “juridización” de todas las esferas de la vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(A propósito: ¿no estarían hoy entre nosotros contraviniéndose los ideales del bien común, o la justicia o la solidaridad por el afán particularista de las Autonomías en el tema de la financiación del Estado?)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En cualquier caso, no se trata ya de que la democracia sea el imperio de la palabra sino de que la palabra es el medio prioritario e imperativo de la convivencia humana: ninguna tiranía se sostiene sin su concurso, aunque la degrade en engaño, pues la violencia es el recurso extremo y perentorio de la impotencia ideológica o dialógica (de ahí quizá la tolerancia de Kant con el despotismo ilustrado y su estrategia antirrevolucionaria de socavamiento crítico e ilustrado para deslegitimarla). De modo que quienes creen en el poder del discurso racional coherente y su implicación solidaria encuentran en la democracia el marco más idóneo para luchar por este reconocimiento y este consenso ideológico. Se trataría de convencernos, entonces, de modo progresivo, de que no hay que confundir con individualismo separatista la genuina auto/nomía (auto/normatividad) como recto sentido de la libertad o conjugación de libertad y ley: regirse por la propia conciencia o lógos (como sentido de lo co/rrecto).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El medio, pues, de llegar a un convencimiento a la vez propio y mutuo exige entender la palabra como diálogo y el diálogo no como disputa o contro/versia, sino como com/uni/cación o con/versación (estar todos dirigidos hacia la verdad de lo común-icante), bajo el presupuesto filo/sófico (propio de toda la tradición racionalista, en sentido amplio, de Occidente en oposición a la sofística) de que no hay conversación sin con/versión de todos y cada uno al único dictador legítimo para la dignidad de los seres humanos como seres lógicos: la razón misma o lógos, con todas las implicaciones de su concepto que arriba señalamos. No se trata de que uno “tenga razón” sino de que logre manifestarse la razón que nos tiene a todos. También cabe distinguir, en este orden de valores, que la partidocracia se orienta por el pactismo, mientras que la democracia dialógica funciona por la concordia o el com/promiso en el sentido etimológico de la palabra: el de la promesa mutua, la coherencia con las promesas y el prometerse, sobre todo, ante lo más digno: la ley fundamental que rige una democracia, la Constitución.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La auténtica democracia, en fin, no es simplemente el uso de la palabra y el razonamiento, sino el ejercicio o despliegue, a su través, de unos determinados valores. Los valores superiores en que se basa la democracia genuina o dialógica son la igualdad, la libertad y la solidaridad. Ahora bien, cada uno de ellos puede ser tergiversado si no se comprende desde la racionalidad dialógica a la que nos hemos ido refiriendo. Respecto a la igualdad, ya hemos hablado en el apartado sobre diálogo y justicia. Sobre la solidaridad cabría decir concisamente que constituye una exigencia “lógica” radicada en la acepción de la razón como lo común, y también hemos apuntado que el entendimiento de lo común como lo co/rrecto se aplicaría a cada individuo en tanto regule sus deseos por la razón, lo que descartaría el hedonismo al distinguir bien de placer. Sobre la libertad también hemos dicho ya que su comprensión racional la entiende como autonomía solidaria con la corrección común e incompatible con el individualismo. Por eso cabría notar que, desde la racionalidad crítica implicada en la noción central de “diálogo”, la fundamental libertad de expresión no debe ser confundida, como se suele, con “impresionismo” irreflexivo o con expresionismo emotivo que se permite la procacidad e incluso el insulto. A este respecto conviene recordar el aviso de Antonio Machado, en su Juan de Mairena, de que la libertad no consiste tanto en decir lo que se piensa como en pensar lo que se dice.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Más importante aún sería la diferencia, tocante a este valor de la libertad (o también igualdad, tan imbricados: se trata de la igualdad en libertades fundamentales), entre la concepción lógica del pluralismo (o tolerancia con la pluralidad) y la ilógica o antilógica propia del relativismo, que sólo puede sostenerse por la ingenuidad culpable de la irreflexión y por estar exento de la experiencia de sus deletéreas consecuencias desde la atalaya de una situación alejada o privilegiada al respecto de los temas en controversia (por ejemplo actual: la inmigración ilegal o la crisis económica). La primera recoge coherentemente las notas de reunión y legitimidad, limitando lógicamente la pluralidad a la legalidad o entendiendo el límite como delimitación y no ya sólo como constricción: no se debe tolerar a los intolerantes, so pena de que la propia palabra “tolerancia” pierda la significación que la justifica como valor, o de confundirla con la indiferencia y así hacerse superflua, como ha dicho recientemente Habermas (en Entre naturalismo y religión, Barcelona, Paidós, p. 309). Es decir: no se debe tolerar el crimen (término proveniente también de krinein, separar, a través de la alteración o metátesis silábica que también encontramos en su derivado “discriminación”, semejante a la de “examinar” con respecto al original “exanimar” o extraer el alma o sentido de algo), porque el criminal se separa de la comunidad y su ley. La segunda, en cambio, incurre en el insensato o irresponsable absurdo bien de un multiculturalismo indiscriminado o acrítico (confundiendo civilización y cultura o equiparando el valor de cualquier cultura o nacionalidad por el mero hecho de su existencia, sin distinción de bien y mal), bien de pretender, como ya apuntamos, un “diálogo con terroristas” nacional o internacional (tan imposible, por más que se quiera, si las palabras significan algo, como dialogar con una farola, por mucho que se le pueda, eso sí, hablar en estado ebrio o mentecato). Como ha expresado Habermas (en el mismo lugar, pg. 308), “no todos los grupos culturales… satisfacen en su construcción interna requisitos liberales”, por lo que más vale percatarse de que “si el Estado democrático no quiere autoinmolarse, tiene que comportarse de manera intolerante frente al enemigo de la Constitución” (ib., 258).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;9) DIÁLOGO Y MORAL. En consecuencia, la democracia genuina es diálogo permanente como fin y medio a la vez de la realización humana en tanto que es convivencia. Decir democracia es decir diálogo, como decir diálogo exige su institucionalización democrática. La democracia, pues, no es sólo un mecanismo pragmático para regular el conflicto inevitable en toda convivencia, sino el único sistema apropiado, moralmente antes que pragmáticamente, a la dignidad humana, que estriba en su racionalidad dialógica. Ahora bien, esto implica que la ciudadanía auténticamente democrática, como realización de nuestra racionalidad dialógica, supone la mayor de las exigencias para los seres humanos. Ya hemos aludido, a propósito de Sócrates, a las condiciones subjetivas y reflexivas del diálogo como reconocimiento intersubjetivo. Dialogar significa ante todo escuchar, escuchar la voz de la Razón en mí y en los otros, abrirse a lo otro, lo que significa ejercicio de altruismo, alteración y alternancia con el ensimismamiento. Ésta sería una condición moral de la democracia. Como postulaba Sócrates, sólo un buen ser humano podrá ser buen ciudadano y gobernante. En suma: la democracia es una exigencia moral para el animal dialógico, así como el diálogo es una exigencia moral de la democracia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Conviene una precisión al respecto, aunque sea en esquemático apunte: el diálogo democrático o la democracia dialógica supone madurez humana, el nivel moral superior de la autonomía, expresión máxima de la racionalidad como autoconciencia y autogobierno racional que supera la perspectiva egocéntrica y accede a la uni/versal o comunitaria, entre los tres estadios de evolución moral que ha distinguido L. Kohlberg y ha asumido uno de los más prestigiosos e influyentes pensadores contemporáneos, J. Habermas. El desarrollo moral diferenciado por Kohlberg está en interdependencia con la escala de desarrollo de la inteligencia, aunque éste sea una condición necesaria, y no suficiente, del desarrollo moral. De todos modos, es inquietante la evidencia de que la estadística no apuesta por la democracia: menos de la mitad de los humanos, escogidos entre los del primer mundo, desarrolla su potencial intelectual y moral hasta el nivel de la autonomía que se rige por principios y no por convenciones. Lo cual constituye un desafío moral y un reto político, bajo el supuesto de que la mayoría de los “políticos” estén interesados en la realización del bien y la justicia, y no en la manipulación demagógica de las masas. Se viene a la mente la pregunta de hasta qué punto hemos superado en España el dictamen de A. Machado: “En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por eso conviene insistir en que un diálogo, crítica o juicio no se realiza auténticamente si cada una de las partes o interlocutores no adopta simultánea y cooperativamente el papel del juez, y no de fiscal o abogado, es decir, el papel de meras partes. Esto es lo difícil y lo insólito en las conversaciones reales: evitar la tendencia inercial e inmediata a argumentar en pro o en contra de cualquier posición sin superar, como se debe, el horizonte horizontal de la confrontación elevándose a un punto de vista superior que concilie e integre las partes, ajustándolas y, normalmente, transformándolas por el ajuste en una posición nueva que da a cada una lo verdaderamente suyo, lo justo. Esto implica y exige la capacidad de reflexión, de cuestionar la propia posición de partida, de ponerse en el lugar del otro, de superar el egocentrismo y adoptar el punto de vista superior, el justo y lógico: el de lo universal e integrador. Sólo cuando falla este ejercicio de entendimiento y acuerdo entre los interlocutores es cuando se impone la necesidad de apelar a la instancia externa de la judicatura, de delegar en un árbitro o juez externo la visión correcta de las cosas. La institución judicial, pues, expresa e intenta subsanar nuestra falibilidad humana, sobre todo a nivel individual.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No obstante, parece el momento de plantear una cuestión crucial a todo este esfuerzo de clarificación: una cosa es dilucidar el significado de una palabra (“diálogo”, aquí sobre todo) y otra pretender que deba ser asumido como imperativo moral. ¿Por qué habría de ser así? Como respuesta, hablando de diálogo y de moral, se me ocurre sentar una tesis “mínima”: el único imperativo moral incuestionable para el animal dia-lógico que somos no es sino el imperativo lógico-lingüístico de “llamar a las cosas por su nombre”, el respeto a la palabra que nos cruzamos, el respeto a la semántica. Por ahí empieza y acaba todo en la comunicación con que los hombres realizan conjuntamente su vida. Así, aunque no se exhortara o censurara a nadie por la conducta que elija, de lo único que nadie puede librarse es de ser llamado como corresponde y enfrentarse a su conciencia propia: “haga ud. eso, si quiere; pero eso significa que no es ud. un hombre, un animal dialógico”, un “animal con lógos”, como dijera Aristóteles, o animal de palabra (en el pleno sentido de la palabra “palabra”, o lógos). La palabra (el lógos en su pleno sentido, que, como hemos mostrado, es dialógico) es lo que nos con/stituye y define a todos los humanos, la Constitución fundamental y cosmopolita de la humanidad como tal. Una tesis, quizá, de calaña socrática. Pues Sócrates no decía a nadie lo que debía pensar o hacer, sólo preguntaba, aunque llegaba a preguntar: “¿no te avergüenzas de preocuparte de cómo tendrás las mayores riquezas y la mayor fama y los mayores honores, y, en cambio, no te preocupas ni interesas por la inteligencia, la verdad y por cómo tu alma va a ser lo mejor posible?” (en la Apología de Sócrates, 29d-e, de Platón).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Merece ser traída aquí, de todos modos, otra “elemental” reflexión con que Habermas (premio Príncipe de Asturias invitado varias veces a impartir una conferencia en el Parlamento español) justifica hoy el imperativo moral desde el lenguaje mismo, como habrían pedido los sofistas, y no ya de la conciencia como concepto dudable. Reducida a dos palabras: el sólo hecho de tomar la palabra implica ya siempre una asunción o compromiso con la legalidad o normatividad que se cuestione, de modo que no se puede cuestionar sin incurrir en contradicción pragmática, más aún que teórica. En efecto, no se pueden negar (en un acto de habla) sin contradicción las diversas pretensiones de validez (verdad, rectitud, sinceridad) que dan sentido al lenguaje (y de las que la mentira es parasitaria). Argumento que, como todos, requiere reflexión y reconocimiento pero que, si se da esa condición, parece el más perspicaz e irrebasable; mejor: incontestable.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;10) DIÁLOGO Y EDUCACIÓN. La democracia es el régimen político propio de la mayoría de edad racional del hombre. Y de su mayoría de edad volitiva: como dice Kant en “Respuesta a la pregunta: ¿Qué es Ilustración?”, ejercer la propia racionalidad, atreverse a saber por uno mismo, tiene como obstáculos, añadidos a la madurez del entendimiento, “la pereza y la cobardía”; diríamos: el miedo a la libertad, es decir, a la responsabilidad. Lo cual podría, en realidad, considerarse una exégesis de la alegoría de la caverna de Platón. Las coacciones que impiden un auténtico diálogo, dice también Habermas, no son sólo externas sino también internas. Por eso la democracia exige lo mejor del hombre, la “formación” (Platón) o construcción de su forma de ser como tarea ética, que es el objetivo de la e/ducación. Así, el régimen más excelente exige de nosotros la excelencia (areté griega o virtud), que no es superioridad innata sino fruto de la superación personal. No es posible, pues, una democracia en forma, vigorosa, auténtica sin una educación pública adecuada, puesto que somos animales sociales (animales con lógos: esencialmente ligados y reunidos). La ahora llamada, entonces, “Educación para la ciudadanía” no puede reducirse a una materia específica, sino que debe referirse al conjunto de la educación. Ésta, pues, como suele decirse y no practicarse en nuestro contexto actual, debería organizarse como una cuestión de Estado, más acá de las disputas partidistas o ideológicas. Debe ser una educación para el diálogo (puesto que “somos diálogo”, como enunciara poéticamente Hörlderlin), nada más y nada menos, aunque ello resulta difícil si nuestros representantes políticos no lo ejercen porque ni saben qué significa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para terminar, una pregunta: ¿es posible una “educación en valores”, por ejemplo “el diálogo”, como algo separable del resto de la educación, si entendemos la racionalidad dialógica como aquí la hemos desplegado? Para el “problema de España”, precisamente “el particularismo” según “España invertebrada”, Ortega y Gasset recetaba, hace ya casi un siglo, “Europa”, es decir, ciencia, convencido de que la disciplina de la ciencia comporta los mismos valores que reclaman la moral y la política. ¿Cuál sería, en este sentido, el actual pulso de España? Sin comentarios. Sólo una frase: la base de la virtud política, decía ya Sócrates, es la moral; y la base de la moral es la ciencia como despliegue del lógos (diá-logo). Como ocurriera ya en Grecia. Otra cosa es engañarnos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8209383212286531843-1910675854557246691?l=examinandolavida.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://examinandolavida.blogspot.com/feeds/1910675854557246691/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://examinandolavida.blogspot.com/2010/02/dialogo-critico-y-ciudadania.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8209383212286531843/posts/default/1910675854557246691'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8209383212286531843/posts/default/1910675854557246691'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://examinandolavida.blogspot.com/2010/02/dialogo-critico-y-ciudadania.html' title='Diálogo crítico y ciudadanía'/><author><name>José Ramos Salguero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04148413292399732797</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_8gVFOWvXdc0/S2nCAuu2UdI/AAAAAAAAAAM/N4-7igfUwAU/S220/IMG_1270.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8209383212286531843.post-7041707333401345883</id><published>2010-02-10T00:42:00.007+01:00</published><updated>2010-02-22T07:42:59.359+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='aborto'/><title type='text'>La vida, ante todo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es la última de las convicciones a que he llegado. Pero, por su importancia objetiva y su actualidad polémica, es la primera que quiero compartir y exponer al diálogo. La vida es el marco fundamental para cualquier otro valor o problema; para cualquier vivencia (nunca mejor dicho y valga la redundancia). De ahí que cuente como el primero de los Derechos Humanos y de nuestra Constitución. Claro que este derecho no puede tener otro sentido que el de conservarla en cualquier ser vivo de la especie humana que ya la tenga, así como el deber de respetarla: ni los pensamientos ni los espectros son sujetos de derechos. Mi sucinta reflexión sobre este asunto, en que he intentado reunir los principales argumentos contra el aborto, ha sido publicada por la revista madrileña &lt;i&gt;Acontecimiento&lt;/i&gt;, órgano de expresión del Instituto E. Mounier (&lt;a href="http://www.mounier.org/"&gt;http://www.mounier.org/&lt;/a&gt;), pero como no sé aún colgar un pdf en el blog, os la transcribo aquí mismo. Creo que la trascendencia del asunto bien merece una revisión que convierta en juicio fundado los posibles prejuicios.&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;ABORTO, DERECHO Y FUERZA MORAL&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;José Ramos Salguero&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El hecho en que radican tanto la moral como el derecho (que es el mínimo común o social de la moral) es la existencia de seres que, al igual que nosotros, no son meros medios u obstáculos para la supervivencia, como los animales o las cosas. La justicia, moral o jurídica, es el respeto a la persona, incluso reflexivo, como precisó preclaramente I. Kant al formular el imperativo que late en la razón (o co-razón) de los hombres: “Obra de modo que trates siempre a la humanidad, tanto en tu propia persona como en la de otro, siempre al mismo tiempo como un fin y nunca sólo como un medio”. La justicia es la lógica limitación que posibilita la auténtica libertad de nuestro arbitrio; el deber que fundamenta que podamos invocar coherentemente ante los otros el derecho común, exigiendo que nos respeten en plano de igualdad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La contrariedad o disgusto que conlleva a veces el justo respeto moral es el precio que hemos de pagar por vivir una vida propiamente humana. No hay vida humana sin moral, ni moral sin autocontrol o sometimiento del gusto a la voluntad racional. Por lo demás, nuestra vida entera está llena de obstáculos y de ineludibles limitaciones y obligaciones. Nuestra salud integral estriba en la &lt;i&gt;responsabilidad &lt;/i&gt;ante ellos, que empieza por su &lt;i&gt;reconocimiento&lt;/i&gt;. Sólo que este reconocimiento no es sólo cuestión de &lt;i&gt;entendimiento &lt;/i&gt;sino también y aun antes de &lt;i&gt;voluntad &lt;/i&gt;(“no hay peor ciego que el no quiere ver”). En la medida en que nos &lt;i&gt;ajustamos &lt;/i&gt;a los diversos requerimientos de la vida, desplegamos la f&lt;i&gt;uerza moral&lt;/i&gt;, o fuerza práctica de la razón, para responder ante ellos. También en este punto ha sido preclara la enseñanza del gran filósofo moral de la modernidad, Kant: cuando sólo atendemos a la felicidad personal inmediata (egoísta, necia), desconsiderando el requerimiento de la virtud, cometemos la eutanasia (“muerte dulce”) de la moral. Al contrario, contra lo que suele temerse y aun enseñarse, es el afrontamiento lúcido, valiente y riguroso de lo debido lo que nos eleva, anima y fortalece moralmente, haciéndonos dignos de la felicidad. Lo contrario es decadencia o degeneración individual o colectiva. También Nietzsche lo señaló luego en atinadas sentencias: “cuando se tiene un porqué se puede soportar casi cualquier cómo”; “el hombre no busca la felicidad (sólo los ingleses lo hacen)”, sino la excelencia: una misión en que empeñar y hacer crecer sus potencias, una obra que valga la pena inevitable de toda vida, que la haga valiosa y memorable. En esa tarea, “lo que no me aniquila me fortalece”, así como “todo crecimiento se delata en la búsqueda de un adversario [o adversidad] potente”: la superación de sucesivos retos es la ley del progreso. Y, como dijera C. G. Jung, no son los acontecimientos los que les pasan a los hombres, sino al contrario.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La cuestión sobre la moralidad o/y la criminalidad del aborto (voluntario) depende decisivamente de si consideramos, o no, ser humano al feto humano. Si al unirse en el seno materno un óvulo con un esperamotozoide estamos ante un ser vivo de naturaleza humana (¡con su propio genoma humano!), entonces desde ese mismo momento inicial que llamamos zigoto tendríamos la responsabilidad de proteger su vida. Interrumpirla o abortarla (ab/orto: desde su inicio) voluntariamente sería homicidio, como se considera aún en la vigente ley que lo despenaliza en tres supuestos. Y asesinato, puesto que, sin eximente de defensa de la propia vida, añade el agravante de alevosía. Por ello incluso en caso de “grave enfermedad física o psíquica” de la madre (tercer supuesto despenalizado actualmente) sería (debería ser) un delito, a no ser que estemos dispuestos a despenalizar la matanza de los humanos que nos ponen enfermos (el jefe, enfermo, vecino o cuñado/a que nos resultan insufribles y merman nuestra salud o bienestar). En ese sentido, la nueva ley en ciernes se encamina a disolver la incoherencia lógica y jurídica de la vigente, obviando arteramente (pues sólo un perverso cinismo podría negarlo) que dentro de la madre haya ser humano que respetar y no hablando de “aborto” sino de “interrupción voluntaria del embarazo”. Ahora bien, esa inminente ley señala un plazo de unas cuantas semanas para considerar o no delito el aborto (aunque su diseño posibilita de nuevo que, hecha la ley, esté con ella hecha la trampa de eludir en cualquier caso el delito). ¿Cuál es el criterio, el límite, el fundamento objetivo para reconocer en el feto el ser o no ser humano y por tanto sujeto de derechos? Ninguno se aporta, por lo que tanto el número de semanas de gestación como la decisión abortista misma resultan absolutamente arbitrarios.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Será cuestión de falta de entendimiento o de falta de voluntad esta actual duda social e ignorancia legal sobre los límites de la identidad humana? Al cabo de milenios de dramática historia ¿no sabemos o no podemos acordar un criterio incontrovertible de humanidad, un sujeto inequívoco al que aplicar nuestra pomposa lista de Derechos Humanos? ¿De verdad que “no hay fundamento científico” para determinar si el feto que habita en un vientre humano es o no un ser de naturaleza humana, como ha dicho la ministra impulsora de esta ley? ¿O será que falta la recta y coherente intención de respetarlo aun en caso de embarazo personal, aprovechando su suprema indefensión? Si no hay recta voluntad, confundiremos u ocultaremos el entendimiento, no reconoceremos la humanidad del feto y querremos librarnos de la responsabilidad y el debido respeto sobre su vida. Pero resulta escandalosamente erróneo e injusto, por parcial, reducir a una situación subjetivamente embarazosa (hasta hablar de “derecho al aborto”: un círculo cuadrado) la situación objetiva de un embarazo, es decir, la objetiva responsabilidad ante la vida otro ser humano, que en su comienzo necesita más que nunca todo el respeto y apoyo individual y legal: el colmo más criminal y cobarde del individualismo egoísta. Ello sería no sólo reflejo sino también refuerzo de una actitud débil, decadente y degenerativa ante la vida, que no sólo elude llamar a las cosas por su nombre y asumir la propia responsabilidad, sino también las enormes posibilidades de la solidaridad social en su actitud positiva, valiente y &lt;i&gt;generosa &lt;/i&gt;(generativa frente a degenerativa) ante la vida, así como la alegría y engrandecimiento moral de quienes han superado generosamente la dificultad personal de un embarazo indeseado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si caemos en la tentación de consentir esta ley por debilidad de la voluntad, es decir, para evitar las embarazosas consecuencias de los embarazos indeseados (lo que puede que afecte a más de un 50% de la humanidad no por nacer sino incluso ya nacida), entonces estaremos negando de plano y con la más radical incoherencia el sentido mismo del derecho y la moral; es decir: de la vida &lt;i&gt;humana&lt;/i&gt;. En cualquier caso, se necesita el concurso cómplice de la oscuridad, omisión o confusión intelectual para cometer un desatino. Por eso, para prevenir el entuerto en la medida en que se trate de un problema de &lt;i&gt;discernimiento&lt;/i&gt;, propongo esclarecer la cuestión ateniéndonos a lo &lt;i&gt;elemental &lt;/i&gt;(es decir, lo simple y fundamental aunque a menudo desapercibido; inadvertido u olvidadizo, obviado por pura obviedad), al sentido (de lo) común que no necesita de científicos ni dudosos expertos. Y que, por supuesto, es una evidencia racional independiente de creencias religiosas, aunque se haya utilizado tendenciosa y demagógicamente este equívoco reproche a quienes se manifiestan antiabortistas. En esto, como en la mayoría de las cuestiones morales y jurídicas fundamentales, no se trata tanto de conocimiento cuanto de &lt;i&gt;reconocimiento&lt;/i&gt;. Así, considero originario, más que original, establecer como el requerido criterio absoluto de identificación la &lt;i&gt;clase &lt;/i&gt;o especie de un ser vivo, y de ningún modo su &lt;i&gt;grado&lt;/i&gt;, que en el caso humano es siempre relativo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En efecto, una vida humana, como toda vida, tiene un comienzo y un fin, y de principio  a fin es lo que es: una vida, es decir, un proceso de &lt;i&gt;desarrollo &lt;/i&gt;primero ascendente y luego descendente. En el caso de la vida humana, sin embargo, la mayor complejidad de su constitución y desarrollo puede hacernos perder de vista este punto de partida fundamental. Es decir, si nos fijamos, por ejemplo, en el carácter esencial de la conciencia y la autonomía en la vida humana, puede que los árboles nos impidan ver el bosque: que sólo consideremos digna de respeto la racionalidad plenamente consciente y responsable, y no sólo en lo intelectual sino también en lo moral. Ahora bien, ¿quién puede afirmar que se encuentra en la plenitud de sus facultades? ¿Quién podría llegar a ellas, en cualquier caso, sin un proceso de desarrollo y de solidaridad social (somos animales sociales; por eso una madre no puede abortar por sí misma, sin colaboración o complicidad)? y ¿quién tiene el derecho de dictaminar cuándo un animal humano es actual y plena o suficientemente persona (ser racional y moral)? Nadie. Entre principio y fin de la vida humana todo es relativo a circunstancias y responsabilidad personal, todo es gradual, admite grado, a veces casi imposible o ilegítimo de juzgar. El único criterio absoluto e indubitable que todos podemos compartir es el respeto a nuestra vida humana, a su clase o especie, a su genoma, presente desde el zigoto inicial; no a su calidad. De otro modo, abriríamos la puerta a cualquier arbitrariedad, injusticia, abuso y manipulación genésica o tanática, aunque con ello, por cierto, no abriríamos ni cerraríamos ningún libro: sólo escribiríamos otra página en la historia de la humanidad en tanto historia de la infamia y la iniquidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Malpensando o poniéndome en todo para eludir la irresponsable ingenuidad (“piensa mal y acertarás”), me pregunto por qué se quiere ahora una modificación tan sustancial en la consideración legal del aborto, cuando ya hay una ley que lo despenaliza generosa y desaforadamente. Y no puedo sino sospechar que uno de los espurios motivos de esta osada iniciativa es corregir un error con otro más grande, a saber: tapar el desastroso resultado de la información (que no formación) sexual de los últimos lustros. La estadística de adolescentes abortistas o con embarazos indeseados es espeluznante. No cabía esperar otra cosa del hecho de haber banalizado la sexualidad, reducida a un episodio superficial y descomprometido de mero placer corporal, segregándola del conjunto de la personalidad y las relaciones humanas en cuya integridad debe ser contemplada. Por lo demás, las leyes sancionan y guían, educan o deseducan. De llegarse a aprobar, esta ley, que comete la insolente temeridad de cambiar de principio mismo en cuanto a lo que es la vida humana, convertirá para generaciones futuras el aborto en un medio anticonceptivo más; como ya lo está siendo, pero ahora cegando y no dejando lugar a ningún cuestionamiento moral al respecto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nos jugamos en esto la salud de nuestra fuerza moral y su dinámica futura, porque se trata de valores fundamentales, &lt;i&gt;sagrados&lt;/i&gt;: los que hay que &lt;i&gt;segregar &lt;/i&gt;y poner aparte, con respeto absoluto, para mantener la vida saludable y evitar su degradación. La transgresión de estos límites esconde la trágica posibilidad de un camino de transgresión sin retorno. La pérdida de criterio en cuanto a lo que es vida humana y su debido respeto es un síntoma deplorable del patológico relativismo teórico propio de las sociedades permisivas, que evitan puerilmente toda contrariedad y, buscando absolutamente lo placentero, fomentan inevitablemente su contrario: la insatisfacción permanente y la violencia resultante de esta frustración crónica. La vida se degrada cuando se reduce (a) alguno de sus grados, por muy tolerado socialmente que pueda estar este atentado y por muy generalizado (en otros países) que pudiera estar este mal. La justicia y el respeto a lo sagrado no se deciden democráticamente, por mayoría o cantidad de votos, sino que fundamentan cualitativamente la democracia y la salud social. Como dijo Antonio Machado, “la verdad es lo que es y sigue siendo verdad aunque se piense al revés”.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8209383212286531843-7041707333401345883?l=examinandolavida.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://examinandolavida.blogspot.com/feeds/7041707333401345883/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://examinandolavida.blogspot.com/2010/02/la-vida-ante-todo.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8209383212286531843/posts/default/7041707333401345883'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8209383212286531843/posts/default/7041707333401345883'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://examinandolavida.blogspot.com/2010/02/la-vida-ante-todo.html' title='La vida, ante todo'/><author><name>José Ramos Salguero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04148413292399732797</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_8gVFOWvXdc0/S2nCAuu2UdI/AAAAAAAAAAM/N4-7igfUwAU/S220/IMG_1270.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8209383212286531843.post-2914100348738311907</id><published>2010-02-10T00:20:00.005+01:00</published><updated>2010-04-22T00:27:06.629+02:00</updated><title type='text'>Comunicando</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;"La precisa hace milagros". A remolque de la necesidad, pese a la desgana inicial, me presento hoy en la red cibernética, el cerebro informático planetario, como en su momento me avine a cambiar la máquina de teclear por el ordenador (había que preservar los dedos, conservar los bosques de donde sale el papel y, sobre todo, no despilfarrar el oro del tiempo). Entonces fue para no reescribir mil veces mi tesis doctoral. Hoy la necesidad es otra: la de comunicar las convicciones que he ido forjando y que sigo formando todavía sobre las cosas importantes de la vida, las que compartimos como humanos y como existentes actuales en nuestra particular circunstancia: España. Bajo la convicción y experiencia fundamental de que el mejor modo de llegar a convicciones es expresarlas, comunicarlas. Para quienes estén en su búsqueda, en cualquier etapa o recodo del camino (que se va haciendo al andar, como dijera Machado, don Antonio). Pues el que da recibe y "lo que no se da se pierde" (dice Dominique Lapièrre en &lt;i&gt;La ciudad de la alegría&lt;/i&gt;, aunque también lo sabía don Antonio: "la monedita del alma, se pierde si no se da"); y no estamos en la vida para perderla sino para ganarla. Hoy empieza mi diálogo con todos vosotros (todos vamos estando ya en la red cibernética, muchísimo más que en las Academias, las librerías o las hemerotecas: un sueño realizado para lanzar los sueños camino de la realidad). Bienhallados, amigos. En el diálogo auténtico que entreteje lo mejor de la humanidad.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8209383212286531843-2914100348738311907?l=examinandolavida.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://examinandolavida.blogspot.com/feeds/2914100348738311907/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://examinandolavida.blogspot.com/2010/02/comunicando.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8209383212286531843/posts/default/2914100348738311907'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8209383212286531843/posts/default/2914100348738311907'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://examinandolavida.blogspot.com/2010/02/comunicando.html' title='Comunicando'/><author><name>José Ramos Salguero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04148413292399732797</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/_8gVFOWvXdc0/S2nCAuu2UdI/AAAAAAAAAAM/N4-7igfUwAU/S220/IMG_1270.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
